Voz media US Voz.us

Un balance del primer y tumultuoso año de Trump 2.0

La forma más justa de hacer balance de este primer año sea, no tanto por peso y al bulto, sino revisando el grado de cumplimiento de lo que fueron sus promesas estrella durante la campaña de 2024.

Retrato Donald Trump en la Casa Blanca

Retrato Donald Trump en la Casa BlancaAFP

Parece que haya pasado mucho más tiempo, pero fue el 20 de enero de 2025 cuando Donald Trump tomaba posesión de la presidencia de los Estados Unidos por segunda vez. Y nosotros estamos como en aquellos memes del capitán Haddock y Tintín: "¡Menuda presidencia!... Capitán, ¡sólo llevamos un año!" Y es que ha sido un año cargado de acontecimientos y en el que Trump ha desplegado una actividad apabullante. Te gustará o lo aborrecerás, pero con él no hay sitio para el aburrimiento. Su propia personalidad y modos, sumado a que sabe que no podrá presentarse a la reelección, explican que Trump esté pisando fuerte el acelerador mientras que nosotros, pobres mortales, a duras penas podemos seguirle el ritmo.

El torbellino Trump empezó con aquellas inacabables firmas de órdenes ejecutivas pocas horas después de tomar posesión. De hecho, el presidente Donald Trump ha emitido más órdenes ejecutivas en este el primer año de su segundo mandato que durante todo su primer mandato. Pero quizás la forma más justa de hacer balance de este primer año sea, no tanto por peso y al bulto, sino revisando el grado de cumplimiento de lo que fueron sus promesas estrella durante la campaña de 2024.

Empezando por el control de la frontera, convertida en un coladero durante los años de la Administración Biden y que Trump prometió recuperar. La cuestión es para sus votantes prioritaria, pues implica cuestiones de soberanía, por supuesto, pero también de seguridad. Y en este campo el éxito ha sido muy notable. De hecho el número de personas cruzando ilegalmente la frontera con México se ha reducido en un 99 % con respecto al año anterior y el saldo migratorio ha sido negativo en los Estados Unidos por primera vez en 50 años. Las deportaciones de personas que habían entrado ilegalmente en el país han continuado a un ritmo constante, pero precisamente aquí encontramos uno de los puntos que la izquierda está usando para desgastar a Trump: las detenciones por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) han provocado situaciones de violencia, como la reciente actuación de estos agentes en Minneapolis que provocó la muerte de una mujer.

La economía también jugó un papel muy importante en las pasadas elecciones presidenciales. La inflación que Biden no pudo dominar fue un lastre para Kamala Harris. Trump prometió controlarla al tiempo que anunciaba una recuperación económica que los estadounidenses iban a notar en sus bolsillos. Y lo cierto es que la economía norteamericana invita al optimismo: se estima ha crecido un 4,3% en el cuarto trimestre de 2025 y la imposición de aranceles no parece haber afectado significativamente al crecimiento ni haber provocado el cataclismo económico que predijeron algunos de sus críticos. Trump generó mucha incertidumbre con sus anuncios maximalistas que luego se hacían más realistas a medida que se iban negociando, pero finalmente el impacto inflacionario no está siendo, al menos por el momento, el que muchos temían. De hecho, el déficit comercial se ha reducido drásticamente mientras que la inflación, que se ha estabilizado en torno al 2,7%, sigue siendo inferior a la registrada durante la administración Biden. Eso sí, diversos analistas señalan que no se están creando el número de puestos de trabajo acorde a las cifras de crecimiento y advierten de que el auge de la inteligencia artificial, que ha tenido un papel importante en dicho crecimiento, podría ser una burbuja. Probablemente los resultados de las elecciones midterm de noviembre de 2026, claves para que los republicanos sigan controlando las dos cámaras y permitan una gran libertad de acción a Trump, dependerán mucho de la marcha de la economía y de si esa mejora en el papel la notan lo suficiente los votantes en sus bolsillos.

Otra de las banderas de Trump fue la lucha contra el wokismo y la cultura de la cancelación, y aquí ha avanzado a pasos agigantados.en

Prohibiendo que los hombres biológicos participasen en competiciones deportivas femeninas, garantizando que los vestuarios, los baños y otras instalaciones privadas estén separados en función del sexo biológico y no de la identidad de género autoafirmada y lanzando toda una serie de medidas para impedir cirugías de cambio de sexo en menores. Creando también un grupo de trabajo sobre prejuicios anticristianos encargado de revisar y modificar las políticas federales de todos los departamentos y agencias federales que amenacen la libertad religiosa (como la ley de Biden que impide a las instituciones que se niegan a participar en reasignaciones de sexo participar en contratos federales). Trump firmó además una orden ejecutiva que define a la "mujer" como una «hembra humana adulta» y rechaza las definiciones basadas en la «identidad de género autoafirmada» a efectos de cualquier relación con la administración, revirtiendo lo establecido por Biden.

Si en la lucha contra el wokismo Trump ha dado la de cal, en lo que se refiere al frente pro-vida ha dado más bien la de arena. El idilio entre Trump y los pro-vida, que ya se enfrió durante la campaña presidencial, no ha dejado de erosionarse durante este primer año. Los primeros pasos de la administración Trump dejaron, no obstante, satisfechos a los pro-vida: se restableció la llamada “Política de la Ciudad de México”, que prohíbe la financiación de organizaciones extranjeras que promueven el aborto, y Trump respaldó la Enmienda Hyde, que prohíbe la financiación federal directa del aborto. El presidente también anunció planes para congelar millones de dólares de los contribuyentes destinados a Planned Parenthood, la multinacional del aborto. Además, indultó a 23 activistas pro-vida condenados por violar la Ley de Libertad de Acceso a las Entradas de las Clínicas. Pero lo que podría haber sido un idilio se trocó en desencuentro tras la orden ejecutiva de Trump de crear un plan para impulsar el acceso a la fecundación in vitro. La otra gran decepción ha sido la mifepristona, un medicamento abortivo que se puede comprar por correo: los pro-vida esperaban que Trump restringiera el acceso a este medicamento abortivo, responsable de alrededor de dos tercios de los abortos que tienen lugar en Estados Unidos, pero nada de eso ha sucedido. De este modo, la realidad es que es fácil saltarse las restricciones al aborto que determinados Estados impusieron tras la sentencia Dobbs. Las recientes declaraciones de Trump en el sentido de que hay que ser flexibles en la aplicación de la enmienda Hyde y las noticias de que el Departamento de Salud ha vuelto a destinar fondos a Planned Parenthood desde diciembre (y en consecuencia la ACLU ha retirado sus demandas contra la administración) no auguran una pronta reconciliación entre el movimiento pro-vida y un presidente Trump consciente de que, frente al extremismo de los demócratas, no tiene que esforzarse mucho para contentar a su base pro-vida.

La lucha contra el entramado dentro de la administración, el llamado Estado profundo, y en una telaraña de organizaciones que no responden a los votantes y tienen su agenda propia fue también una de las promesas de Trump. Esta cuestión, inicialmente responsabilidad de Elon Musk y su DOGE (Departamento de Eficiencia Gubernamental) pronto descarriló debido a disensiones entre Musk y Trump, que ahora parecen haberse reconciliado. Se han dado algunos pasos en la reforma de la administración, pero en este campo se ha avanzado mucho menos que en otros. Lo que sí ha tenido un fuerte impacto fue la congelación de los fondos federales destinados a financiar a una pléyade de organismos internacionales y ONGs. USAID se había convertido en la punta de lanza del colonialismo ideológico en los países en desarrollo, vinculando la ayuda económica al control de la población, la ideología de género y las agendas políticas de izquierda. En algunos casos pueden haber existido efectos negativos, pagando justos por pecadores, pero es innegable que las inmensas redes que promovían ese colonialismo ideológico a lo largo y ancho del planeta han quedado muy debilitadas por esta medida (aunque siempre les queda la UE para llegar al rescate).

Pero es la política internacional la que es responsabilidad total del presidente de los Estados Unidos, por lo que un balance de su primer año viene determinado en gran medida por su actuación en este ámbito. Aquí Trump saca buena nota… con grandes incógnitas sobre el resultado final. Si una idea tiene clara esta administración es que el gran rival es China y, en consecuencia, destinar esfuerzos a otros frentes no hace más que distraer de su objetivo prioritario. Con una excepción: el hemisferio occidental. Es lo que refleja el documento de Estrategia de Seguridad Nacional publicado a finales del mes de noviembre, un texto que hay que leer con atención para entender los pasos que da Trump en la arena internacional. Las dos primeras patatas calientes que tuvo que afrontar fueron las guerras de Ucrania y Gaza. La primera prometió resolverla en pocas semanas y aún sigue activa. Probablemente el error de Trump haya sido confiar demasiado en sus dotes de negociador sin sopesar bien los intereses de Putin, que no parece tener ningún interés por acabar con el conflicto. Si lo que parecía pan comido se ha saldado con un fracaso hasta el día de hoy, lo que parecía imposible se hizo realidad: la tregua entre Israel y Hamás promovida por Trump es una realidad, todo lo precaria que se quiera y con numerosas violaciones, pero objetivamente mejor que la guerra abierta.

Con el inicio de 2026 hemos asistido a una aceleración de las apuestas de Trump. La extracción de Maduro y la imposición de un plan de transición en Venezuela suponen un importante paso para acabar con un régimen que ha enviado a más de 8 millones de venezolanos al exilio. Consciente de que Estados Unidos no puede invadir el país sin enormes costes, se ha apostado por mantener en el poder a representantes del régimen dispuestos a realizar la deseada transición bajo tutela norteamericana. Una apuesta realista pero que puede torcerse en cualquier momento. Mientras tanto, el régimen castrista de Cuba parece ser el siguiente de la lista. Los otros dos frentes abiertos recientemente son mucho más complejos. Por un lado la insistencia en que Estados Unidos obtenga Groenlandia, una pretensión que está tensionando la relación de Estados Unidos con la Unión europea y que incluso pone en tela de juicio la existencia de la misma OTAN, por otro las protestas en Irán y la despiadada represión del régimen. Trump ha prometido ayuda a quienes quieren hacer caer el régimen, pero sus opciones reales, descartada una suicida intervención terrestre, son limitadas. Son pues muchos los frentes abiertos y pueden evolucionar positiva o negativamente. Lo que parece claro es que durante el segundo año de Trump 2.0 tampoco nos vamos a aburrir.

tracking