La energía de fusión debe nacer en Estados Unidos
Trump ha hecho de esta búsqueda una prioridad nacional no por ideología, sino por practicidad.

Reactor internacional ITER
Quizá desde Teddy Roosevelt no hemos tenido un presidente que piense tan a lo grande como Donald J Trump.
Desde su proyección del poderío militar para proteger nuestros intereses nacionales hasta su comprensión de cómo la nación más grande del planeta se impulsa con una economía compleja, el presidente Trump ha demostrado una apreciación única de lo que Estados Unidos debe hacer para mantener su liderazgo mundial.
Es por esa razón que ha asumido un papel de liderazgo silencioso pero estratégico en la promoción de la búsqueda de la energía de fusión, el mismo proceso que alimenta el sol y que podría literalmente proporcionar a la nación energía ilimitada en el futuro.
Aunque los científicos han sido capaces de crear energía de fusión en un laboratorio, aún queda mucho por hacer para hacerla comercialmente viable. Para un presidente que ha apostado su legado a la grandeza estadounidense, no hay logro estratégico más importante que garantizar que la fusión nazca en Estados Unidos. Trump ha hecho de esta búsqueda de energía una prioridad nacional, no por razones ideológicas, sino por razones profundamente prácticas.
"Unos Estados Unidos impulsados por la fusión serían energéticamente independientes de forma permanente".
Hay muchísimo en juego. China ha aumentado drásticamente su inversión en la investigación de la fusión, destinando miles de millones a programas respaldados por el Estado con un objetivo: superar a Estados Unidos en la entrega de energía de fusión comercial a su red eléctrica nacional. El país que logre la fusión en primer lugar no sólo resolverá sus propias necesidades energéticas, sino que tendrá la llave para alimentar nuestro mundo durante generaciones. Trump sabe que permitir que China llegue primero a la meta supondría una de las mayores renuncias geopolíticas de la historia de Estados Unidos. Es impensable.
La energía de fusión aporta una independencia energética total. Sin la OPEP y Oriente Medio como rehenes. Sin regímenes hostiles que estrangulen las rutas de suministro de petróleo y gas. Sin crisis de precios en los surtidores provocadas por algún grupo terrorista que ataca a los petroleros. Un EEUU impulsado por la fusión sería energéticamente independiente de forma permanente.
Trump tiene mucho entre manos, pero la energía de fusión es la mayor apuesta posible que puede hacer por el futuro del país y por un legado que sea relatado por los historiadores durante generaciones. La carrera ya está en marcha. Nuestra nación tiene que ganarla. La energía de fusión debe nacer en Estados Unidos.