Que empiece Israel y que ganen los iraníes
La estrategia en Oriente Medio no emana de los conceptos o la cultura occidentales, sino del dominio de la manipulación, incluso con independencia del equilibrio de poder.

Aviones de combate israelíes F-15 repostados por un Boeing 707 (Archivos)
El presidente de Estados Unidos Donald Trump ha hecho mucho por estabilizar Oriente Medio y apoyar Israel, pero al igual que durante la guerra de 12 días entre Irán e Israel en junio de 2025, es imperativo que Israel vuelva a hacer esta operación lo más solo que pueda. No sólo debe iniciarla e ir en primer lugar, sino que también debe seguir siendo el peso pesado y guiarla hasta el final.
En retrospectiva, se puede argumentar que habría sido mejor el verano pasado evitar que la "Operación León Naciente" se convirtiera en la "Operación Martillo de Medianoche", aunque gestionar la presión estadounidense para intervenir fue complicado. Y sin embargo, si la guerra hubiera requerido una semana más para que Israel la hubiera hecho sola en junio sin la participación de Estados Unidos, puede que hubiera sido menos elegante, menos eficiente y más arriesgada, pero probablemente hubiera sido no obstante eficaz.
¿Por qué defender que Israel iniciara la campaña, aunque voces de la derecha estadounidense -algunos de cuyos aislacionismos emanan cada vez más del antisemitismo- argumenten que "Israel empezó esta guerra, se empantanó y está sobrepasado, así que ahora deberíamos enredarnos por su culpa"? Esta mentalidad mal informada es sin duda una pesadilla, pero en estas circunstancias, la fidelidad a la claridad estratégica, que Israel posee, es más importante. La victoria puede llegar a venderse, pero el fracaso estratégico no. Una campaña larga, confusa y aparentemente interminable, estratégicamente a la deriva y cayendo en medias tintas periódicas para hacer frente a una amenaza estratégica enconada, no puede venderse.
Entonces, ¿en qué consiste esta claridad estratégica?
Hay que tener en cuenta que las guerras no se ganan sólo con el poder, ni siquiera con el poder unido a las agallas y la fuerza de voluntad, sino con la estrategia. A lo largo de la historia, Occidente ha producido grandes estrategas, pero es innegable que las élites políticas occidentales carecen de expertos en el arte de la estrategia. Aunque abundaran los estrategas, la estrategia empieza y termina con la cultura y la naturaleza política de las ideas que la conforman. Ningún pueblo en el mundo entiende mejor eso -y domina mejor el arte de la estrategia- que los iraníes. Los árabes les siguen de cerca, aunque a gran distancia.
La estrategia en Oriente Medio no emana de conceptos o culturas occidentales recientes, sino del dominio de la manipulación, incluso con independencia del equilibrio de poder. Ninguna acumulación de poder o clara demostración de la voluntad de utilizarlo impresiona a los más estrategas de Oriente Medio. De hecho, la suya es una política en la que la debilidad se impone a la fuerza y la brutalidad absolutas, como revela el texto político más importante de Oriente Medio, Las mil y una noches.
Sin embargo, el defecto fatal de estos conceptos de estrategia en Oriente Medio es la confianza en la coherencia y previsibilidad del adversario. Para manipular a un adversario, hay que saber leerlo. El antídoto para tal manipulación estratégica debe ser necesariamente mostrar incontrolabilidad. No hay mayor baza estratégica que Israel haya adquirido en la región que la imagen de estar un poco fuera de control -a saber, que Israel está poseído por los Jinn ("Genios", y se convierte en un "Majnoun") y extrae sangre fatal de sus enemigos. Cultivar la parálisis impuesta al adversario mediante tal imprevisibilidad es imperativo para restaurar el orden regional y establecer una disuasión a largo plazo.
Estados Unidos no es culturalmente experto en este tipo de disimulo y manipulación, ni se siente cómodo con la percepción de que está fuera de control. Todavía no ha habido ningún turista estadounidense, por muy cascarrabias que sea, que haya salido de un mercado de Oriente Medio con una buena oferta en una alfombra. A los occidentales les resulta tan extraña esta mentalidad general de Oriente Próximo, pero en el caso de Irán y otros islamistas (suníes y chiíes), tampoco pueden comprender la profundidad del mal que los anima.
Estados Unidos una vez lo hizo, pero Hitler y Stalin están demasiado lejos como para haber dejado cicatrices en los estadounidenses más jóvenes. El pueblo estadounidense es felizmente demasiado normal para conceptualizar la psicopatía regional reinante no sólo en Irán, sino con varios otros actores regionales prominentes informados por la ideología islamista y, tristemente, incluso algunas comunidades distorsionadas como los árabes palestinos. Hasta que las naciones occidentales no experimenten esa mentalidad de forma más generalizada, lo que pronto ocurrirá en Europa y finalmente en Estados Unidos, culturalmente no podrán comprender la naturaleza de a lo que se enfrentan y, por tanto, no podrán entender el concepto estratégico necesario para avanzar hacia la victoria y la estabilidad.
Como tal, es una suerte que Israel exista como el principal, más leal y más capaz aliado estadounidense en la región. Pero Washington debería confiar no sólo en la suerte de contar con un aliado tan fuerte, leal y dispuesto como Israel a hacer el trabajo pesado para todo el mundo civilizado, sino también en el hecho de que este aliado -a través de fracasos, dolor y sangre- ha grabado a fuego en su perspectiva toda la magnitud de ese mal y, por tanto, lo comprende mejor.
Para ser claros, Israel sigue luchando con este concepto. Ya había cometido graves errores con anterioridad (la mentalidad de "Oslo" de la década de 1990 y los atentados terroristas del 7 de octubre dirigidos por Hamás en 2023) por no comprender la enfermedad de la mentalidad islamista. Porque no sólo Israel, sino el propio judaísmo, no es una civilización revolucionaria y desestabilizadora. Es introvertida, busca la estabilidad y es reactiva. Y, sin embargo, Israel está ahora tan chamuscado por el fuego del islamismo que lo entiende a regañadientes... más o menos.
Mientras Israel lucha por ser un "Majnoun", Estados Unidos es incapaz en este momento, como cultura moderna y secular casada con un concepto de interés personal y material, de comprender la mentalidad apocalíptica islamista y cómo sólo teme al "Majnoun". Así pues, sólo Israel tiene capacidad, al menos parcial, para comprender el camino estratégico necesario.
Por supuesto, incluso si Israel ataca solo, es probable que Irán devuelva el golpe a Estados Unidos. Estados Unidos debe responder, pero en ese momento es imperativo dejar que Israel lleve esto hasta la victoria y no presionar entonces para golpear, parar e intentar negociar un alto el fuego. Washington debe dejar que su aliado gane. Y la victoria significa que no sólo los dirigentes de Irán sientan miedo antes de caer, sino que ese miedo debe proyectarse a otras amenazas potenciales. Otros que buscan la desaparición de Occidente en la región también deberían temer al Majnoun. Aunque dura, ésa es la realidad con la que uno se enfrenta a los islamistas apocalípticos chiíes y suníes.
JNS
Estados Unidos ofrece servicios de pasaporte a las comunidades de Judea y Samaria por primera vez
JNS (Jewish News Syndicate)
Hay otra comunidad que lo entiende bien y que está alineada con Israel y Estados Unidos: el pueblo iraní.
La esperanza reside en el poder de una nación iraní en ascenso, que también ha aprendido amargamente y ahora comprende a través del dolor y la sangre la naturaleza del monstruo con el que el mundo debe enfrentarse. Ellos también saben que esto debe llegar hasta el final. Ellos también saben, al igual que los israelíes, que no es posible ningún acuerdo o cese al fuego con ningún elemento de los actuales dirigentes del mal.
Esta guerra debe basarse en el entendimiento de que debe llevarse hasta el final. Y que Israel debe guiar y dar forma a la estrategia para lograr la victoria y sacudir a la región para que entienda que Jerusalén no puede ser manipulada, sino que debe ser respetada e incluso temida. Israel debe iniciar y hacer el trabajo principal tanto en fuerza militar como en concepto estratégico.
En otras palabras, que Israel empiece, y luego que gane él y el pueblo iraní.