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Los críticos de Trump se juegan mucho en el conflicto de Irán

Unidos por su hostilidad a Israel, el establishment 'progresista', los izquierdistas y los antisemitas de derechas esperan sacar provecho de un desastre. Pero podrían salir perjudicados.

Tucker Carlson en la conferencia AmericaFest (2025)

Tucker Carlson en la conferencia AmericaFest (2025)Oliver Touron/AFP.

Lo admitan o no, muchos se encuentran a favor de un resultado desastroso para Estados Unidos e Israel en el conflicto que comenzó el 28 de febrero, con los dos aliados atacando a dirigentes y objetivos militares de la República Islámica de Irán. Y no es exagerado reconocer que la variada coalición de opositores al presidente Donald Trump y al Estado judío se juega mucho en que sus predicciones fatalistas resulten acertadas.

Si lo son, entonces la extrema derecha del Partido Republicano, liderada por podcasters antisemitas como el ex presentador de Fox News Tucker Carlson, tiene una apertura que esperará utilizar para hacerse con el control del GOP. Un desastre en Irán también arreciará el viento en las velas de la base izquierdista interseccional del Partido Demócrata. Si eso ocurre, sus principales figuras, como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y la representante Alexandria Ocasio-Cortez, esperarán que eso signifique que su facción se encuentre en condiciones de nombrar al candidato presidencial de su partido para 2028.

Mientras tanto, los veteranos algo menos ideológicos de las presidencias de Obama y Biden, de los que la figura más prominente hoy sigue siendo la ex vicepresidenta Kamala Harris, y su sección de seguidores del cuerpo de prensa izquierdista también afirmarán que su creencia en el apaciguamiento de Teherán ha sido reivindicada.

Apuesta por la supervivencia del régimen

Tal resultado sería un panorama político no sólo sombrío para los conservadores y los partidarios de Trump. También podría ser un duro golpe para los últimos vestigios de lo que una vez fue un consenso bipartidista en apoyo de Israel que se extendía por todo el espectro político estadounidense. Eso se debe a que lo único que une a varios elementos de la suelta coalición antiguerra contra Irán es la hostilidad hacia el Estado de Israel, cuando no el odio descarado.

Sus suposiciones sobre el ataque se basan en la creencia en la resiliencia de un régimen terrorista malvado, unida a la convicción de que Trump se equivoca al profesar la importancia de la alianza entre EEUU e Israel. Están seguros de que, o bien la República islamista sobrevivirá, o bien su derrocamiento conducirá a un caos que perjudicará los intereses estadounidenses. Muchos de ellos también están convencidos de que, a pesar de las claras intenciones de Trump de evitar ese escenario, es probable que Estados Unidos quede empantanado en un conflicto interminable e infructuoso en Oriente Medio. De hecho, algunos cuentan con que se parezca a los de Afganistán, y aún más a Irak; citados ambos como probable precedente tanto por críticos anti-Trump de izquierda como de derecha. Y eso sin tener en cuenta que algunos en la base demócrata tienden a simpatizar con cualquiera que esté en guerra con Occidente.

"Un buen resultado abre la posibilidad de un futuro en el que ambos partidos se muevan en una dirección más razonable sobre Israel y Oriente Próximo".

La desilusión por esas guerras llevó al éxito de las facciones antibelicistas y jugó un papel importante en el ascenso del expresidente Barack Obama y luego de Trump. Si ese escenario se repite, podría resultar en la captura de los dos principales partidos políticos por extremistas que no tienen nada en común salvo su deseo de abandonar a Israel a su suerte en una región todavía dominada por islamistas genocidas. También podría repercutir en el flujo y el precio del petróleo. Y eso podría provocar un aumento del precio de la gasolina en Estados Unidos y perjudicar a los republicanos en las elecciones de mitad de mandato, lo que llevaría a dos años de control demócrata del Congreso que lastrarían lo que quedaba de la presidencia de Trump.

Por supuesto, existe la posibilidad de que tengan razón y de que el Gobierno iraní -o lo que queda después de que un ataque tras otro hayan decapitado a sus dirigentes- acabe imponiéndose de una forma u otra. De ser así, sería sólo otro ejemplo de un segundo mandato presidencial que se deshizo por un error de juicio en política exterior.

Pensar como Jamenei y Sinwar

Pero también es posible, si no muy probable, que estén citando el precedente equivocado cuando hablan de otro Irak. Podrían estar cometiendo el mismo error que otros, al subestimar la astucia y el liderazgo de Trump. También podrían estar canalizando el mismo catastrófico error de aquellos que asumieron que Israel estaba maduro para el colapso en 2023.

El último ayatolá, Ali Jamenei, y el alto dirigente de Hamás Yahya Sinwar nunca imaginaron que la guerra que lanzaron el 7 de Octubre, con atrocidades indescriptibles y la mayor masacre de judíos desde el Holocausto, acabaría como ha acabado. Ellos dos han muerto, además de muchos de sus socios y seguidores; el movimiento islamista ha sufrido importantes derrotas en Gaza y Líbano, en Siria, con la caída del dictador Bashar Assad, y ahora, en Irán. Israel fue sacudido por esa invasión sorpresa, pero se recuperó y está en una posición estratégica mucho más fuerte que hace 29 meses.

Un éxito en Irán, que podría suponer la caída del régimen islamista así como un mayor debilitamiento de sus aliados en la región, sería igual de significativo en la política estadounidense.

Dado que los combates pueden prolongarse, como ha indicado Trump, durante semanas, las predicciones sobre cómo acabarán son, en el mejor de los casos, prematuras.

Dado que Trump es consciente de los precedentes de Afganistán e Irak, nunca aceptará una invasión terrestre estadounidense; lo que siga a estos ataques dependerá de las acciones del pueblo iraní tanto como de los ejércitos estadounidense e israelí. Todavía no sabemos si los disidentes iraníes -ya sean los internos del régimen o los que se han manifestado en las calles contra los teócratas tiránicos- pueden aprovechar la oportunidad que les ha dado el republicano.

Incluso si no pueden, unas pocas semanas de golpes de estos dos potentes ejércitos no dejarán de tener efecto. Aunque los islamistas no caigan, Washington podrá asegurar el flujo de petróleo del Golfo Pérsico, pase lo que pase en Teherán. Eso probablemente dejaría al régimen en una posición en la que su capacidad para infligir daño a la región se vería gravemente mermada.

Eso, a su vez, debilitaría mucho a sus aliados en Gaza, Líbano y Yemen. Y daría a Trump el margen de maniobra que también podría llevar a mejores resultados en Gaza, donde Hamás resiste, así como a un mayor debilitamiento de Hezbolá en Líbano. Esta última organización terrorista disparó contra Israel durante el segundo día de guerra, pero la reacción del Gobierno libanés ante la perspectiva de verse arrastrado a la guerra en defensa del régimen iraní podría indicar que la era en la que Hezbolá domina ese país puede estar a punto de terminar. Lejos de que la guerra se extienda, un Teherán debilitado y sin capacidad para infligir más caos no haría sino fortalecer a aliados de Estados Unidos como Israel y Arabia Saudí, y abriría la posibilidad de ampliar los Acuerdos de Abraham de 2020 de Trump.

Aunque las elecciones estadounidenses están determinadas por cuestiones económicas mucho más que por lo que ocurra en el extranjero, los escenarios en los que Trump se beneficia de su decisión sobre Irán parecen más realistas que los que predicen el desastre.

Desenmascarando a Carlson y Vance

De hecho, cualquier resolución que no sea un desastre en Irán perjudicará significativamente a los críticos de derechas de Trump. Carlson y otros podcasters extremistas que han estado difundiendo tropos antisemitas sobre Israel arrastrando a Estados Unidos a la guerra, y desprestigiando al Estado judío y a sus partidarios, han estado hablando como si este fuera su momento.

Carlson ha ignorado las exigencias de Trump de que abandone su campaña antisemita, en cambio redoblando la apuesta. Su descripción de la decisión del presidente como "absolutamente repugnante y malvada", prediciendo que "barajará las cartas de manera significativa" -presumiblemente, a su favor-presagia una ruptura total con Trump.

En pocas palabras, después de esto, el expresentador no puede pretender que simplemente está tratando de empujar al mandatario hacia una dirección distinta. Ahora se ha unido a la resistencia anti-Trump.

Tiene mucha compañía allí. Más que eso, su suposición de que se encuentra hablando en nombre de las bases del Partido Republicano puede estar a punto de quedar expuesta como una gran mentira. Hasta la fecha, no hay pruebas de que Carlson hable en nombre de un movimiento político genuino -ni el resto del cuerpo de podcasters de derechas antiisraelíes y antisemitas, incluidos la cada vez más fanática Candace Owens, el groyper neonazi Nick Fuentes y su otrora aliado de la corriente principal, la personalidad mediática Megyn Kelly-.

Estos comentaristas políticos pueden tener muchos espectadores y oyentes, pero ¿cuántos de ellos son bots, cuántos votantes de las primarias republicanas? A diferencia de la izquierda, no hay indicios de que en 2027 vaya a haber un Squad derechista de antisemitas que haga causa común con las docenas de progresistas que odian a Israel y se coaligan con los demócratas.

Cualquier conclusión distinta a un fiasco estilo Irak en Irán, que Trump deliberadamente se encuentra intentando evitar, expondrá a este segmento del movimiento MAGA como una facción políticamente marginal -a diferencia de los antisemitas en la izquierda-.

Eso también podría socavar las perspectivas del vicepresidente JD Vance, cuya enorme ventaja para la nominación presidencial del GOP en 2028 podría disminuir si no se desvincula pronto de Carlson. Entonces abriría, quizás, la posibilidad de que el secretario de Estado, Marco Rubio, se meta en una carrera en la que ahora dice que no participará. Rubio se ha hecho mucho más visible y aparentemente cercano a Trump en los últimos meses, a medida que las cuestiones de política exterior relacionadas con Venezuela, las relaciones con los aliados europeos, la Junta de la Paz para ayudar a reconstruir Gaza y el conflicto con Irán han dominado la actualidad. Un buen resultado -o uno distinto, al menos, al de Irak- le convierte en la figura más importante de la Administración que no se llama Trump.

Lo que se juega la izquierda

El fortalecimiento de Israel como consecuencia de los acontecimientos en Irán también podría afectar a los demócratas.

Nada -ni siquiera el colapso de un régimen terrorista en Irán- convencerá a los que odian a Trump de que el presidente tiene razón en algo. Están ideológica y temperamentalmente comprometidos a resistir al presidente, en lugar de ser una oposición leal. La base izquierdista de los demócratas también está casada con ideas tóxicas, izquierdistas y neomarxistas que les han convencido de la grand mentira de Israel -y sus partidarios judíos- como opresor blanco. También lleva a algunos a simpatizar con terroristas islamistas como el régimen iraní y Hamás, o al menos a oponerse a que se actúe contra ellos.

Con lo que no cuentan es con una transformación de Oriente Próximo en la que los islamistas antiisraelíes y otros extremistas ya no puedan reforzar la centenaria guerra inútil de los palestinos contra el Estado judío. Eso no silenciará a los que odian a Israel, que proliferan en los principales medios de comunicación liberales y en otros sectores de la sociedad. Pero facilitará que surja en 2028 una fuerza contraria de moderados que, como mínimo, no quieren apoyar una guerra genocida contra Israel para empañar aún más la marca de los demócratas. Si la guerra en Irán hace menos probable un conflicto en el futuro, eso expone y debilita a los izquierdistas que se han volcado en el ataque a Israel y ayuda a los que quieren hablar de otros temas.

Esta facción no estará tan de acuerdo con Trump sobre Oriente Medio como el senador demócrata John Fetterman, ni probablemente nominará a un ardiente partidario de Jerusalén. Pero disminuirá aún más la influencia de los exalumnos de la Administración Obama y de los críticos izquierdistas de Israel, que durante las últimas cuatro décadas se han equivocado en absolutamente todo en relación al Estado judío.

Un buen resultado abre la posibilidad de un futuro en el que ambos partidos avancen en una dirección más razonable sobre Israel y Oriente Próximo, y perjudica las perspectivas de los extremistas que comparten una predilección por el antisemitismo.

Puede haber mucho que temer en los próximos días y semanas mientras el régimen herido trata de arremeter y, como ya ha hecho, matar a estadounidenses, israelíes, residentes de los Estados del Golfo y a cualquier al que pueda llegar con sus misiles.

Aun así, lo que no están teniendo en cuenta quienes apuestan por un desastre en Irán es la posibilidad de que los agudos instintos de Trump para saber cuándo atacar y su buen juicio a la hora de defender los intereses estadounidenses frente a sus enemigos sean en realidad un éxito político para él... y una derrota tanto para sus oponentes de izquierdas como de derechas.

Jonathan S. Tobin es director de JNS (Jewish News Syndicate).

© JNS

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