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Objetivo GAESA: la batalla por desmontar el poder económico del castrismo

Washington intensifica la presión sobre el conglomerado militar que domina sectores estratégicos de la economía cubana, mientras crece el escrutinio internacional sobre su estructura y funcionamiento.

La bandera cubana ondea en el Malecón de La Habana, con el Capitolio al fondo (Files)

La bandera cubana ondea en el Malecón de La Habana, con el Capitolio al fondo (Files)AFP

Diane Hernández
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Durante décadas, el debate sobre Cuba se centró en el embargo, las sanciones o la falta de reformas económicas. Sin embargo, las investigaciones periodísticas, informes de expertos y las recientes sanciones estadounidenses han desplazado el foco hacia un actor que muchos consideran el verdadero núcleo del poder económico del régimen: GAESA

La estrategia impulsada por el secretario de Estado, Marco Rubio, parte de una premisa clara: mientras ese conglomerado permanezca intacto, cualquier apertura económica terminará fortaleciendo a la élite militar antes que al pueblo cubano.

GAESA: el Estado dentro del Estado

No aparece en las papeletas electorales. No participa en los debates públicos. No presenta balances financieros auditados ni rinde cuentas ante el Parlamento cubano. Sin embargo, su influencia sobre la economía nacional supera ampliamente la de cualquier ministerio.

El Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), controlado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias, se ha convertido durante años en el principal conglomerado empresarial de Cuba, con presencia en sectores estratégicos como el turismo, las finanzas, el comercio exterior, la logística portuaria, las remesas, las zonas francas, el comercio minorista y buena parte de la infraestructura inmobiliaria del país. Diversos estudios estiman que controla entre el 40 % y una parte sustancial de la economía cubana, aunque no existen cifras oficiales transparentes.

Para numerosos analistas, GAESA terminó evolucionando hacia un auténtico "Estado dentro del Estado", con autonomía financiera y capacidad para concentrar recursos sin mecanismos independientes de fiscalización.

La nueva estrategia de Washington: dejar de sancionar símbolos y atacar el corazón financiero

La Administración Trump ha modificado significativamente su aproximación.

En lugar de limitarse a sancionar funcionarios individuales, la estrategia promovida por Marco Rubio apunta directamente al entramado empresarial que sostiene financieramente al régimen.

En mayo de 2026 Washington anunció sanciones directas contra GAESA, su presidenta ejecutiva y empresas vinculadas al sector minero. Posteriormente, en junio, amplió las medidas contra entidades financieras y logísticas relacionadas con el conglomerado, incluyendo Rafin, Banco Financiero Internacional y Almacenes Universales.

Rubio justificó la medida señalando que el objetivo es impedir que las divisas generadas por el turismo, la inversión extranjera o las exportaciones continúen alimentando las estructuras de poder del régimen en lugar de beneficiar a la población.

"El corazón del sistema cleptocrático"

En sus declaraciones públicas, Marco Rubio ha descrito a GAESA como "el corazón del sistema comunista cleptocrático de Cuba", acusándolo de concentrar la riqueza nacional mientras la población enfrenta apagones, escasez de alimentos, medicamentos y combustible.

​La narrativa estadounidense sostiene que las ganancias provenientes del turismo internacional, las cadenas hoteleras, las remesas y numerosos negocios estratégicos no ingresan de forma transparente al presupuesto del Estado, sino que terminan administradas por un reducido círculo militar.

​Es precisamente esa estructura la que Washington pretende debilitar.

Las investigaciones que cambiaron la conversación

Durante los últimos años, numerosas investigaciones periodísticas y trabajos académicos han ido documentando la expansión de GAESA.

Los reportajes han mostrado cómo el conglomerado fue extendiendo su influencia desde el sector turístico hacia prácticamente todas las actividades capaces de generar divisas.

Hoteles, puertos, aeropuertos, bancos, inmobiliarias, importadoras, tiendas en moneda fuerte, empresas financieras y cadenas logísticas pasaron progresivamente a depender de estructuras administradas por el holding militar.

Para muchos especialistas, esta concentración económica terminó desplazando incluso a ministerios civiles, convirtiendo a GAESA en el verdadero administrador del flujo de divisas de la isla.

La economía cubana bajo un monopolio militar

Los críticos del modelo sostienen que uno de los mayores problemas estructurales de Cuba no radica únicamente en las sanciones internacionales, sino en la enorme concentración económica.

Cuando prácticamente todos los sectores rentables responden a una misma estructura empresarial vinculada al aparato militar, desaparecen los incentivos para la competencia, la innovación y la transparencia.

Los beneficios quedan altamente centralizados mientras el sector privado continúa enfrentando restricciones para acceder a importaciones, financiamiento o mercados internacionales.

Ese modelo, afirman diversos economistas, limita la capacidad de crecimiento de la economía nacional y reduce las posibilidades de desarrollo de pequeñas y medianas empresas independientes.

Las sanciones ya producen efectos

Las nuevas medidas estadounidenses ya han comenzado a impactar el entorno empresarial.

​Algunas compañías internacionales han revisado sus operaciones en Cuba tras el endurecimiento de las sanciones, especialmente aquellas con vínculos comerciales con entidades relacionadas con GAESA. Reuters informó de que cadenas hoteleras y otros operadores modificaron o redujeron su presencia debido al nuevo marco sancionador y al riesgo para empresas que mantengan relaciones con entidades designadas.

​Washington ha advertido además de que las empresas extranjeras que proporcionen apoyo material significativo a entidades sancionadas pueden exponerse a medidas adicionales bajo el nuevo régimen de sanciones.

La gran incógnita

La apuesta de Marco Rubio parte de una tesis sencilla: sin los ingresos administrados por GAESA, el régimen perdería buena parte de su capacidad financiera y de control económico.

Sus detractores, en cambio, sostienen que un endurecimiento de las sanciones puede agravar aún más la crisis económica y humanitaria que enfrenta la población cubana, afectando también la inversión extranjera y sectores como el turismo.

El debate, por tanto, ya no gira únicamente en torno al embargo o las reformas. Se centra en una pregunta de fondo: ¿es posible transformar la economía cubana sin desmontar antes el entramado empresarial que concentra buena parte de las divisas y de los sectores estratégicos del país?

Más allá del debate político, el nombre de GAESA ha dejado de ser conocido solo por especialistas para situarse en el centro de la discusión sobre el futuro de Cuba. La estrategia impulsada por Rubio busca golpear el núcleo financiero del sistema, bajo la convicción de que el conglomerado militar constituye el principal sostén económico del régimen. 

Si esa estrategia logrará debilitar el poder de la élite gobernante o, por el contrario, profundizará las dificultades económicas de la población, es una cuestión abierta. Lo que parece indiscutible es que el foco internacional se ha desplazado: de las consignas ideológicas al entramado empresarial que concentra una parte decisiva de los recursos de la isla.

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