Cuba se queda sin turistas: la caída del 58% en las visitas agrava la crisis de divisas y expone el caos
El turismo internacional se desploma en la isla mientras los apagones, la escasez de combustible y la pérdida de conectividad golpean uno de los principales motores económicos del país y mantienen a la población al borde de la sobrevivencia.

Las personas conviven con montones de basura en medio de la ciudad de La Habana (Archivo)
La crisis económica que atraviesa Cuba sumó una nueva señal de deterioro en 2026. Entre enero y mayo, la isla recibió apenas 359.491 visitantes internacionales, una cifra que representa una caída del 58,4% respecto al mismo período del año anterior y confirma el profundo retroceso de una de las principales fuentes de ingreso de divisas del país.
Los datos de la estatal Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), reflejan una situación crítica para un sector que durante décadas fue presentado por las autoridades del régimen como uno de los pilares de la economía nacional y una herramienta clave para impulsar la recuperación tras años de recesión.
Solo en mayo ingresaron a Cuba 30.883 turistas extranjeros, un volumen muy inferior al registrado en años anteriores y que evidencia el deterioro sostenido de la actividad turística.
Caída generalizada en los principales mercados
El retroceso afecta a prácticamente todos los países emisores de turistas.
Canadá, históricamente el principal mercado para el turismo cubano, aportó 126.239 viajeros durante los primeros cinco meses del año. Estados Unidos registró 25.572 visitantes y Rusia, otro mercado que había ganado relevancia en los últimos años, sumó apenas 21.136 turistas.
Los tres países experimentaron fuertes descensos respecto a 2025, una tendencia que también se replicó en el resto de los mercados emisores, donde las caídas oscilaron entre el 50% y el 70%.
La reducción también alcanzó a los cubanos residentes en el exterior. Entre enero y mayo llegaron 60.874 personas pertenecientes a este segmento, un 39% menos que durante el mismo período del año pasado.
Hoteles casi vacíos
La menor llegada de visitantes tuvo un impacto directo en la ocupación hotelera.
Durante el primer trimestre de 2026, la utilización de habitaciones se ubicó en apenas 12,9%, uno de los niveles más bajos registrados en décadas. El dato refleja la magnitud de la crisis que enfrenta una infraestructura turística construida para recibir millones de visitantes cada año.
La situación resulta especialmente preocupante si se considera que Cuba llegó a recibir 4,6 millones de turistas en 2018 y 4,2 millones en 2019. En contraste, durante 2025 apenas logró superar los 1,8 millones de visitantes extranjeros, muy lejos de las metas oficiales, reflejan los datos.
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Apagones y combustible: el otro rostro de la crisis
Detrás del desplome turístico aparece un factor cada vez más determinante: la crisis energética.
La escasez de combustible y las constantes averías en el sistema eléctrico nacional han provocado la cancelación de rutas aéreas, dificultades operativas para hoteles y servicios turísticos, así como una creciente percepción de inestabilidad entre los potenciales visitantes.
La situación continúa deteriorándose. Según datos de la estatal Unión Eléctrica (UNE), más del 60% del territorio cubano permanecerá afectado por apagones durante los horarios de máxima demanda.
Para cubrir una demanda estimada de 3.100 megavatios, el sistema apenas dispone de 1.215 MW de generación efectiva, lo que genera déficits cercanos a los 2.000 MW.
Actualmente permanecen fuera de servicio varias unidades termoeléctricas por averías o mantenimiento, mientras más de un centenar de centrales de generación distribuida no pueden operar por falta de combustible. A ello se suman las limitaciones de las plantas flotantes y centrales de fuel oil que también han dejado de aportar energía al sistema.
Un impacto que trasciende al turismo
Los prolongados cortes eléctricos han golpeado la producción industrial, el abastecimiento de agua y cualquier actividad cotidiana de la población. En La Habana, por ejemplo, la fabricación de hostias para las celebraciones católicas se ha visto seriamente limitada debido a la imposibilidad de mantener durante varias horas continuas el funcionamiento de los equipos necesarios para su elaboración.
La situación ha obligado a las autoridades eclesiásticas a racionalizar la distribución para garantizar el suministro a las distintas diócesis del país.
Eso, por solo poner un ejemplo de las tantas limitaciones con las que hoy viven los ciudadanos cubanos.
Cuba pierde terreno frente al Caribe
Mientras Cuba enfrenta uno de los peores momentos de su industria turística, otros destinos del Caribe continúan consolidando su recuperación.
Centros vacacionales como Punta Cana, en República Dominicana, y Cancún, en México, mantienen elevados niveles de ocupación y demanda internacional, impulsados por una mayor conectividad aérea, estabilidad operativa e inversiones en infraestructura.
La diferencia refleja la creciente dificultad de Cuba para competir en el mercado turístico regional en medio de una crisis económica, energética y logística cada vez más profunda.
Menos divisas y más presión social
El desplome del turismo representa un duro golpe para una economía que depende de manera creciente de la entrada de divisas provenientes del sector turístico, las remesas y la exportación de servicios profesionales.
La reducción de visitantes implica menos ingresos para hoteles, restaurantes, transporte, comercios y para el propio régimen, en momentos en que el país enfrenta escasez de combustible, inflación, problemas de abastecimiento y una crisis eléctrica sin precedentes.
Al mismo tiempo, el malestar social continúa creciendo. Los cacerolazos y protestas vecinales se han vuelto más frecuentes en distintas localidades de la isla, donde las demandas por electricidad, agua y mejores condiciones de vida se multiplican al ritmo de los apagones.
Con hoteles semivacíos, una infraestructura energética colapsada y una economía necesitada de divisas, Cuba enfrenta uno de los escenarios más complejos de las últimas décadas, sin señales claras de recuperación en el corto plazo.