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Los antisemitas intentan apropiarse del legado de Charlie Kirk

Las afirmaciones de que el activista se había vuelto contra Israel y las teorías conspirativas sobre su muerte forman parte de una campaña para legitimar el odio a los judíos, no para defender la libertad de expresión.

Homenaje a Charlie Kirk

Homenaje a Charlie KirkZUMAPRESS.com/Cordon Press.

Resulta que Charlie Kirk fue una de esas figuras seminales de nuestra cultura y política cuyo impacto será mayor en muerte que en vida. En las dos semanas transcurridas desde su asesinato en la Universidad de Utah Valley, la magnitud de la reacción a su fallecimiento probablemente sorprendió a muchos de sus oponentes políticos, así como a algunos de sus admiradores.

La enorme efusión de emociones de la derecha política en respuesta a su espantoso asesinato sólo fue igualada por el vitriolo lanzado contra su memoria por parte de algunos de la izquierda.

Eso, a su vez, alimentó una reacción que ha costado algunos puestos de trabajo, como el de la columnista del Washington Post Karen Attiah. También puso en jaque al presentador del late-night comedy show de la ABC Jimmy Kimmel, quien fue apartado del aire durante una semana. Estos dos individuos, junto con muchos otros, fueron no sólo insensibles, sino que, desde sus posiciones prominentes, difundieron información errónea sobre Kirk y el asesinato. Su destino y la forma en que otros que publicaron su desprecio por la víctima en redes sociales han sido señalados para el oprobio ha creado una segunda reacción, esta vez procedente de la izquierda, que se queja de la forma en que la ola de dolor ha puesto en tela de juicio los derechos de libertad de expresión de los oponentes políticos de Kirk.

Tolerancia con el antisemitismo

Incluso cuando la batalla por el legado del asesinado activista se ha convertido en la pieza central de una edición renovada y aún más amarga de la misma guerra cultural que ha estado dividiendo a la derecha y a la izquierda en la última década, un aspecto de esta controversia parece estar exacerbando otra crisis en curso. El debate sobre qué pensaba Kirk y qué su asesino -y por qué lo mató- se ha convertido en un nuevo punto de inflexión en la oleada de antisemitismo que se ha extendido por Estados Unidos desde los atentados palestinos dirigidos por Hamás contra comunidades israelíes el 7 de octubre de 2023.

El antiguo presentador de Fox News Tucker Carlson pivotó inmediatamente después del asesinato para afirmar que Kirk, un firme amigo y defensor de Israel, se estaba amargando con el Estado judío, y que se encontraba a punto de unirse a él y a otros antisemitas en su oposición a la guerra contra Hamás. Mientras otros extremistas de Internet lanzaban teorías conspirativas sobre la implicación de Israel en el asesinato de Kirk, la aún más extremista Candace Owens, que odia a los judíos, difundía afirmaciones de que prominentes judíos intentaban "chantajear" al activista por sus supuestas tendencias antiisraelíes.

Carlson, que cada vez manifiesta más abiertamente su inquina antiisraelí y antisemita -prestándole sus plataformas a cualquiera que ataque al Estado judío y niegue el Holocausto-, gozó de un lugar destacado para pronunciar un discurso, junto a la viuda de Kirk, Erika, el presidente Donald Trump, el vicepresidente JD Vance y otros miembros de la administración, en el multitudinario funeral celebrado en honor a Kirk en el State Farm Stadium de Glendale, Arizona. El mero hecho de que estuviera allí, más aún utilizando su tiempo para invocar vagas acusaciones de deicidio contra los judíos, fue inquietante. Su presencia también dice mucho sobre el preocupante hecho de que haya conseguido mantener su estatus de líder de pensamiento conservador legítimo, y sobre la forma en que su tolerancia hacia el antisemitismo pueda convertirse en parte del complicado legado de la libertad de expresión absoluta defendida por Kirk.

El furor causado por la suspensión del programa Jimmy Kimmel Live por parte de la ABC ha sido un ejemplo notable, aunque esclarecedor, de la naturaleza hipócrita de la mayoría de los debates sobre la libertad de expresión.

"Con su muerte, el atractivo de Kirk parece haber trascendido el mundo del activismo conservador".

Kimmel fue culpable de un alucinante ejemplo de desinformación cuando declaró durante un monólogo el 15 de septiembre que el asesino era un activista conservador MAGA. Para entonces, ya estaba claro que el sospechoso era alguien de la izquierda política que probablemente estaba influido por la oposición de Kirk a la ideología de género, además de por las críticas del activista al impacto político y social del movimiento transgénero en la sociedad.

Ese comentario atroz provocó la ira de un amplio abanico de estadounidenses y las amenazas de los afiliados de retirar el programa de sus emisoras. ABC actuó rápidamente para cerrar su programa en lugar de verse obligada a defender al comediante y perder ingresos.

Los comentarios de Trump y Brendan Carr, presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones, en los que parecían exigir el despido de Kimmel, llevaron a algunos a la conclusión, no del todo descabellada, de que lo que estaba ocurriendo era el resultado de la presión del Gobierno para censurar opiniones a las que la Administración se oponía.

El destino de Kimmel fue un ejemplo de lo que ocurre cuando un presentador crea un lío político del que sus empleadores no quieren formar parte. Pero gracias a Trump y a Carr fue convertido en un mártir de la libertad de expresión, al igual que su colega Stephen Colbert, cuyo programa fue cancelado por la CBS debido a su mala audiencia crónica y a sus épicas pérdidas económicas.

Política del 'late-night'

Esto es tan absurdo como hipócrita.

Durante la última década o más, todos los programas de humor nocturno de las cadenas de televisión se han ceñido sistemáticamente a una rígida ideología liberal, abandonando el antiguo enfoque apartidista hacia el humor. Durante años, todos ellos -incluso el programa menos político de la NBC presentado por Jimmy Fallon, que fue avergonzado y obligado a disculparse posteriormente por haber recibido a Trump y haberle dado el habitual trato blando que se concede a los demócratas- han contribuido diariamente, en especies, al Partido Demócrata.

El resultado es que se han convertido en programas sin gracia, con decrecientes índices de audiencia. Como resultado, se volvieron un peso muerto para las cadenas, algo que ha quedado ampliamente ilustrado por el hecho de que la alternativa conservadora a ellos -el programa Gutfeld! de Fox News Channel- ha superado sistemáticamente a todos ellos, a pesar de tener una audiencia potencialmente menor al tratarse de una cadena de cable.

No excusa aquello los esfuerzos de la Administración por intimidar a sus críticos. Pero no hace falta ser republicano ni fanático del humor de Greg Gutfeld para reconocer que la razón para que ABC, NBC y CBS abandonaran la ideología izquierdista y volvieran al negocio de la comedia no tiene mucho que ver con lo que pueda decir Trump. Por el contrario, es un producto del hecho de que todas son empresas que supuestamente están interesadas en apelar a todos los estadounidenses, en lugar de sólo a menos del 50% de ellos que votan a los demócratas y/o odian a Trump o a Charlie Kirk.

Aún más, las mismas personas que lloriquean por los destinos de Kimmel o Colbert no tuvieron ninguna simpatía cuando la política descarriló las carreras de las figuras públicas que chocaron con las sensibilidades izquierdistas.

En 2018, la comediante Roseanne Barr -ardiente izquierdista que había migrado a lo que por momentos parecía ser la derecha política- fue despedida del exitoso reinicio de su comedia de situación homónima por un tuit en el que atacó a la figura de la Administración Obama Valerie Jarrett, personaje clave detrás de la política de apaciguar a Irán, con lo que muchos consideraron imágenes racistas.

En 2021, la ex atleta de artes marciales convertida en actriz Gina Carano fue despedida de la serie Star Wars porque cuestionó los resultados de las elecciones presidenciales de 2020, y luego comparó el silenciamiento de las voces conservadoras por parte de la Administración Biden y los magnates de internet con las persecuciones nazis a los judíos.

En ambos casos, nadie que actualmente pregona el fin de la libertad de expresión defendió entonces el derecho de Barr o Carano a vocear controversias, insensibilidades o incluso frases profundamente ofensivas sin perder su medio de vida. En cambio, los presentadores progresistas de los programas de humor nocturnos, así como la opinión del mismo tinte, se unieron al ataque en manada y consideraron totalmente apropiado que estas personas fueran canceladas, rechazadas y expulsadas de la plaza pública.

Esta vez, quienes se encuentran jugando la carta de libertad de expresión para mí, pero no para ti son algunos conservadores.

Con su muerte, el atractivo de Kirk parece haber trascendido el mundo del activismo conservador en el cual desempeñó un papel clave para el retroceso de la ideología woke y la reelección de Trump. Su asesinato ha centrado la atención de una amplia franja de la opinión pública en el admirable ejemplo que ofrecía al país de alguien comprometido con las ideas conservadoras, profundamente religioso y dedicado a promover el diálogo por encima de la división partidista. El hecho de que le dispararan y le mataran mientras participaba en una discusión abierta bajo su característico cartel "Demuéstrame que me equivoco" no ha hecho sino engrosar su memoria en las mentes de aquellos que apoyaban su grupo, Turning Point USA, e incluso más allá.

Secuestrar un legado

Por eso el intento de los antiisraelíes de apropiarse de su legado es tan preocupante y tiene el potencial de legitimar tropos antisemitas en el pensamiento conservador dominante. Carlson entiende claramente lo que significa controlar la opinión pública sobre Kirk.

Kirk era la encarnación del péndulo de la opinión pública que está volviendo a abrazar los valores tradicionales, la fe y la creencia en la civilización occidental frente a los excesos del izquierdismo woke que parecía tener un control inquebrantable sobre la sociedad tras el verano de 2020 de Black Lives Matter.

Su disgusto por la cultura de la cancelación de la izquierda era sincero y popular. Sin embargo, la oposición al silenciamiento de los conservadores tradicionales y de otros que disentían de las ortodoxias izquierdistas sobre la raza, Trump, la inmigración ilegal, la ideología de género y el aborto, no obliga a respaldar la idea de que toda postura merece un altavoz.

La adopción de tropos antiisraelíes y antisemitas de Carlson, Owens y sus acólitos hizo que se alinearan con la alianza rojiverde de izquierdistas e islamistas que buscan atacar a los judíos en los campus universitarios. La forma en que los extremistas de izquierda y derecha se unen en el antisemitismo no es nada nuevo. Aquello los puso en la incómoda posición de conservadores opuestos a la política exterior proisraelí de la Administración Trump, así como a su loable campaña para librar a los campus universitarios del catecismo woke de diversidad, equidad e inclusión (motor del odio a los judíos del siglo XXI).

Por aquellos motivos es tan importante para ellos vincular a Kirk con su campaña de legitimación del antisemitismo posterior al 7 de Octubre.

¿Debemos creer las afirmaciones de Carlson podcast - en el que reunió a una serie de figuras antisemitas como el caricaturista Scott Adams, el sacerdote ortodoxo griego Josiah Trenham, el comentarista de izquierdas Cenk Uygur y la presentadora Megyn Kelly, una reciente conversa al antiisraelismo- de que Kirk había experimentado un cambio de opinión sobre Israel y que odiaba a Netanyahu, palabras emitidas una semana después del asesinato?

"Cualquiera que se esmere por honrar a Charlie Kirk debería indignarse ante la forma en que Tucker Carlson está tratando de secuestrar su legado".

No hay razón para confiar en nada de lo que él o sus compinches digan sobre Israel, especialmente sus afirmaciones de que donantes pro-israelíes intentaron sobornar o chantajear a Kirk. Como dijo el columnista jurídico y podcaster Josh Hammer, un defensor incondicional de Israel: la noche antes del asesinato estuvo hablando por teléfono con Kirk sobre su apoyo mutuo al Estado judío.

Sabemos que Carlson se benefició de la oposición instintiva de Kirk a deplorar a nadie. Aunque no estaba de acuerdo con las posiciones del primero sobre Israel y el Holocausto, Kirk le dio la oportunidad de hablar en sus influyentes conferencias de TPUSA.

La mayoría de la derecha entiende que el apoyo a Israel y a su justa guerra contra Hamás en Gaza está inextricablemente ligado al respaldo de los valores tradicionales, la civilización occidental y la fe. Alinearse con los izquierdistas e islamistas que odian a los judíos es antitético con esas creencias.

Al permitir que Carlson figure en el candelero, Turning Point USA está dando credibilidad a los argumentos a favor de Hamás sobre el genocidio y a los tropos antisemitas sobre que los judíos utilizan dinero para manipular la política exterior estadounidense.

Postular que estas ideas son indefendibles, que en cambio son nociones despreciables que deberían confinarse a los pantanos febriles de las extremas derecha e izquierda, no es atentar contra la libertad de expresión. Los conservadores no deberían estar dispuestos a considerar legítimas esas ideas tóxicas, como tampoco deberían aceptar mitos sobre la raza, la interseccionalidad o el colonialismo de asentamientos que saben falsos y perjudiciales para la sociedad estadounidense.

Sin embargo, aquella postura extrema es justamente la que Carlson defiende como dominante en el mundo conservador y como legado de Kirk a defender.

Sembrar la semilla del odio a los judíos

Su presencia en el podio en el memorial de Kirk en Arizona, junto a líderes de la administración, fue espantosa en sí misma. Pero el hecho de que utilizara ese púlpito para invocar la idea de que los tipos que comen hummus (es decir, los judíos) tramaron la muerte de Jesús del mismo modo en que la izquierda contemporánea tramó silenciar a Charlie plantó una insidiosa semilla de odio a los judíos en un homenaje por lo demás conmovedor a la vida y obra del activista.

No es cultura de cancelación tratar de liberar la plaza pública de este tipo de odio, como tampoco lo es tratar de recuperar la academia para los valores occidentales expulsando a los comisarios de la DEI y a las turbas de incitadores pro-Hamás. Hacerlo es defender de los valores de la república estadounidense en los que Kirk creía y por los que dio su vida.

Defender el antisemitismo de Carlson y Owens -y de todos sus amigos y aliados de extrema derecha y extrema izquierda que están de acuerdo con ellos- no es coherente con la labor de toda una vida de Charlie Kirk. Tampoco es necesariamente un corolario natural de sus esfuerzos por acabar con el silenciamiento de los conservadores en la cultura y la sociedad.

Cualquiera que se preocupe por honrar a este marido, padre y activista de 31 años -y a sus creencias- debería indignarse por la forma en que Tucker Carlson está intentando apropiarse de su legado. Si lo consigue, será algo más que un espaldarazo para los matones pro-Hamás y los antisemitas tanto de la izquierda como de la derecha. También hará retroceder cualquier esperanza de tengan éxito los esfuerzos por recuperar Estados Unidos para la fe conservadora de Kirk.

Jonathan S. Tobin es director de JNS (Jewish News Syndicate).

© JNS

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