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Q Manivannan, un peligroso decorado identitario

¿Cuál es exactamente la responsabilidad diferencial de Escocia? Los historiadores no consideran, en términos generales, que Escocia haya tenido un papel más relevante en el Mandato Británico de Palestina que el resto del Reino Unido.

El edificio del Parlamento escocés (Archivo)

El edificio del Parlamento escocés (Archivo)NurPhoto via AFP

Como si se tratara de una figura de fantasía, el arquetipo del político woke, la política británica ha alumbrado a un representante cuya única plataforma real es su propia existencia. Se llama Q Manivannan, y acaba de ser elegido miembro del Parlamento escocés por los Verdes escoceses.

Cuando se dirigió a sus seguidores tras conocerse su elección, Manivannan dijo como si se tratara de un berrinche adolescente: "My name is Dr Q Manivannan, I am a transgender Tamil immigrant, my pronouns are they/them.I am to some in this country everything that the hateful despise and I am standing here as your MSP now with care.". Lo cierto es que no habló de vivienda, de sanidad, de empleo, de transporte público. Habló de sí mismo. Su performativa identidad; inmigrante, tamil, queer, no binario fue presentada como un programa político en sí misma. El problema es que la identidad, por minoritaria y llamativa que sea, es sólo el envoltorio.

Manivannan nació en Tamil Nadu, estudió en la Universidad O.P. Jindal de Delhi, hizo un máster en el Trinity College de Dublín y llegó a Escocia en 2021 para cursar un doctorado en Relaciones Internacionales en la Universidad de St Andrews. Una trayectoria académica que incluye poesía y antropología. Pero lo verdaderamente revelador no es la biografía de Manivannan, sino el mecanismo que lo llevó a Holyrood. Solo pudo presentarse a las elecciones después de que el gobierno del SNP modificara las normas electorales en Escocia en 2025, permitiendo que inmigrantes con permisos de residencia limitados, como un visado de estudiante, pudieran ser candidatos.

Antes de ese cambio, como en el resto del Reino Unido, únicamente los inmigrantes con residencia indefinida podían acceder a cargos públicos. Q figuraba tercero en la lista regional de Edimburgo y Lothians Este, lo que en la práctica significa que fue seleccionado por un reducido grupo interno del partido y catapultado al Parlamento sin necesidad de convencer a nadie más allá de sus propios correligionarios. El resultado es un diputado que no fue elegido tanto por sus propuestas como por lo que representa como símbolo. Los Verdes escoceses no buscaban un legislador. Buscaban una bandera.

Aquí empieza el problema legal, anunciado desde el principio y que, sin embargo, fue ignorado con olímpica indiferencia por quienes lo postularon. Manivannan percibirá un salario de 77.711 libras esterlinas anuales financiado por los contribuyentes escoceses, a pesar de no tener derecho a desempeñar un trabajo a tiempo completo en el Reino Unido. ¿Por qué? Por una laguna legal exclusiva de Escocia, producto de la combinación de dos cambios normativos. El gobierno conservador introdujo en octubre de 2022 una norma según la cual ocupar un cargo electo en el gobierno local o descentralizado no se considera una forma de empleo. El SNP amplió el año pasado el derecho a candidatura a personas con cualquier tipo de permiso de residencia. La combinación de ambas medidas creó una situación inédita que sus promotores presentan como un logro de inclusión y que, mirada con frialdad, es simplemente una chapuza.

Si Manivannan no consigue regularizar su situación migratoria, quedaría automáticamente inhabilitado para el cargo y sustituido por el siguiente candidato de la lista verde, sin que sea necesario convocar ninguna elección parcial. Dicho de otro modo: el electorado no tiene nada que decir al respecto.

El Ministerio del Interior ha dejado claro que ser miembro del Parlamento escocés no da derecho por sí solo al visado de talento global. Y Ross Greer, colíder de los Verdes escoceses, ha admitido que Manivannan podría no completar el mandato íntegro, aunque dijo no ver "ningún motivo" por el que la solicitud de visado "no fuera aceptada", lo que es precisamente la clase de garantía que no garantiza absolutamente nada. Entretanto, Manivannan solicitó a sus compañeros de partido una aportación de miles de libras esterlinas para financiar una visa temporal de graduado.

Pero la verdadera agenda de Q no tardó en aparecer. Curiosamente, el partido que se presenta como paladín de los trabajadores escoceses no sólo debe destinar fondos internos para pagar los trámites migratorios de su propio diputado, sino que termina siendo el partido que propone quitar dinero de los pobres escoceses para pagar “reparaciones” a palestinos.

En efecto, esta es la retorcida lógica de los luxury beliefs del flamante y exótico parlamentario.

Manivannan, junto con otra diputada transgénero de los Verdes escoceses, Iris Duane, respaldó un manifiesto de Art Workers for Palestine Scotland que exige un "programa de justicia reparadora de Escocia para el pueblo palestino" y reclamaba que el Ejecutivo escocés elabore un informe sobre la "complicidad histórica y contemporánea de Escocia en la colonización y ocupación de Palestina".

¿Cuál es exactamente la responsabilidad diferencial de Escocia? Los historiadores no consideran, en términos generales, que Escocia haya tenido un papel más relevante en el Mandato Británico de Palestina que el resto del Reino Unido. La conexión que aducen algunos activistas es que Arthur Balfour, autor de la célebre declaración de 1917 que respaldaba la creación de un hogar nacional judío en su tierra ancestral, nació en Escocia. Este es el argumento para establecer una deuda reparatoria colectiva del contribuyente escocés medio.

Lo que Manivannan propone, en definitiva, es que los escoceses financien con sus impuestos una política exterior simbólica diseñada para satisfacer las conciencias de quienes nunca van a pagar el precio real de esa solidaridad y que se verían inmediatamente respaldando uno de los activismos antioccidentales más virulentos de la actualidad.

Rachael Hamilton, vicepresidente del Partido Conservador escocés, lo resumió sin rodeos: “Ordinary Scots will be appalled that these Green MSPs are not only aligned with an organisation pushing anti-Semitic tropes but are advocating that taxpayers pick up the tab for a misguided virtue-signalling stunt.”.

Nada de esto ocurre en el vacío. Los Verdes escoceses obtuvieron en las elecciones de mayo de 2026 un resultado histórico: 16 diputados electos, incluyendo dos personas transgénero. El partido ha construido una identidad de marca basada en la intersección entre ecologismo, independentismo, la ideología de género y política identitaria, y ha encontrado en ese nicho un electorado fiel y bien organizado.

Lo que los Verdes escoceses presentaron como un logro político en realidad es, ante todo, un riesgo institucional, político y económico. Postularon a alguien cuya situación migratoria hacía imposible garantizar que pudiera ejercer su mandato completo, sin política concreta más allá de su propia identidad y con el respaldo a propuestas como reparaciones palestinas, despenalización del proxenetismo, administración de fármacos experimentales a menores que se identifican como trans, que difícilmente podrían defenderse en un debate de política pública sin generar un conflicto generalizado.

Cuando la izquierda identitaria habla de "diversidad en el poder", es exactamente esto. Manivannan no llega a Holyrood con un programa sobre política fiscal, infraestructuras o sanidad. Llega con un programa de demolición institucional. La izquierda identitaria sigue creciendo en Gran Bretaña, posiblemente sin que sus votantes entiendan las consecuencias. Algo muy similar a lo que se vio en la New York de Mamdani. Se trata de votantes que consideran que los alcances del sistema político de representación es, en sí mismo, un programa de gobierno. Manivannan es la consecuencia lógica de ese convencimiento. El problema llega a la hora de pagar la factura de los luxury beliefs de este exótico decorado identitario.

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