ANÁLISIS
Check-out en La Habana: el éxodo empresarial que amenaza el último gran motor de divisas de Cuba
En apenas unas semanas, algunas de las mayores compañías extranjeras presentes en la isla han comenzado a reducir operaciones, abandonar hoteles o replantearse inversiones que durante años parecían estratégicas.

Un clásico automóvil americano es visto en una calle de La Habana (Archivo)
Durante más de tres décadas, Cuba fue presentada como una de las grandes apuestas turísticas del Caribe. Mientras buena parte de la economía se deterioraba, el turismo se convirtió en la principal fuente de divisas y en la gran esperanza de recuperación para el régimen. La estrategia parecía sencilla: construir hoteles, atraer visitantes extranjeros y compensar con ingresos turísticos las debilidades estructurales del resto de la economía.
Sin embargo, algo ha cambiado.
Lo que durante años fue un goteo de problemas se ha transformado en una sucesión de decisiones empresariales que apuntan en una misma dirección. En apenas unas semanas, algunas de las mayores compañías extranjeras presentes en la isla han comenzado a reducir operaciones, abandonar hoteles o replantearse inversiones que durante años parecían estratégicas.
La noticia más simbólica llegó este 3 de junio, cuando Meliá Hotels International anunció la salida inmediata de quince hoteles cubanos. Reuters reveló que la decisión había sido comunicada a los propietarios días antes y respondía al deterioro del entorno geopolítico, jurídico y económico en la isla.
No era una retirada cualquiera. Era la de la empresa que mejor simbolizaba la apuesta turística internacional por Cuba.
Política
Máxima presión contra Cuba: Estados Unidos amplía sanciones contra la cúpula y el aparato de inteligencia del régimen
Andrés Ignacio Henríquez
El efecto dominó
La decisión de Meliá no surgió en el vacío.
Apenas unos días antes, Iberostar había dejado de gestionar doce hoteles vinculados a entidades afectadas por las nuevas sanciones estadounidenses. Casi simultáneamente, la canadiense Blue Diamond Resorts inició su salida total del mercado cubano, abandonando una red de establecimientos que incluía algunos de los complejos turísticos más importantes de la isla.
La cadena Aston, perteneciente al grupo Archipielago International, también comunicó su salida de Cuba y deja sin operador seis hoteles en varios polos turísticos de la isla. El grupo con sede en el sudeste asiático y más de 200 establecimientos a nivel mundial, ahora deja una línea de habitaciones, de las más lujosas del país, sin un horizonte claro.
Por separado, cada anuncio podría interpretarse como una decisión empresarial ordinaria. Juntos forman una fotografía mucho más inquietante.
Por primera vez en décadas, varias grandes cadenas hoteleras están reduciendo exposición al mismo tiempo, impulsadas por una combinación de factores que va mucho más allá de los resultados financieros inmediatos.
El factor GAESA
El detonante más visible apareció el 1 de mayo de 2026.
Ese día, la Administración Trump firmó una nueva orden ejecutiva que amplió significativamente las sanciones sobre Cuba y sobre entidades vinculadas al conglomerado militar GAESA, considerado por numerosos analistas como el auténtico centro de poder económico del país.
La importancia de GAESA es difícil de exagerar.
A través de una compleja red de empresas, el grupo controla buena parte de los hoteles, marinas, tiendas en divisas, servicios logísticos, inmobiliarias, puertos y actividades financieras vinculadas al turismo.
Durante años, las empresas extranjeras aceptaron convivir con esta realidad. Las nuevas sanciones han alterado ese equilibrio.
Para grupos hoteleros con intereses globales, la posibilidad de verse expuestos a riesgos regulatorios en Estados Unidos ha cambiado radicalmente la ecuación.
Mundo
Un caos continuo: el turismo se desploma en Cuba en el primer trimestre de 2026
Diane Hernández
Una crisis anterior a las sanciones
Pero reducir todo lo ocurrido a Washington sería un error. Las sanciones han acelerado una crisis que ya existía.
Los datos oficiales de la Oficina Nacional de Estadística e Información muestran que Cuba cerró 2025 con apenas 1,81 millones de visitantes internacionales, una cifra que refleja un retroceso cercano al 18% respecto al año anterior y que se sitúa muy lejos de los niveles previos a la pandemia.
El problema es aún más grave cuando se observa la evolución reciente.
Durante los primeros meses de 2026 las llegadas internacionales continuaron cayendo mientras los apagones, la escasez de combustible y las dificultades logísticas se convertían en una constante.
El resultado puede verse en numerosos polos turísticos de la isla: hoteles semivacíos, instalaciones cerradas temporalmente y operadores obligados a concentrar clientes para reducir costes.
El turismo que no llega
La lógica era sencilla: más hoteles significaban más turistas. La realidad terminó siendo distinta. Mientras la capacidad hotelera seguía creciendo, la demanda comenzó a estancarse y posteriormente a caer.
Hoy Cuba dispone de más habitaciones de las que necesita para el volumen real de visitantes que recibe. Esa contradicción se ha convertido en uno de los mayores problemas estructurales del sector.
Cuando los aviones dejan de venir
La crisis turística no termina en los hoteles. Sin conectividad aérea no existe turismo.
Durante los últimos meses varias compañías han reducido frecuencias o suspendido operaciones hacia Cuba. A las dificultades derivadas de la demanda se han sumado problemas de combustible, restricciones operativas y un entorno económico cada vez más complejo.
Entre los casos más significativos figuran la retirada de la suiza Edelweiss y la alemana Condor de sus rutas a La Habana, Varadero y Holguín, así como la salida de World2Fly de la conexión entre España y Cuba. A ello se suman las suspensiones temporales anunciadas por compañías como Air Canada, Air Transat, WestJet, Rossiya y Nordwind durante la crisis de combustible que golpeó a la isla a comienzos de 2026.
La propia Cubana de Aviación, Iberia y otras importantes aerolíneas -históricas en su relación con Cuba- también figuran en la lista de suspensiones de vuelos a la isla.
Cada vuelo cancelado significa menos visitantes. Cada visitante perdido implica menos ingresos para hoteles, restaurantes, taxis y comercios. La espiral se retroalimenta.
Sherritt y el límite de la paciencia
Si las hoteleras representan el termómetro del turismo, Sherritt International refleja la situación del resto de la economía.
La compañía canadiense lleva décadas operando en sectores considerados estratégicos por La Habana: níquel, cobalto, petróleo y generación eléctrica.
Pocas firmas extranjeras han mantenido una relación tan prolongada con Cuba. Precisamente por eso sus movimientos recientes resultan especialmente reveladores. Tras las nuevas sanciones estadounidenses, la empresa anunció medidas extraordinarias para proteger sus operaciones y llegó a explorar alternativas para reducir riesgos en la isla.
Cuando incluso uno de los socios históricos comienza a replantearse su posición, la señal para el resto de los inversores resulta difícil de ignorar.
La pregunta que preocupa a La Habana
Lo ocurrido durante las últimas semanas trasciende ampliamente el sector turístico. La cuestión central ya no es cuántos hoteles abandona una cadena ni cuántos vuelos cancela una aerolínea.
La pregunta es otra.
¿Puede Cuba seguir atrayendo inversión extranjera en un contexto marcado por la contracción económica, la crisis energética, la caída del turismo y el endurecimiento de las sanciones?
La respuesta determinará buena parte del futuro económico de la isla durante la próxima década.
El comienzo de una nueva etapa
Durante años, las autoridades del régimen cubano confiaron en que el turismo funcionara como motor capaz de compensar las debilidades del resto de la economía.
Hoy esa estrategia enfrenta su prueba más difícil. Las salidas de Meliá, Iberostar y Blue Diamond; las dudas de Sherritt; la reducción de conexiones aéreas y el deterioro constante de los indicadores turísticos apuntan todos en una misma dirección.
Quizá todavía sea pronto para hablar de un abandono masivo. Pero ya no parece exagerado hablar de algo diferente. De un repliegue.
Y los repliegues, en economía, rara vez comienzan sin consecuencias.