Daniel Ortega oficializa el fin de la democracia en Nicaragua: anuncia que nunca más habrá elecciones
El dictador sandinista aseguró que impulsará nuevas leyes para impedir el regreso de la oposición al poder y reforzar el control absoluto que ejerce junto a Rosario Murillo, en un nuevo paso hacia la consolidación de un régimen sin competencia política.

Daniel Ortega, presidente de Nicaragua
El dictador de Nicaragua, Daniel Ortega, afirmó que en el país "no volverá a haber elecciones", una declaración que supone el reconocimiento explícito del cierre de cualquier vía democrática para la alternancia en el poder y marca un nuevo endurecimiento del régimen sandinista.
Durante el acto por el 47.º aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista, celebrado en Managua, Ortega aseguró que la oposición nunca volverá a gobernar Nicaragua mediante las urnas.
"Que se olviden, aquí no volverán a haber elecciones para que por ahí intenten ellos atrapar el Gobierno y atrapar el poder", declaró ante miles de simpatizantes.
Esto ocurre precisamente en un contexto de creciente concentración del poder y después de una serie de reformas constitucionales que han eliminado los principales contrapesos institucionales del Estado.
Anuncia nuevas leyes para bloquear a la oposición
Ortega fue más allá del discurso político y adelantó que trabajará con la Asamblea Nacional, controlada por el oficialismo, para aprobar nuevas leyes que impidan cualquier intento de reorganización de la oposición.
Según explicó, la intención es levantar "un muro" legal contra quienes califica de "golpistas" y "vendepatrias".
"Vamos a trabajar con la Asamblea Nacional (...) porque hay que hacer las leyes que les pongan un muro, un bloque a los golpistas, a los vendepatrias", afirmó.
El gobernante también reiteró su discurso contra Estados Unidos, al acusar a Washington de financiar a sus adversarios políticos.
"Por mucha plata que les den los yanquis, no podrán alcanzar el Ejecutivo", sostuvo, antes de rematar: "Aquí se acabó la historia de que los partidos puestos por los yanquis volverán a llegar al Gobierno. Jamás, jamás, jamás".
Una reforma constitucional que consolidó el poder absoluto
Las declaraciones también llegan pocos meses después de la entrada en vigor, en febrero de 2025, de una profunda reforma constitucional que modificó el sistema político nicaragüense.
Entre los principales cambios, la reforma:
- Eliminó en la práctica la independencia entre los poderes del Estado.
- Amplió el mandato presidencial de cinco a seis años.
- Elevó a Rosario Murillo de vicepresidenta a copresidenta, consolidando un modelo de poder compartido dentro del núcleo familiar gobernante.
Como consecuencia de esa reforma, las elecciones generales previstas inicialmente para 2026 fueron reprogramadas para noviembre de 2027. Sin embargo, las declaraciones de Ortega ponen ahora en duda incluso la celebración de unos comicios con participación de la oposición.
Dos décadas de concentración del poder
Después de permanecer varios años fuera del Ejecutivo, regresó al poder en 2007 y desde entonces ha acumulado un control cada vez mayor sobre las instituciones del Estado.
Diversos organismos internacionales, entre ellos la ONU, han documentado un deterioro sostenido del Estado de derecho y de las libertades fundamentales en Nicaragua, especialmente desde la represión de las protestas de 2018, que dejó más de 300 muertos, según las investigaciones del organismo internacional.
En los años posteriores, el régimen encarceló o expulsó del país a dirigentes opositores, periodistas, defensores de derechos humanos, religiosos e intelectuales críticos. Muchos de ellos fueron además despojados de su nacionalidad y de sus bienes.
Miles de nicaragüenses permanecen actualmente exiliados en países como Costa Rica, España y Estados Unidos.
Crecen las dudas sobre el futuro político del país
La reaparición pública de Ortega también llamó la atención por producirse tras casi dos meses sin actos oficiales. En los últimos meses habían aumentado las especulaciones sobre su estado de salud debido a las dificultades físicas mostradas en anteriores apariciones.
Mientras tanto, los movimientos opositores continúan apostando por mantener la presión internacional con la esperanza de que Nicaragua pueda recuperar, en el futuro, un proceso electoral libre y competitivo.
Las declaraciones de Ortega, sin embargo, apuntan en sentido contrario y representan una de las manifestaciones más explícitas hasta la fecha de la intención del régimen de cerrar definitivamente cualquier posibilidad de alternancia política en el país.