El Senado confirma a Markwayne Mullin como nuevo secretario de Seguridad Nacional
El exsenador tendrá la misión de reemplazar a Kristi Noem, quien fue despedida por el propio Trump tras una gestión llena de controversias y ruido, incluyendo los operativos migratorios que derivaron en la muerte de civiles en Minneapolis.

El exlegislador Markwayne Mullin en Capitol Hill
El Senado confirmó este lunes al exluchador de artes marciales mixtas Markwayne Mullin como nuevo secretario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), en una votación que, nuevamente, reflejó el respaldo partidista de su nominación.
El exlegislador republicano por Oklahoma, un fiel aliado del presidente Donald Trump en el Congreso, fue aprobado por 54 votos contra 45 para dirigir uno de los departamentos más importante de la actual Administración. Solo dos senadores demócratas se sumaron a la mayoría republicana: John Fetterman, cuyo respaldo era seguro, y, sorpresivamente, Martin Heinrich, quien justificó su respaldo afirmando que Mullin es una figura independiente capacitada para un cargo tan complejo como el jefe del DHS.
La llegada de Mullin al gabinete se produce en un momento crucial y delicado para el DHS, que enfrenta diversos conflictos políticos internos, presión por operativos migratorios mortales en Minnesota y un cierre parcial de la agencia que ya lleva semanas debido a las discusiones entre demócratas y republicanos.
“Yo no soy un micromanager”
Mullin tendrá la misión de reemplazar a Kristi Noem, quien fue despedida por el propio Trump tras una gestión llena de controversias y ruido, incluyendo los operativos migratorios que derivaron en la muerte de civiles en Minneapolis.
Ese episodio quebró aún más la relación entre demócratas y republicanos, contribuyendo al bloqueo legislativo que mantiene sin financiamiento pleno al departamento.
Además de los operativos migratorios que terminaron muy mal en Minneapolis, Noem también fue criticada por su estilo provocador y de sobreexposición en redes sociales para difundir mensajes sobre las distintas campañas del DHS en materia migratoria y de Seguridad Nacional. De hecho, según el New York Times, a Trump no le gustó que Noem le haya atribuido durante una audiencia la aprobación de una campaña publicitaria costosa de $200 millones donde ella parecía el centro de atención.
Política
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A pesar de que Mullin prometió distanciarse del estilo de Noem, su proceso de nominación fue complicado.
Durante su audiencia en el Senado, Mullin enfrentó cuestionamientos sobre su temperamento, declaraciones pasadas y críticas habituales de los demócratas, que sostienen que su postura contra el DHS, más que por un nombre en particular, se debe a la política migratoria de la Administración Trump.
Sin embargo, uno de los momentos más tensos del proceso no fue con los demócratas, sino con el senador republicano Rand Paul, con quien mantuvo un fuerte cruce.
El conflicto venía de declaraciones previas en las que Mullin había dicho que “entendía” un ataque que Paul sufrió en 2017, cuando fue agredido en su propia casa. Durante la audiencia, Paul lo confrontó directamente y le exigió que se retractara, cuestionando además si alguien con ese tipo de comentarios podía dar el ejemplo adecuado a agentes de ICE y la Patrulla Fronteriza. Mullin respondió que no justificaba la agresión, pero insistió reiteradamente en que sus palabras habían sido malinterpretadas, lo que intensificó el intercambio entre ambos políticos, que hasta hace pocas semanas eran colegas.
Cuando fue consultado por políticas públicas y el estilo de Noem, Mullin buscó marcar diferencias con su antecesora. Básicamente, el exsenador planteó un estilo de liderazgo menos visible y criticó decisiones que, según dijo, entorpecieron la gestión interna, como la centralización excesiva en la aprobación de contratos que superen los $100.000.
“Eso es microgestión”, dijo Mullin. “Yo no soy un micromanager”.
También sostuvo que mantendrá la exigencia de órdenes judiciales para ingresar a propiedades en operativos migratorios, salvo en situaciones excepcionales.
A pesar de la aprobación del Senado, la confirmación no resuelve el conflicto de fondo en torno al DHS. Los demócratas volvieron a dejar en claro que su oposición al financiamiento del departamento responde a desacuerdos sobre políticas, especialmente en lo referido a las prácticas de agentes de inmigración.
En síntesis, los demócratas quieren mayores restricciones al ICE, como la obligación de identificarse, el fin del uso de máscaras y la exigencia de órdenes judiciales para redadas.
Mientras ambas bancadas siguen en desacuerdo, el impacto del cierre ya se hace sentir. Miles de empleados del DHS trabajan sin salario, lo que ha generado problemas operativos, incluyendo largas filas en aeropuertos importantes del país por falta de personal de seguridad. Asimismo, más de 400 agentes han renunciado desde el inicio de la crisis.
Por ello, la llegada de Mullin es fundamental e inicia una nueva etapa, pues su liderazgo podría abrir una ventana de negociación para finiquitar uno de los cierres más problemáticos para la Administración Trump en este momento.