Washington monitorea en secreto el rechazo venezolano al acuerdo petrolero con el régimen de Delcy Rodríguez y el controvertido empresario Alejandro Betancourt
En febrero, tanto Marco Rubio como el presidente Donald Trump eran, según distintas encuestas, las figuras políticas más populares de Venezuela junto con la líder opositora María Corina Machado. Cinco meses después, la popularidad de Rubio y Trump se desplomó hasta el 30%, y Machado se mantiene sólidamente por encima del umbral del 50%.

Marco Rubio en en Pasay, Metro Manila/ Brendan Smialowski
Un documento interno de la embajada de Estados Unidos en Caracas —filtrado por error y eliminado minutos después —, confirmó que el acuerdo petrolero firmado entre Washington y el régimen interino de Delcy Rodríguez está generando un fuerte rechazo dentro y fuera de Venezuela, produciendo entre un 70% y un 75% de comentarios críticos en redes sociales, según el propio monitoreo realizado por la sede diplomática.
El mensaje, compartido por error en un grupo de prensa de la embajada y difundido por periodistas venezolanos y reporteros internacionales que tuvieron acceso al propio, evaluaba la reacción pública tras una extensa entrevista que el secretario de Estado, Marco Rubio, concedió al periodista venezolano Sergio Novelli. La conclusión fue claramente negativa para Washington.
"La entrevista del secretario Rubio lo convirtió en tendencia en Venezuela, aunque la reacción en las redes sociales es abrumadoramente negativa (entre el 70 % y el 75 % de comentarios críticos). La mayoría de los comentaristas descartan sus declaraciones como una estrategia para controlar el daño, sospechando que el acuerdo petrolero de EEUU enriquece a los miembros del régimen en lugar de ser un trato transparente. La frustración generalizada se centra en la percepción de que Washington está priorizando los recursos energéticos y la estabilidad a corto plazo por encima de una transición democrática rápida y completa. Específicamente, los usuarios están profundamente preocupados por la falta de fechas electorales firmes, la falta de resolución del tema de los presos políticos y el retraso en el regreso de Machado".
Ese fuerte rechazo se debe, en gran medida, a la irrupción de un viejo nombre conocido para los venezolanos: el ‘bolichico’ Alejandro Betancourt.
El empresario venezolano de 46 años encabeza North American Blue Energy Partners (NABEP), la firma que obtuvo acceso preferencial a 17 campos petroleros y concesiones por 100 años bajo supervisión directa del Pentágono, en el marco del acuerdo que Trump calificó como el más grande de la historia. Según reportó el Washington Post, Betancourt fue clave para persuadir a Rodríguez de asumir la presidencia interina tras la captura del dictador Nicolás Maduro en enero, y sirvió como puente directo con Rubio para destrabar las negociaciones.
El problema es el historial del propio Betancourt. Su fortuna tiene un origen turbio, a comienzos de la década de 2010 a través de Derwick Associates, una compañía que obtuvo contratos estatales durante el régimen de Hugo Chávez sin licitación por unos $5.000 millones para construir plantas termoeléctricas en medio de la crisis eléctrica venezolana, pese a no tener experiencia previa en el sector. Transparencia Internacional estimó sobrefacturaciones cercanas a los $2.900 millones, y la opinión pública venezolana bautizó a Betancourt y a su círculo como "bolichicos", término despectivo para los jóvenes empresarios que amasaron fortunas gracias a sus vínculos con el régimen chavista. Sus movimientos financieros llegaron a atraer el escrutinio de autoridades en Estados Unidos, España y Suiza por un presunto esquema de lavado de dinero de $1.200 millones, investigación que se frenó esta primavera después de que funcionarios estadounidenses, incluida la entonces fiscal general Pam Bondi, intervinieran telefónicamente ante las autoridades suizas para evitar una potencial detención y permitirle viajar y cerrar el acuerdo petrolero.
Ahora la sombra de Betancourt ha impactado negativamente la imagen de la Administración Trump en Venezuela y las encuestas reflejan la caída de la popularidad de funcionarios clave. En febrero, tanto Marco Rubio como el presidente Donald Trump eran, según AtlasIntel/Bloomberg, las figuras políticas más populares de Venezuela junto con la líder opositora María Corina Machado. Cinco meses después, la popularidad de Rubio y Trump se desplomó hasta el 30%, y Machado se mantiene sólidamente por encima del umbral del 50%.
El Congreso también empezó a hacer preguntas sobre el acuerdo petrolero entre EEUU y Venezuela. El medio digital NOTUS reportó que legisladores republicanos y demócratas de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara Baja le exigieron al Departamento de Estado informes periódicos sobre los términos del acuerdo, que cubre reservas estimadas en 65.000 millones de barriles. La representante María Elvira Salazar fue una de las voces que habló sobre el asunto: "Necesitan saber que la persona que ocupa la presidencia fue electa por los venezolanos, y ese no es el caso de Delcy, por lo que tenemos un problema allí". El Departamento de Estado respondió que se trata de "un acuerdo privado con una empresa privada", no un pacto político con el régimen interino.
Entre las duras críticas de los venezolanos, el secretario Rubio ha insistido en que la transición para alcanzar la democracia sigue en marcha. A Novelli le dijo que falta "mucho más por hacer, incluyendo los temas de democracia y elecciones", y que la meta es que "la riqueza de Venezuela regrese a Venezuela y a su pueblo a través de un gobierno elegido democráticamente". No obstante, el propio presidente Trump le complicó ese mensaje al afirmar que Venezuela "todavía no está lista" para celebrar elecciones, una postura que también sumó críticas, pues los críticos afirman que no se están exigiendo comicios inmediatos, sino un calendario y garantías de cumplimiento.
Estas declaraciones están generando una profunda decepción en Venezuela. Para el economista Omar Zambrano, citado por el Washington Post, después de la captura de Maduro hubo una euforia real en el país, sin embargo, esa misma euforia se apaga cada día que Rodríguez sigue en el poder sin fecha de elecciones.
"Toda la buena voluntad y la imagen positiva que tenía la Administración Trump se está diluyendo, poco a poco", dijo al WaPo.