Fe bajo asedio en Nicaragua: EEUU condena al régimen de Ortega por prohibir las procesiones y reprimir a los fieles en Semana Santa
La dictadura sandinista acumula más de 27.000 procesiones prohibidas desde 2019, cuando empezó a perseguir a la Iglesia Católica. En esta temporada, desplegó hasta 14.000 agentes para vigilar los templos. Sin embargo, los fieles católicos igual asistieron a las misas.

El dictador Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, en una imagen de archivo
Estados Unidos, a través del subsecretario de Estado, Christopher Landau, condenó esta semana al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo por impedir, nuevamente, las procesiones públicas de Semana Santa en Nicaragua.
"La dictadura Ortega-Murillo le niega al pueblo de Nicaragua el derecho a profesar su fe", escribió Landau en su cuenta de ‘X’, recordando que los municipios de Granada y León albergaban algunas de las procesiones más emblemáticas y hermosas de la región. El funcionario espetó que espera "el día en que nuestros amigos nicaragüenses recuperen su libertad religiosa”, declaraciones que surgen luego de que Estados Unidos capturase en enero al exdictador venezolano Nicolás Maduro para después presionar por meses al régimen comunista de Cuba.
Semana Santa, or Holy Week, is a sacred time for families all over the world, including my own. Throughout Latin America, people gather on city streets to profess their faith and mark the Passion. But once again this year, the Ortega-Murillo dictatorship is denying the people of… pic.twitter.com/PIwLcz7FVH
— Christopher Landau (@DeputySecState) March 31, 2026
La denuncia de Landau, sin embargo, no es aislada, pues responde a la imposición de una política de represión religiosa sistemática que lleva ocho años en curso en Nicaragua.
Represión contra la Iglesia católica en cifras
Según la abogada e investigadora Martha Patricia Molina, quien documenta la persecución religiosa en Nicaragua desde el exilio, el régimen sandinista habrá prohibido para el cierre de esta Semana Santa un total de 27.034 procesiones y actos de piedad popular entre 2019 y 2026, en 409 parroquias distribuidas en las nueve jurisdicciones eclesiásticas del país. Solo durante la Cuaresma de este año se cancelaron 5.726 actos religiosos, según un reciente editorial del medio La Prensa, diario prestigioso de Nicaragua.
Para garantizar el cumplimiento de las prohibiciones, la Policía Nacional nicaragüense desplegó entre 13.000 y 14.000 agentes alrededor de los templos. El mensaje es inequívoco: la expresión religiosa pública es, para el régimen Ortega-Murillo, una amenaza de seguridad.
Las restricciones no se limitan a las procesiones de Semana Santa. El régimen también está prohibidas las representaciones de la Pasión conocidas como "Judeas", el Vía Crucis Penitencial que solía congregar multitudes en la capital Managua, la procesión de San Lázaro en Masaya y el Vía Crucis acuático en las isletas de Granada, reportó Infobae.
Asimismo, según Molina, muchas parroquias prefieren no denunciar los abusos y la represión por temor a represalias mayores, por lo que los datos disponibles no representan la dimensión real de la represión sandinista contra la Iglesia católica.
Siglos de fe, pocos años de asedio
Según los registros históricos, la Semana Santa se celebra en Nicaragua desde, al menos, 1525, hace más de 500 años.
Ya en 1528, durante un Jueves Santo en León, la Iglesia ofreció asilo a un perseguido que huía del primer gobernador de Nicaragua. Como señala el diario La Prensa, el paralelismo con el presente es bastante profético: la Iglesia nicaragüense lleva siglos del lado de los perseguidos políticos, y lleva siglos pagando ese precio, sólo que ahora el precio es más alto que nunca.
La ruptura más dramática entre el régimen de Ortega-Murillo y la Iglesia Católica se produjo en 2018, durante las masivas protestas sociales que Ortega reprimió violentamente —dejando 355 muertos según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En ese momento, las iglesias católicas sirvieron de refugio humanitario para los manifestantes, que estaban siendo encarcelados y torturados en las mazmorras del régimen. Desde entonces, la represión contra la Iglesia no paró. Según datos recopilados por la agencia AP, se documentaron 971 agresiones contra católicos entre 2018 y 2024, con un pico de 275 incidentes en 2023. Además, según la investigadora Molina, 309 religiosos fueron expulsados o forzados al exilio, entre ellos cuatro obispos, 146 sacerdotes y 99 religiosas.
En Nicaragua, más de 1.650 iglesias y entidades religiosas han sido cerradas por el régimen sandinista. En Matagalpa, tras el encarcelamiento y posterior exilio del obispo Rolando Álvarez, el 70% del clero abandonó la región.
La Comisión de Estados Unidos sobre Libertad Religiosa Internacional calificó en 2026 las condiciones en Nicaragua como "abismales", denunciando claramente la persecución contra la Iglesia católica. El país, a su vez, figura en la lista de naciones de especial preocupación del Departamento de Estado y en el puesto 32 del índice mundial de persecución religiosa de Puertas Abiertas. La ONU y la CIDH también han documentado abusos sistemáticos en los últimos años.
Murillo, esposa de Ortega y arquitecta de la persecución
Detrás de la represión religiosa contra la Iglesia católica hay un nombre que aparece una y otra vez en todos los informes y análisis: Rosario Murillo, vicepresidenta, primera dama y, según los disidentes nicaragüenses, el verdadero rostro del poder dentro del régimen.
Según el diario ABC de España, Murillo ha acusado públicamente a sacerdotes de ser "terroristas espirituales" e "hijos del demonio", y fue ella quien en 2018 pronunció la frase "Vamos con todo" que marcó el inicio de la represión contra la Iglesia más profunda de todo el ciclo.
En medio de las acusaciones públicas y la represión documentada, los detalles sobre la vida personal de Murillo son difíciles de ignorar. Mientras criminaliza la práctica católica, la vicepresidente nicaragüense mantiene una profunda vinculación personal con el esoterismo y las prácticas ocultas.
En una entrevista con ABC, el premio Cervantes Sergio Ramírez, exvicepresidente nicaragüense hoy en el exilio, reveló que las reuniones de gabinete del régimen sandinista se realizan en torno a una estrella de cinco puntas, con los ministros sentados en círculo. "Es como un aquelarre", describió. Los llamados "Árboles de la Vida" que Murillo mandó instalar en Managua son, según el escritor, símbolos de poder mágico y una prueba más del interés de Murillo en lo místico. A su vez, el periodista Carlos Salinas Maldonado, autor de una biografía sobre la primera dama nicaragüense, la define como una mujer que "mezcla toda esta cuestión mística de forma manipulada para sus intereses". Según su libro, esta mujer, que fue una poeta revolucionaria de juventud, se convirtió en una codictadora capaz de "organizar y participar en una matanza contra sus connacionales”.
Los fieles no ceden
Pese a los abusos, los fieles nicaragüenses asistieron a las misas más sagradas del año.
En el Domingo de Ramos, la Procesión del Triunfo se realizó en un circuito cerrado dentro del atrio de la Catedral Metropolitana de Managua, presidida por el cardenal Leopoldo Brenes, quien es una de las pocas figuras eclesiásticas de peso que permanece en Nicaragua.
La imagen de Jesús del Triunfo avanzó sobre un burro, las palmas tejidas artesanalmente por los feligreses se alzaron para recibir el agua bendita y los fieles, ya bendecidos, respondieron con cánticos y alabanzas. Quizás la procesión no salió a la calle, pero el templo se llenó.
El régimen sandinista, en medio de fuertes críticas y presión internacional, intentó usar fotografías de esas celebraciones restringidas para proyectar una imagen de libertad religiosa que hoy dista mucha de la realidad. El diario La Prensa, de hecho, documentó lo ocurrido ese día: policías de civil vigilaban los actos, atemorizando a los fieles, mientras el oficialismo difundía las imágenes como prueba de normalidad.
La investigadora Molina lo resumió así: "Somos el único país de América donde una dictadura persigue a los cristianos únicamente por profesar su fe”. Sin embargo, a pesar de todo, la fe sigue intacta en Nicaragua, esperando por la vuelta de las procesiones.