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ANÁLISIS

Menos bebés, más crisis: la trampa demográfica que amenaza a Estados Unidos

Con una tasa de fertilidad de solo 1,57 hijos por mujer en 2025 y una edad media que ya roza los 40 años, el país se acerca a la "trampa de baja fertilidad". El resultado: menos cotizantes y más pensionistas, lo que está poniendo al borde del colapso a la Seguridad Social, Medicare y las finanzas públicas del país.

Una mujer en Times Square. Imagen de archivo

Una mujer en Times Square. Imagen de archivoAFP.

Carlos Dominguez
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La caída de la natalidad en Estados Unidos representa un cambio estructural con serias implicaciones socioeconómicas y políticas. Los últimos datos del CDC sitúan la tasa de fertilidad para 2025 en 1,57 hijos por mujer, un nivel que acerca al país a lo que los demógrafos denominan "trampa de baja fertilidad", donde la caída se retroalimenta y resulta cada vez más complicada de revertir.

Además, según un análisis de City Journal (CJ), el hecho de que la edad media de los estadounidenses se aproxime ya a los 40 años, cinco más que en 2001, y de que se haya pasado de cuatro cotizantes por pensionista en los años sesenta a apenas 2,7 en la actualidad, ha hecho que un modelo económico diseñado para una sociedad joven y en expansión empiece a mostrar claros signos de decadencia.

Este desequilibrio está generando una presión cada vez mayor sobre dos de los pilares más importantes del gasto público: Seguridad Social y Medicare. Hoy, con menos contribuyentes y más beneficiarios, estos programas se han convertido en los principales impulsores del déficit y la deuda pública.

La mayoría de las soluciones políticas para resolver este desajuste, como recortar el gasto en prestaciones sociales, aumentar la inmigración o elevar la edad de jubilación, carecen de viabilidad o se enfrentan a una fuerte oposición bipartidista.

Familias más pequeñas, Estado más grande: una trampa política

Las personas mayores representan un bloque electoral cada vez más influyente al que los políticos no quieren alienar y es así como ni demócratas ni republicanos parecen dispuestos a asumir el coste político de recortar prestaciones o introducir ajustes profundos, creando lo que el CJ denomina una poderosa "gerontocracia".

Trump entiende muy bien que los votantes de más edad son clave, y, por eso, se ha esforzado en apartar a los defensores de la austeridad de su partido. Como este grupo depende mucho de programas públicos, cualquier político que proponga recortes pierde apoyo.

Con el paso del tiempo, la persistente baja natalidad "incrementa la dependencia sobre el Estado de bienestar", especialmente en lo que respecta a la atención de las personas mayores. A medida que se debilitan las redes tradicionales de apoyo familiar, "el Gobierno termina asumiendo cada vez más el papel de cuidador sustituto".

La impopular reforma de la jubilación

Una posible solución para aliviar la creciente presión sobre el gasto público podría ser elevar la edad de jubilación. Sin embargo, la medida ha demostrado ser muy costosa en términos políticos. 

La experiencia reciente en Europa, con protestas masivas en países como Francia, luego de que el presidente Macron firmara una impopular ley para subir la edad de jubilación de 62 a 64 años, ilustra el coste social de este tipo de reformas. En el hexágono, la propuesta contaba con el apoyo del 36% de la población. En Estados Unidos, el respaldo ciudadano es tan solo del 17%, lo que convierte esta vía en poco viable a corto plazo. 

Aumentar la inmigración: un alivio temporal con fuertes resistencias

Otras alternativas tampoco resultan sencillas. Aumentar la inmigración podría aliviar temporalmente el desequilibrio demográfico, pero exigiría niveles muy superiores a los actuales y choca con una creciente resistencia social y política. 

Según un análisis realizado en 2024 por el Penn Wharton Budget Model, restaurar la actual proporción de trabajadores por jubilado necesitaría una tasa anual de inmigración 3,5 veces superior a la de 2024. Sin embargo, tras la grave crisis fronteriza desatada por la Administración Biden, los conservadores han optado por una postura dura contra una política de puertas abiertas

Asimismo, el National Immigration Forum (NIF) informó en 2024 que el país necesitaba un aumento del 37 % en la inmigración neta con respecto a los niveles proyectados para 2020 "para evitar que Estados Unidos caiga en un déficit demográfico y un declive socioeconómico".

El informe también indicó que "el encogimiento de las bases fiscales locales podría devastar a las comunidades, limitando seriamente su capacidad para mantener infraestructura básica y generar suficientes oportunidades de empleo para sus habitantes".

De la inmigración a los impuestos: soluciones que no resuelven la crisis

Ante este bloqueo, empieza a ganar terreno una solución aparentemente más sencilla: subir impuestos. Lo llamativo es que esta idea comienza a encontrar apoyos en ambos lados del espectro político, incluyendo sectores conservadores que tradicionalmente se oponían a ella

"Hasta un 70 % de los republicanos opina actualmente que los ricos deben pagar más impuestos, frente al 62 % que pensaba lo mismo en 2019".

Sin embargo, la evidencia económica sugiere que este camino podría ser contraproducente si termina frenando el crecimiento y reduciendo la base imponible. Como advirtieron economistas citados por el CJ en una publicación del FMI de 2018: "Si se aumenta el superávit subiendo los impuestos, la caída del crecimiento puede ser tan grande que eleve, en lugar de reducir, la ratio deuda-PIB".

En el fondo, todas estas respuestas comparten una limitación: abordan los síntomas, pero no la causa. El verdadero desafío reside en la caída de la natalidad, un fenómeno complejo vinculado a factores culturales, económicos y sociales. La pregunta que debemos hacernos es ¿cómo lograr que los estadounidenses tengan más hijos?

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