Trump firma dos órdenes ejecutivas para blindar a los ganaderos estadounidenses, mientras mantiene su respaldo a las importaciones de carne de Argentina, Brasil y Paraguay
El mandatario anunció la creación de un programa que les permitirá a los ganaderos vender sus productos directamente a los consumidores, reduciendo así la dependencia del sector respecto a las "cuatro grandes" compañías —Tyson Foods, JBS, Cargill y National Beef Packing Co.—, que en conjunto controlan cerca del 85% del procesamiento de carne en el país.

Trump antes de firmar órdenes ejecutivas relacionadas con el procesamiento de carne de res y los ganaderos
El presidente Donald Trump firmó el viernes dos órdenes ejecutivas que apuntan a fortalecer a los productores de carne vacuna del país, yendo directamente contra el dominio que ejercen las grandes empacadoras sobre la industria.
Ambas órdenes se produjeron en medio de una delicada situación política, mientras el presidente busca calmar el enojo de los ganaderos por la apertura de la Casa Blanca a las importaciones. Sin embargo, a pesar de la presión de grupos ganaderos y algunos congresistas republicanos, Trump no abandonó su defensa a traer carne —de forma limitada— desde Argentina, Brasil y Paraguay.
Durante la ceremonia de firma en la Casa Blanca, Trump anunció la creación de un programa que les permitirá a los ganaderos vender sus productos directamente a los consumidores, reduciendo así la dependencia del sector respecto a las "cuatro grandes" compañías —Tyson Foods, JBS, Cargill y National Beef Packing Co.—, que en conjunto controlan cerca del 85% del procesamiento de carne en el país.
"La gente ha estado pidiendo este cambio durante décadas, y lo estamos logrando", dijo el mandatario. "Este es el esfuerzo gubernamental más grande de la historia para modificar todas las reglas y regulaciones federales necesarias para apoyar a nuestros ganaderos y a nuestros agricultores".
Trump cuestionó duramente a las cuatro procesadoras, a las que acusó directamente de operar un "monopolio".
"He escuchado todo sobre esto... y dicen que son un grupo muy desagradable, muy difícil de tratar", dijo. "Y le cuestan mucho dinero a nuestros agricultores, y le cuestan mucho dinero a nuestros ganaderos, y le cuestan mucho sufrimiento al público, y no vamos a permitir que esto siga ocurriendo".
Un equilibrio entre la defensa de la industria y la importación
Sin embargo, en el mismo evento, el presidente apuntó sobre una realidad de mercado: los precios de la carne deben reducirse, especialmente con miras a las midterms, y para ello hay que abrir las importaciones.
Durante su alocución, el presidente defendió con firmeza el ingreso de carne extranjera al país. "Viene de Argentina. Viene de Brasil", dijo. "Viene de un par de lugares más. Tenemos a nuestros inspectores allá. Es muy limpia. Es muy buena". No obstante, para tranquilizar a los críticos, Trump insistió en que el volumen de esas importaciones es manejable: "Lo estamos haciendo de una manera muy limitada, porque nuestros ganaderos pueden asumirlo, pero nuestros ganaderos realmente necesitaban un poco de ayuda, y nuestros ganaderos también quieren que los precios bajen".
Y no son palabras aisladas. Días antes, el 26 de agosto, Trump había firmado una proclamación que exime temporalmente de aranceles a las importaciones de hasta 300.000 toneladas de recortes magros de carne, con el objetivo declarado de bajar los precios al consumidor de cara a las elecciones de noviembre. Por un tecnicismo en la redacción de esa norma, los principales beneficiados terminaron siendo Brasil y Paraguay, países con un sector ganadero fuerte y de alta calidad, mientras que Argentina, que ya cuenta con su propia cuota de exportación —ampliada este año a 100.000 toneladas anuales—, quedó fuera de esa exención puntual, aunque continúa exportando bajo su esquema habitual.
Esa decisión de agosto había generado un fuerte rechazo entre ganaderos y legisladores republicanos, que argumentan que las importaciones perjudican a productores que ya trabajan con márgenes ajustados. La propia secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, reconoció esta semana en Iowa que el plan representó un "golpe al estómago" para el sector, aunque también salió a respaldar a Trump como un defensor de los ganaderos. Ethan Lane, vicepresidente de la Asociación Nacional de Ganaderos de Carne Vacuna, había señalado que los productores perdieron decenas de millones de dólares en las últimas semanas, mientras los anuncios sobre importaciones generaban inestabilidad en el mercado.
Las órdenes firmadas el viernes también instruyen al Departamento de Agricultura a reforzar la aplicación de la Ley de Empacadores y Corrales de Ganado, y les ordenan a las agencias revisar las regulaciones vigentes junto con las normas de etiquetado de país de origen. Sobre este último punto, Trump reconoció que la implementación definitiva depende del Congreso: "Entiendo que el Congreso tiene algo que ver con eso. Así que lo vamos a presentar de inmediato. No debería haber ningún problema". Además, la Casa Blanca le ordenará al Departamento del Interior evaluar la posibilidad de retirar al lobo gris de la lista de especies protegidas, una medida reclamada por ganaderos que consideran al animal una amenaza directa para su ganado.
El trasfondo de ambas posturas de la Casa Blanca es una crisis estructural en el sector ganadero. De acuerdo con diversos reportes, el hato ganadero estadounidense se encuentra en su nivel más bajo en 75 años, y el Departamento de Agricultura proyecta una caída de producción cercana al 4% respecto a 2025, atribuida en parte a restricciones sanitarias sobre el ganado mexicano y a la sequía en distintas regiones del país.