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Dictadores en casa, magnates en Occidente: la vida secreta de la cúpula iraní

En el sistema nepotista de Irán es común nombrar a familiares dentro de la vasta burocracia de las organizaciones estatales como bancos, consejos, fundaciones, empresas energéticas, centros de estudios y universidades.

Mojtaba Khamenei (C), hijo del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei

Mojtaba Khamenei (C), hijo del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali KhameneiAFP

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Cualquier dictadura deriva inevitablemente en formas de corrupción. La Revolución iraní de 1979 abolió formalmente la monarquía, pero no logró erradicar el nepotismo, que es la forma de corrupción tribal más antigua del mundo. El marco ideológico de la teocracia perpetuó las relaciones nepotistas, presentándolas bajo justificaciones alineadas con los valores del régimen. El nepotismo iraní persistió y creció, lo que sugiere que más allá de las instituciones “republicanas” formales, el poder reside en redes informales.

El tribalismo de la República Islámica divide a la sociedad de forma binaria: los leales al régimen y los marginados. Los puestos de poder se reservan para quienes han demostrado lealtad. Un estudio revela que la dinámica de la política posrevolucionaria en Irán ha estado fuertemente influenciada por la política informal. Ser descendiente de clérigos, por ejemplo, implica prestigio. El análisis de los lazos familiares entre las élites gobernantes de la República Islámica ofrece claras muestras del círculo de los privilegiados, compuesto por dichos lazos, las credenciales revolucionarias y el linaje clerical que representan las principales vías de acceso al aparato gubernamental iraní y a sus privilegios asociados. El favoritismo nepotista también se extiende a prácticas como beneficiarse de un sistema de cuotas para asistir a universidades, obtener becas estatales para estudiar en el extranjero.

En el sistema nepotista de Irán es común nombrar a familiares dentro de la vasta burocracia de las organizaciones estatales como bancos, consejos, fundaciones, empresas energéticas, centros de estudios y universidades. Como resultado, las familias del régimen acumulan activos y conexiones que influyen en la política iraní, creando una red de alianzas familiares que consolida el poder.

Un ejemplo destacado es la prominente familia Larijani, que ejemplifica la práctica de los matrimonios entre élites clericales. El recientemente eliminado Ali Larijani, expresidente del Majlis, era yerno del ayatolá Morteza Motahhari, expresidente del Consejo Revolucionario. Su hermano, Sadeq Larijani, expresidente del Tribunal Supremo y jefe del Consejo de Conveniencia, está casado con una miembro de la familia del ayatolá Vahid Khorasani, una figura chiíta de gran influencia. Otro hermano, Bagher Larijani, ex rector de la Universidad de Ciencias Médicas de Teherán, es yerno del ayatolá Hasan Hasanzadeh-Amoli, un distinguido filósofo islámico. Además, su hermana se casó con el ayatolá Mostafa Mohaqqeq-Damad, ex director de la Inspección General del Estado.

Esta interconexión se extiende a los nombramientos políticos. Durante su mandato como jefe del Poder Judicial, el ayatolá Sadeq Larijani mantuvo en el poder a otro hermano, Mohammad-Javad Larijani, como viceministro de Asuntos Internacionales y director de la Oficina de Derechos Humanos, lo que demuestra la importancia de los lazos familiares para el ascenso profesional. Este patrón no es exclusivo de la familia Larijani. La familia del ayatolá Jomeini, por ejemplo, ha establecido vínculos matrimoniales con al menos dieciocho familias diferentes, mientras que la familia del ayatolá Jamenei ha forjado lazos de parentesco con al menos nueve familias. Estas alianzas demuestran cómo el matrimonio entre parientes funciona tanto como herramienta para mantener la influencia como mecanismo para perpetuar el nepotismo dentro de las estructuras de gobierno formales.

Los hijos de estas familias aprovechan la influencia y el poder de sus padres o parientes para obtener ventajas económicas o políticas. Esta práctica se ha generalizado tanto que el público iraní ha acuñado el término " aghazadeh" para describirlos.

El término aghazadeh fue usado inicialmente para apuntar a los hijos del difunto expresidente, Ali Akbar Hashemi Rafsanjani, quien una vez apareció en la revista Forbes como un "mulá millonario" con una riqueza personal descomunal. Otro caso es el hijo del exembajador iraní en Venezuela, Sasha Sobhani, que hace alarde descaradamente de su extrema riqueza a sus millones de seguidores en Instagram.

Mucho antes de las últimas crisis sociales iraníes que derivaron en multitudinarias manifestaciones y protestas, el malestar contra los aghazadehs ya era evidente. Las historias sobre la corrupción en las clases políticas popularizaron la serie dramática iraní Aghazadeh que fue un éxito de público ya que abordaba el descontento popular por la flagrante corrupción de los hijos de los poderosos.

La serie contaba la historia de Nima Bahri, un aghazadeh que compra en la casa de subastas Christie's, vuela a Dubái en un jet privado y aspira a ser Gordon Gekko de la película Wall Street. Bahri tiene tanto dinero que se ve obligado a blanquearlo. Una de las formas en que lo hace es mediante la subasta de pinturas falsificadas, un guiño a un hecho real, el evento en la subasta de Teherán en 2018.

Si bien los altos mandos iraníes construyen su relato criticando a Occidente, es un secreto a voces que envían a sus propios hijos a vivir, estudiar y enriquecerse en Europa y Estados Unidos. Un ejemplo clásico de esta doble moral fue la viralización de una fotografía de la nieta del líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Jomeini, ostentando en Europa un bolso de diseñador valuado en miles de dólares.

Sin embargo, el linaje clerical no es el único que exhibe esta impunidad. Otro caso paradigmático de aghazadeh es el de la diseñadora Anashid Hoseini. Poco antes del estallido de las masivas protestas por la muerte de Mahsa Amini, Hoseini desató la furia pública al posar en redes sociales luciendo un bolso que costaba más de lo que un trabajador iraní promedio gana en un año entero. Su posterior boda con Amir Mohsen Moradian (hijo del embajador de Irán en Dinamarca) provocó un escándalo nacional por su costo obsceno.

El hartazgo de la ciudadanía frente a la frivolidad de estos 'hijos del poder' es tal que cuentas de Instagram como Rich Kids of Tehran se volvieron virales al dedicarse exclusivamente a denunciar los privilegios de la joven élite adinerada. Ante la evidencia de que gran parte de esta nueva generación ni siquiera vive en el país que sus padres gobiernan, la indignación popular estalló en las redes bajo el hashtag #Where_is_your_kid? (#¿Dónde Está Tu Hijo?), una campaña masiva que ridiculizó a los políticos del régimen por imponer austeridad y religión en casa, mientras sus herederos disfrutan de una vida de lujos en el extranjero.

Por ejemplo, Mohammad Hossein Shamkhani y su hermano Hassan viven en Dubái y dirigen un imperio naviero que elude las sanciones estadounidenses. Su padre, Ali Shamkhani, es el exjefe de seguridad de la República Islámica y asesor principal del ex líder supremo Jamenei. Justo antes de que estallaran las últimas protestas, Shamkhani se enfrentaba a una tormenta política por la filtración de un vídeo de la boda de su hija, en la que lucía un vestido provocativo, lo que generó acusaciones de hipocresía contra un régimen que asesina mujeres que no siguen los opresivos códigos de vestimenta.

Según un exministro iraní, 5.000 aghazadeh viven en Estados Unidos, el mayor enemigo de Irán, el “Gran Satán”. Ahora, en medio del descabezamiento de los altos mandos iraníes por parte de Estados Unidos, salió a la luz el verdadero tamaño de la fortuna familiar que controla el Estado. El nuevo líder supremo de Irán poseería una docena de propiedades en la capital británica que valen millones de euros, a través de una compleja red de empresas fantasma. El difunto Jamenei acomodó varios parientes en Gran Bretaña y Francia, mientras que la familia del fundador de la revolución islámica, el ayatolá Jomeini, se estableció en Canadá.

Estas propiedades representan sólo una pequeña fracción del imperio financiero controlado por el hijo de Alí Jamenei, un imperio descubierto por una exhaustiva investigación de Bloomberg que indica que Jamenei está involucrado en transacciones que canalizan fondos que provienen de la venta de petróleo iraní a los mercados occidentales. Los fondos han circulado a través de cuentas bancarias en el Reino Unido, Suiza, Liechtenstein y los Emiratos Árabes Unidos.

La cartera incluye, además, una villa en Dubái, hoteles de lujo en Fráncfort y las Islas Baleares, y cuentas bancarias en Suiza. La revelación resulta sorprendente dada la magnitud de las sanciones occidentales contra Irán durante décadas. El propio Mojtaba Jamenei ha sido objeto directo de sanciones por parte del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

Este entramado, diseñado para acaparar un patrimonio millonario, funciona como un sistema de capas ideado para garantizar el anonimato absoluto y burlar las sanciones internacionales. La arquitectura financiera se basa en la creación de sucesivas empresas pantalla en jurisdicciones de opacidad garantizada. Este diseño permite fragmentar la titularidad de los activos a través de bufetes de abogados en Europa, logrando que los fondos procedentes de la venta de petróleo iraní se transformen en activos de lujo en el corazón del continente sin activar las alertas de los reguladores financieros. En el contexto actual, con la presión militar de Estados Unidos, el entramado europeo se vuelve vital para garantizar la supervivencia financiera de la cúpula iraní.

El verdadero poder de estas élites no se limita a sus cuentas en el extranjero, sino que reside en el control absoluto de las entidades económicas más estratégicas del país. Esta fuerza financiera, diseñada para blindar al régimen, se concentra en tres pilares fundamentales. El primero es Setad (EIKO - La Ejecución de la Orden del Imán), un gigantesco conglomerado paraestatal que controla activos valorados en decenas de miles de millones de dólares, acaparando sectores clave como la energía, las telecomunicaciones y la banca. El segundo pilar es la Fundación Astan Quds Razavi; con sede en la ciudad de Mashhad, esta fundación administra vastas extensiones de tierras, empresas industriales y proyectos de infraestructura religiosa. Su total opacidad fiscal y legal la convierte en una herramienta de influencia política y territorial incalculable, más que en una simple fuente de riqueza verificable.

Finalmente, se encuentra la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC). Lejos de ser únicamente una fuerza militar, opera como el mayor holding económico de Irán, garantizando que los multimillonarios beneficios de la ingeniería civil, la construcción y el comercio petrolero sigan fluyendo de manera ininterrumpida hacia quienes sostienen el poder central. En conjunto, este entramado asegura que, incluso en tiempos de sanciones internacionales o de crisis internas, los recursos permanezcan siempre bajo el férreo control estratégico de la cúpula.

Un sistema de supervivencia diseñado para movilizar activos en Londres, Madrid o Dubái y así mantener la lealtad de la Guardia Revolucionaria. Mientras la élite iraní mantiene grandes cantidades de su patrimonio en el extranjero, más de la mitad de la población iraní vive en la pobreza. Pero los “aghazadeh” expusieron esta vida de lujos, corrupción e hipocresía y esto también es una de las causas de la inexorable caída del régimen.

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