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Desmontando los mitos sobre Venezuela y la propaganda pro-Maduro

Mientras Washington intensifica su ofensiva contra el Cartel de los Soles, proliferan en los medios narrativas engañosas que buscan maquillar al régimen venezolano.

Valla de Nicolás Maduro tras el 28 de julio de 2024, día en el que el chavismo cometió un nuevo fraude electoral

Valla de Nicolás Maduro tras el 28 de julio de 2024, día en el que el chavismo cometió un nuevo fraude electoralAFP

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En las últimas semanas, el Ejército estadounidense ha desplegado alrededor de 10.000 efectivos en el Caribe, cerca de las costas de Venezuela, y Estados Unidos ya ha destruido al menos ocho embarcaciones que transportaban drogas en aguas internacionales, dejando más de treinta presuntos narcoterroristas abatidos.

Si se creen en los reportes de la prensa —e incluso las propias palabras del presidente Trump—, parecería que es cuestión de días (o incluso de horas) para que las fuerzas estadounidenses reciban la orden de ir más allá de atacar lanchas y golpear objetivos del cartel dentro de Venezuela.

Mientras tanto, al mismo tiempo que los buques estadounidenses avanzan hacia el Caribe a toda máquina, ha habido una avalancha de afirmaciones engañosas, medias verdades y mentiras descaradas circulando por los medios estadounidenses sobre Venezuela.

Así que, desmintámoslas una por una:

Mito n.º 1: “Las sanciones estadounidenses causaron el colapso de Venezuela”

Ese mito sale directamente del manual de propaganda de Maduro y, como casi todo lo que sale de su boca, es completamente falso.

Puede sonar lógico al principio: Estados Unidos impone sanciones petroleras a un país rico en petróleo y la economía de ese país colapsa.

Pero los datos y las cronologías no cuadran.

Estados Unidos impuso sus sanciones sectoriales más severas contra la industria petrolera venezolana a mediados de 2019, prohibiendo la compra de petróleo a la empresa estatal PDVSA.

Para entonces, Venezuela ya estaba profundamente sumida en su colapso económico. Solo entre 2014 y 2018:

  • El PIB ya se había desplomado más de un 60 %.
  • La hiperinflación alcanzó niveles astronómicos (más del 25.000 % solo en los primeros cinco meses de 2018).
  • El hambre era tan grave que el venezolano promedio perdió 25 libras en 2017.

Luego está la crisis migratoria, la mayor en la historia de las Américas.

Desde 2015, al menos 8 millones de venezolanos han huido de su país debido a la catastrófica crisis humanitaria.

Si bien es cierto que muchos de los que han huido lo hicieron después de las sanciones, la crisis explotó antes de que el Tesoro estadounidense tomara medidas contra Maduro y su séquito.

Según la Organización Internacional para las Migraciones, el número de migrantes venezolanos en las Américas pasó de casi 700.000 a finales de 2015 a más de 2,6 millones en septiembre de 2018.

Por tanto, aunque mucha gente emigró después de las sanciones, sería profundamente engañoso —o simplemente idiota— decir que las sanciones causaron la crisis. Los migrantes ya huían de Venezuela mucho antes.

La narrativa de que Estados Unidos causó el colapso venezolano apela a una sensibilidad genuina del público estadounidense: el temor a las consecuencias imprevistas de los errores de política exterior.

Y precisamente eso la hace tan peligrosa: utiliza la compasión y las buenas intenciones del pueblo estadounidense para defender una dictadura sangrienta.

Mito n.º 2: “Venezuela es la próxima Libia”

Esa comparación —repetida tanto por Hillary Clinton como por algunos sectores de la derecha— suena sofisticada, pero se derrumba al analizar los hechos.

Venezuela no es un mosaico de tribus o sectas en guerra desde hace siglos. Es una nación unificada con un idioma, una fe y una cultura comunes —y lo ha sido por más de doscientos años.

Cuando los venezolanos luchaban por su independencia (y la de media Sudamérica), Libia aún formaba parte del Imperio otomano y no obtendría su independencia de Italia hasta 140 años después.

De hecho, Venezuela ha existido como Estado unificado por más tiempo que muchas naciones europeas modernas, como Italia o Alemania.

Y aquí está lo que muchos olvidan: Venezuela conoce la democracia.

Desde finales de los años 50 hasta los 90, fue una de las democracias más estables y exitosas de América Latina, con elecciones regulares y transiciones pacíficas del poder.

Por eso, cuando los críticos dicen que “la democracia no funcionará allí”, confunden a Venezuela con Irak o Afganistán, países que nunca tuvieron tradiciones democráticas.

Más allá de las falsas equivalencias y de la propaganda chavista, lo cierto es que Venezuela comparte los valores, la fe y el lenguaje político de Occidente. Compararla con Irak es tan miope como los sueños neoconservadores de instaurar una democracia europea a orillas del Éufrates.

Mito n.º 3: “Venezuela goza de estabilidad”

Esta es, probablemente, la mayor operación de lavado de imagen y propaganda que los aislacionistas e izquierdistas han querido vender sobre Venezuela en los últimos días.

Según el periodista Glenn Greenwald —conocido por sus posturas aislacionistas y sus elogios a gobiernos izquierdistas latinoamericanos—, tanto Cuba como Venezuela han tenido “estabilidad” durante décadas simplemente porque no han cambiado de régimen.

Dicha afirmación es tan simplista como irrespetuosa.

Tanto Cuba como Venezuela han sufrido las consecuencias de tiranías socialistas que se apoderaron del poder y repartieron miseria: hambre, falta de servicios básicos, represión despiadada y, lo más grave para Estados Unidos, la creación de un entramado criminal dedicado al narcotráfico y los negocios ilícitos que amenazan la estabilidad regional.

Durante décadas, Washington permitió que Cuba actuara libremente en el hemisferio. Pero el caso venezolano es aún peor: bajo Chávez y, especialmente, Maduro, el país se convirtió en un punto neurálgico del crimen organizado transnacional, colaborando con Hezbolá, las guerrillas colombianas y los cárteles regionales.

Lejos de tener “estabilidad”, Venezuela ha vivido hambrunas, un éxodo masivo que afectó profundamente a sus vecinos y a Estados Unidos, una crisis sanitaria sin precedentes, una criminalidad desbordada y zonas enteras fuera del control estatal —como el Arco Minero del Orinoco, en el estado Bolívar— donde las mafias destruyen ecosistemas para saquear minerales ante la mirada cómplice de Maduro y sus generales.

Entonces, ¿de qué estabilidad hablan? La realidad es exactamente la opuesta: Maduro es un agente de inestabilidad, caos y crimen.

Al deponerlo, podría comenzar una transición que, muy probablemente, permitirá el regreso de millones de venezolanos deseosos de reconstruir su país y reencontrarse con sus familias.

Mito n.º 4: “No hay una alternativa real a Maduro”

También falso.

A diferencia de Irak, la caída del régimen de Maduro no dejaría al país sin liderazgo legítimo.

Existe una líder venezolana —ganadora del Premio Nobel de la Paz— y un presidente electo con la legitimidad necesaria para tomar las riendas del país y conducirlo por la inevitable pero necesaria transición.

El año pasado, bajo el liderazgo de María Corina Machado (inhabilitada para competir), el pueblo venezolano votó abrumadoramente por el diplomático Edmundo González Urrutia en unas elecciones que Maduro robó descaradamente.

Si el régimen se derrumba, González tendrá la autoridad legal y Machado el poder político para iniciar el largo proceso hacia la estabilidad y la democracia.

Por supuesto, los desafíos son muchos: la presencia de grupos criminales extranjeros, la devastación económica causada por 25 años de socialismo chavista y la inevitable turbulencia en el camino de regreso a la libertad.

Pero cualquier análisis serio del futuro de Venezuela debe basarse en la realidad venezolana, no en comparaciones vagas y pseudo-intelectuales sin fundamento en la historia, la cultura y la identidad del país.

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