El "borrado del Holocausto" en la BBC
El medio británico es incapaz de conmemorar como se debe el motivo del Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto: los 6 millones de judíos masacrados por los nazis por la única razón de ser judíos.

Sede de la BBC en Portland Place, Londres
Hace unos 30 años, me encontré con un antiguo colega de la BBC durante un viaje informativo a los Balcanes. Tras pasar la noche bebiendo en un bar local con otros periodistas, volvimos al hotel donde nos alojábamos. Siguió una extraña conversación.
Mi colega me dijo que había pasado mucho tiempo en Jerusalén, una ciudad que yo conocía bien porque mi padre vivía allí. Le pregunté dónde se alojaba cuando estaba en la ciudad.
Me miró con recelo, como si la respuesta fuera tan obvia que no hubiera hecho falta que se la preguntara. "En la Colonia Americana, por supuesto", exclamó, refiriéndose a un bonito hotel gestionado por palestinos en el este de Jerusalén. Luego me dijo que cada vez que aterrizaba en Tel Aviv no veía la hora de llegar al hotel, ya que pasaría a estar entre palestinos y no entre israelíes.
Dijo todo esto sabiendo que yo era judío. Su tono, además, no era hostil ni desafiante. Para él, era todo sentido común, indiscutible y nada objetable.
Aquel encuentro me ha acompañado todos estos años por una sencilla razón: la BBC y su cultura institucional no han cambiado en todo este tiempo.
"Hay una larga tradición en la izquierda de arrebatar a los judíos de su propia tragedia".
Pasé gran parte de la década de 1990 trabajando para la radio-televisión pública británica, tanto en plantilla como por cuenta propia. Allí me topé con el antisemitismo en más de una ocasión, incluida la vez en que un colega me llamó "chico judío" en el contexto de una discusión banal sobre quién debía qué cuando llegaba una comida para el equipo editorial. Nunca se le sancionó por invocar el estereotipo de judío avaro; yo, en cambio, recibí una advertencia formal de un redactor jefe porque, en mi frustración, había empujado a mi agresor cuando se negó a disculparse, preguntándome en cambio dónde estaba mi sentido del humor.
Llama la atención que este incidente ocurriera en una época en la que el conflicto entre Israel y los palestinos era comparativamente menos agudo, y el antisemitismo apenas era el fenómeno social de masas que es hoy. Lo que demuestra es que el desdén hacia los judíos que caracteriza la cobertura actual de la BBC siempre ha estado al acecho en las mentes de demasiados de sus reporteros y productores.
Por supuesto, la BBC es principalmente un problema británico, pero no solo. Gracias a su Servicio Mundial, que fue un auténtico salvavidas durante la Guerra Fría para los residentes del bloque soviético y otros estados autoritarios, ha sido durante mucho tiempo una marca global. Sus ofertas de teatro, música y comedia se encuentran regularmente en plataformas de streaming y cable en Estados Unidos y en todo el mundo, al igual que sus canales de noticias.
A lo largo de la guerra en Gaza, los judíos británicos se desesperaron sin disimulo por la parcialidad de la cobertura de la BBC, junto con su eco de afirmaciones patentemente falsas, como la acusación difamatoria de que las Fuerzas de Defensa de Israel habían atacado deliberadamente al personal médico del Hospital Shifa de la ciudad de Gaza en noviembre de 2023. La semana pasada, sin embargo, su cobertura dio un giro aún más siniestro en un tema que no está directamente relacionado con los palestinos pero que es profundamente relevante para los judíos.
Mientras el mundo conmemoraba el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto el 27 de enero, los presentadores de la BBC en varios programas dijeron a su audiencia que lo que se conmemoraba era el exterminio de "6 millones de personas". No 6 millones de judíos, 6 millones de personas. La omisión equivalía a lo que el filósofo francés Bernard-Henri Lévy denominó "borrado del Holocausto": reconocer que el suceso tuvo lugar sin especificar quién fue el objetivo ni por qué.
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En su disculpa posterior, la BBC no explicó cómo el guión acabó "redactado incorrectamente", de modo que se omitió "judío" entre los términos "6 millones" y "pueblo". Por lo tanto, nos vemos obligados a adivinar el porqué. La respuesta más plausible viene de examinar la cultura que la propia BBC encarna.
Para empezar, hay una larga tradición en la izquierda de arrebatar a los judíos de su propia tragedia. En la Unión Soviética, los monumentos conmemorativos a las víctimas del genocidio nazi se referían a ellas como "ciudadanos soviéticos" y prohibían terminantemente cualquier mención a los "judíos". No es casualidad que esto coincidiera con el agresivo impulso por parte de la Unión Soviética de una política exterior antisionista, que significaba reprimir a los judíos soviéticos a nivel interno estigmatizando su religión, prohibiendo el estudio del hebreo e impidiéndoles hacer aliyah a Israel.
Estas actitudes se han trasplantado a Occidente. En un entorno en el que los judíos son percibidos como blancos privilegiados cuyos primos israelíes han desposeído a una nación indígena, hablar de su victimismo histórico es inútil. Y si usted cree sinceramente que Israel es culpable de genocidio en Gaza, es probable que la discusión sobre el Holocausto le deje un mal sabor de boca. Al fin y al cabo, los medios de comunicación tradicionales, entre los que se encuentra la BBC, no han sido inmunizados contra la estúpida bifurcación opresor/oprimido que distingue a tantas contribuciones políticas en las redes sociales.
O puede que piense que el propósito adecuado del 27 de enero es ahora animar, o incluso obligar, a los judíos a expiar los supuestos crímenes de Israel contra los palestinos; es decir, hacerles a ellos lo que nos hicieron a nosotros.
Cualquiera que sea la motivación, el hecho es que para la BBC el día de conmemoración del Holocausto no puede celebrarse en la forma en que se pretendió originalmente, no sin complicaciones: como una conmemoración de la masacre nazi de 6 millones de judíos por la única razón de que eran judíos. Con su ostensible "error", unido a su aparente negativa a investigar si la omisión fue realmente un error o deliberada, la BBC ha demostrado que puede dejarse llevar por los tropos antisemitas que son cada vez más comunes en el entorno cultural y discursivo en el que vivimos.
Merece la pena señalar que, a diferencia de sus competidores, la BBC recibe la friolera del 65% de sus ingresos mediante el cobro a su audiencia británica del llamado "canon", cuyo precio actual ronda los 250 dólares. Aunque a los directivos de la BBC les molesta que se la describa como una "emisora estatal", lo cierto es que, como institución, no podría sobrevivir sin obligar al público británico a desembolsar dinero para su funcionamiento.
Cada vez son más los británicos, incluidos los que aprecian a la BBC, que están cansados de subvencionar esa parcialidad y creen que la corporación debería verse obligada a mantenerse o caer en el mercado, al igual que otras emisoras. Están, sencillamente, en lo cierto.
© JNS