La confesión de Ahed Tamimi que revela el verdadero objetivo de los palestinos y ridiculiza a ONG y medios internacionales
La joven activista Ahed Tamimi, usada por parte de la prensa internacional y organizaciones como Amnistía Internacional como una ‘modelo chic’ contra la ‘ocupación israelí’, afirmó que su objetivo es perpetrar un genocidio contra los judíos, exponiendo las verdaderas intenciones detrás del habitual relato 'propalestino'.

La activista palestina Ahed Tamimi llama a perpetrar un genocidio contra los judíos
Recientemente, hablando 20 meses después de ser liberada de una prisión israelí como parte de un acuerdo de alto el fuego con Hamás en un podcast en árabe, en un acto de honestidad brutal, la activista palestina Ahed Tamimi declaró que estaba "luchando contra los judíos, no contra el sionismo".
"Mi definición del judaísmo, desde mi infancia, era que este y el sionismo son una misma cosa. No hay diferencia entre los dos", dijo Tamimi, según una traducción del Middle East Media Research Institute (MEMRI).
"Me educaron para creer que el judaísmo es ocupación", continuó la joven de 24 años residente en Nabi Saleh, cerca de Ramala, reconociendo, sin darse cuenta, que fue adoctrinada en el odio. "Hoy, mañana y dentro de un millón de años, seguiré diciendo que el judaísmo debe presentarse a los niños palestinos -de mi edad y menores- como ocupación y que luchamos contra los judíos, no contra el sionismo". Claro, el adoctrinamiento debe seguir, no vaya a ser cosa que en algún momento los palestinos se dediquen a buscar la paz y progresar. Mejor seguir destruyendo y destruyéndose a sí mismos.
"A día de hoy, sigo diciendo que no necesitamos defender el judaísmo. Si un judío no quiere que su religión se defina así [como ocupación], puede unirse a mí en la lucha contra el sionismo", manifestó. No, gracias, Ahed.
Tamimi expresó su esperanza de una tercera guerra mundial con armas nucleares, diciendo al podcast: "Que el mundo sea destruido, no me importa".
"Quien muera, morirá, y quien viva, vivirá. Lo más importante es que acabemos con esto", declaró. "Que lancen bombas nucleares y destruyan el mundo, y entonces no serán solo los palestinos", agregó. Una dulzura. Realmente.
En cuanto a la cobertura mediática internacional del conflicto árabe-israelí, Tamimi dijo que los periodistas "no deberían venir a presentar sus posturas".
"El mundo entero tiene que callarse cuando habla un palestino. Estamos por encima del mundo entero, porque somos los únicos en el mundo que luchamos contra la injusticia, a costa de nuestras vidas y de nuestra humanidad", afirmó. Sí, aparentemente, para Tamimi, las masacres contra cristianos en países de África y Asia, la hambruna, desplazamientos, violaciones y asesinatos que sufren civiles en países como Yemen, Sudán o Siria, entre otros tantos conflictos a nivel mundial, en realidad no están ocurriendo, son solo los palestinos los que sufren. En fin.
Una larga historia de explotación de la ‘cara bonita’ palestina para demonizar a Israel
Una inocente y joven cara bonita con un bello cabello al viento, oprimida por el ejército de una fuerza ocupante que la detiene después de que esta angelical niña se desquitara cacheteando a uno de los soldados sedientos de sangre. Este es, sin lugar a duda, el guion de la película creada por Amnistía Internacional, un movimiento supuestamente encargado de defender los derechos humanos, y buena parte de la prensa mundial.
Ahed Tamimi, la víctima de turno, fue filmada durante su adolescencia abofeteando y pateando a soldados israelíes, al tiempo que incitaba a la violencia contra ellos en la Ribera Occidental. En marzo de 2018, la muchacha, de entonces 17 años, fue condenada a ocho meses de prisión por cuatro cargos de agresión a un oficial y a un soldado de las FDI, incitación a la violencia contra las fuerzas israelíes e interferencia en las operaciones del ejército.
Desde entonces, la joven se convirtió en un ícono de la causa palestina, sirviendo de esta manera a la propaganda antiisraelí, propaganda de la que, como no podía ser de otra manera, se hizo eco buena parte de la prensa occidental y Amnistía Internacional, que exigía que fuera liberada dando a entender que se trataba de una niña inocente que sólo golpeó a soldados porque estaba desesperada.
El caso de Tamimi trasciende el conflicto en Medio Oriente y simboliza algo más alarmante: la creciente aceptación del islamismo en Occidente, donde se extiende una mano complaciente a individuos que promueven ideas de expansionismo, intolerancia y barbarie.
Los pedidos por su pronta liberación estaban a la orden del día y, tras ser excarcelada, su imagen como ícono chic de la resistencia contra la opresión estaba por doquier.
De hecho, esta bella joven blanca de ojos claros incluso llegó a aparecer en la tapa de la revista de moda Vogue de Arabia, con sus rulos al viento y su bonita cara de dulce niña.
Propaganda y marketing a pedido del terrorismo palestino, claro.
Eso sí, su bonito rostro, ideal para adornar la narrativa progre, y toda la parafernalia que siempre la rodeó, no alcanza para tapar su esencia violenta, racista e intolerante. Ni la de ella ni la de su familia.
Robert Spencer, director de Jihad Watch, en un artículo publicado en PJ Media señaló que el padre de Tamimi fue condenado en 2012 por exhortar a jóvenes a arrojar piedras contra tropas israelíes. Su hermano fue condenado en agosto de 2018, dos meses antes de que Ahed se convirtiera en una heroína de Vogue por arrojar piedras a soldados de las FDI. Además, el miembro más famoso de su familia, la tía Ahlam Tamimi, ayudó a asesinar a 16 civiles israelíes en la pizzería Sbarro de Jerusalén el 9 de agosto de 2001. Ahlam recibió múltiples cadenas perpetuas por parte de un tribunal israelí por su rol en aquella masacre, pero fue liberada en 2011 como parte del intercambio de prisioneros por el soldado israelí Guilad Shalit. Luego viajó a Jordania, donde se convirtió en una personalidad de los medios y en una heroína nacional. Desde entonces, Amán ha rechazado todas las solicitudes de extradición presentadas por Estados Unidos, donde figura en la lista de los más buscados del FBI porque entre las personas que murieron en el atentado había ciudadanos estadounidenses.
Ahora bien, como se mencionó, esta joven víctima de cara bonita, de facciones inocentes y de rulos al viento, no es lo que nos han querido mostrar en uno de los tantos intentos de demonizar a Israel y de apalancar el terrorismo islámico.
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“Beberemos su sangre y nos comeremos sus cráneos”
Poco después de la masacre del 7 de Octubre, en un claro apoyo a los terroristas de Hamás, Ahed llamó al genocidio de los judíos. “Nuestro mensaje a los colonos: los estamos esperando en todas las ciudades de la Ribera Occidental, desde Hebrón hasta Yenín. Los masacraremos y dirán que lo que Hitler les hizo fue una broma. Beberemos su sangre y nos comeremos sus cráneos. Vamos, los estamos esperando”, manifestó. Muy angelical.
Tamimi fue arrestada por las fuerzas israelíes el 6 de noviembre de 2023 y encarcelada durante 23 días tras incitar al asesinato de los judíos que viven en la Ribera Occidental.
Tamimi expone qué se esconde detrás del relato 'propalestino'
Esta es Ahed Tamimi, y siempre ha sido así. El adoctrinamiento en el odio que sufren los palestinos desde que nacen genera la perpetuación del conflicto, ya que personas como esta joven crecen deshumanizando a los judíos y apoyando su exterminio, que los vecinos de Israel no dudarían en llevar a cabo si se les permitiera hacerlo, así como el islamismo en el mundo no dudaría en someternos a todos si pudiera.
Sin embargo, en medio de la controversia generada por las recientes declaraciones de Ahed Tamimi en el podcast, donde afirmó que la lucha palestina es contra los judíos y no solo contra el sionismo, emerge un lado inesperadamente positivo: estas palabras desnudan la verdadera esencia de la así llamada causa palestina, que nada tiene que ver con un conflicto territorial. Lejos de ser un movimiento por la justicia o la autodeterminación, se revela como un impulso hacia el asesinato indiscriminado de judíos, anclado en una ideología intolerante y genocida como el islamismo, que busca imponerse por la fuerza no solo a Israel, sino a cualquier disidencia. Lo que comienza con los judíos, como la historia nos ha enseñado repetidamente, nunca termina ahí; es una amenaza que se expande, devorando libertades y vidas en su camino hacia la dominación total.
Tamimi misma desmantela, con sus propias palabras, la narrativa propagandística que la pintaba como una víctima inocente de la ocupación israelí; destruye la imagen falsa que activistas y medios construyeron alrededor de ella. Claramente no es una heroína de la resistencia o la lucha por la libertad, sino una figura impulsada por el antisemitismo y el odio visceral. Invirtieron años y recursos en erigir esa fachada de modelo víctima chic, pero ella la derribó como un castillo de naipes, exponiendo que el núcleo de su activismo no es la paz, sino la erradicación de un pueblo entero.
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Ahora, ¿qué dirán organizaciones como Amnistía Internacional y sectores de la prensa mundial que tanto la respaldaron? ¿Seguirán ignorando estas declaraciones, donde Tamimi expresa deseos de una tercera guerra mundial y supremacía palestina, para continuar fotografiándola como un ícono de la inocencia oprimida? Si optan por el silencio o el apoyo continuado, revelarán su propio rostro hitleriano, alineándose con una ideología de exterminio que Tamimi, al menos, tiene la honestidad de proclamar abiertamente. Sería una confesión implícita de que su defensa de los derechos humanos es selectiva, contaminada por el mismo veneno que critican en otros contextos.
El caso de Tamimi trasciende el conflicto en Medio Oriente y simboliza algo más alarmante: la creciente aceptación del islamismo en Occidente, donde se extiende una mano complaciente a individuos que promueven ideas de expansionismo, intolerancia y barbarie. Al glorificar figuras como ella, pese a sus llamados explícitos a la violencia contra los judíos y su visión supremacista, Occidente no sólo traiciona sus valores de pluralismo y libertad, sino que invita a su propia puerta a una fuerza destructiva que, una vez arraigada, no distinguirá entre aliados y enemigos.