Voz media US Voz.us

Palisades Fire, la tragedia que nació del discurso de la izquierda radical

Una de las cosas más alarmantes que surgen de este caso es la figura de Luigi Mangione, que fue detenido en diciembre de 2024, acusado de asesinar a Brian Thompson, CEO de UnitedHealthcare, de varios disparos en una vereda de Manhattan.

El incendio, uno de los más devastadores en la historia de California, arrasó con más de 9400 estructuras.

El incendio, uno de los más devastadores en la historia de California, arrasó con más de 9400 estructuras.AFP

A finales de abril, la fiscalía federal del Distrito Central de California presentó una acusación ante el Tribunal Federal de Los Ángeles. Es el documento que define la estrategia acusatoria en el caso "United States v. Jonathan Rinderknecht", cuyo juicio comienza el 8 de junio y que describe en detalle cómo un conductor de Uber de 29 años llegó a convertirse, según la acusación, en el autor del incendio más destructivo en la historia de Los Ángeles.

Es por ese memorándum que hoy volvemos a hablar del Palisades Fire, el incendio que en enero de 2025 mató a doce personas, destruyó cerca de 7.000 estructuras, quemó 23.000 acres y desplazó a 150.000 residentes. Los daños se estiman en 150.000 millones de dólares.

Lo que Rinderknecht y su defensa argumentan será evaluado por un jurado. Lo que ya está en el registro público, con nombres, fechas y capturas de pantalla, es el perfil ideológico que la fiscalía construyó del acusado. Y ese perfil hace de este caso algo más que un proceso penal ordinario.

El memorándum presentado revela que el historial de búsquedas de Rinderknecht en diciembre de 2024 incluía los términos "free Luigi Mangione", "lets take down all the billionaires" y "reddit lets kill all the billionaires". El 3 de enero de 2025, dos días después de que presuntamente iniciara el incendio, tomó una captura de pantalla de un artículo sobre Mangione declarándose inocente ante un tribunal.

Los pasajeros que transportó en los turnos del 31 de diciembre y el 1 de enero lo describieron como "angry, intense, driving erratically, and ranting about being 'pissed off at the world'", y sus obsesiones eran Luigi Mangione, el capitalismo y el vigilantismo.

Cuando los investigadores lo entrevistaron el 24 de enero y le preguntaron, en términos hipotéticos, por qué alguien cometería un incendio provocado en Pacific Palisades, Rinderknecht respondió que sería por resentimiento hacia los ricos que disfrutan de su dinero mientras "we're basically being enslaved by them", y comparó ese acto de "desesperación" con el asesinato del que Mangione estaba acusado.

El cuadro que emerge del expediente no es el de un acto impulsivo. La fiscalía documentó que en agosto de 2024 Rinderknecht quemó una Biblia y se lo comunicó a ChatGPT, y que usó esa plataforma como "un confidente y diario". Los fiscales también documentaron que en 2018 había salido a admirar el incendio de Woolsey, que arrasó partes de Los Ángeles y el condado de Ventura, y que le dijo a su novia de entonces que estaba "in awe of it". Meses antes del incendio de Palisades, le pidió a ChatGPT que generara imágenes de personas huyendo de un bosque en llamas. En las horas previas al incendio, escuchó en loop "Un Zder, Un The", una canción de rap francesa cuyo videoclip muestra un tacho de basura ardiendo, mientras grababa videos en Hidden Buddha Hill, el mismo cerro donde los sensores detectaron el punto de ignición a las 12:12 de la madrugada del 1 de enero.

El comunicado oficial del Departamento de Justicia agrega dos datos que terminan de trazar el perfil. Los datos de geolocalización de su iPhone ubican a Rinderknecht parado en un claro a apenas 9 metros del fuego mientras crecía rápidamente, contradiciendo su declaración a los investigadores de que estaba en la parte baja del sendero cuando vio el incendio por primera vez. Y después de huir en su auto pasando junto a los camiones de bomberos que iban en sentido contrario, dio vuelta, los siguió a alta velocidad, volvió a subir el mismo sendero y filmó el fuego y a los bomberos hasta la 1:02 de la madrugada.

También hay un dato que la defensa intentará usar a su favor pero que la fiscalía cita como evidencia de la peligrosidad del acusado: después de enterarse de que estaba siendo investigado, Rinderknecht amenazó con quemar la casa de su hermana.

Una de las cosas más alarmantes que surgen de este caso es la figura de Luigi Mangione, que fue detenido en diciembre de 2024, acusado de asesinar a Brian Thompson, CEO de UnitedHealthcare, de varios disparos en una vereda de Manhattan. Thompson tenía 50 años y dos hijos. En el momento del crimen llevaba un manifiesto en el que describía el asesinato como algo que "tenía que hacerse" y denunciaba la "corrupción y avaricia" de la industria del seguro médico. Las palabras "delay", "deny" y "depose" (una jerga usada por críticos del sector sanitario) estaban grabadas en las balas.

Mangione, de 27 años, se declaró inocente de todos los cargos en ambos procesos que enfrenta, y será juzgado en los próximos meses. Pero lo que ocurrió entre el asesinato de Thompson y el comienzo de esos juicios no fue lo que suele ocurrir cuando alguien mata a sangre fría en plena calle de Nueva York. Mangione se transformó en un ídolo de la izquierda fanatizada y un consentido del progresismo institucional. La posibilidad de que un personaje así genere copistas, fanáticos admiradores y legitimadores de sus causas es altamente peligrosa en una sociedad que ve crecer a pasos agigantados la violencia política.

Para que se entienda la magnitud del fenómeno, hubo periodistas de medios muy importantes que describieron a Mangione como revolucionario e inteligente y dijeron que parecía un hombre moralmente bueno. Las voces "empáticas" con el crimen de Mangione o con sus causas se multiplicaron en medios, en políticos, en profesores universitarios y en las calles. Es el contexto en el que Rinderknecht elaboró su visión del mundo.

Claro que la retórica política o mediática no puede ser la responsable de crímenes aberrantes como provocar un incendio atroz. Nadie tiene responsabilidad penal en lo que Rinderknecht presuntamente hizo. Pero existe una diferencia entre criticar la industria del seguro médico y construir un marco en el que asesinar a su CEO es un acto comprensible, o heroico, o al menos tan moralmente ambiguo que no merece una condena sin matices.

Esa segunda operación es responsable de una intoxicación de la conversación pública tan viral como inaudita. Es la producción activa de una gramática moral en la que la violencia, si apunta en la dirección correcta y contra las víctimas correctas, puede dejar de ser violencia para convertirse en justicia.

Esa gramática no es nueva en la izquierda norteamericana. Durante la violenta temporada del estallido de BLM, en 2020, figuras prominentes del establishment progresista decidieron que la destrucción de propiedad no calificaba como violencia. Editorialistas del New York Times sostenían que destruir propiedad reemplazable "no es violencia" y que usar el mismo lenguaje para ambas cosas "no es moral." Editores de The New Yorker decían que no había tiempo para sermonear a los manifestantes sobre la propiedad. La entonces directora de NPR Katherine Maher admitió que el saqueo era "contraproducente" pero dijo que era difícil indignarse porque las protestas no priorizaron "la propiedad privada de un sistema de opresión."

El expediente de la fiscalía demuestra que Rinderknecht absorbió ese marco de manera documentada, rastreable, con fechas y capturas de pantalla. El lenguaje con el que articuló sus supuestas motivaciones a los investigadores, ese resentimiento contra los ricos, la narrativa de la esclavitud capitalista, la comparación con Mangione, forman parte de un ecosistema ideológico que es muy instrumental para mentes perturbadas y para aquellos cuya catadura moral tiende a culpar a otros del fracaso propio. Esta forma de entender el mundo pasa a ser adquirida y es muy difícil que quienes crecieron creyendo que el mundo les debe algo sean capaces de hacerse responsables de sus acciones. Tal vez ni siquiera entiendan la criminalidad de las mismas.

El discurso de Rinderknecht parece sacado de un manual ya elaborado, ya legitimado, ya circulando en los niveles más visibles del debate público. Y ese manual tiene autores conocidos: políticos que no pudieron o no quisieron condenar el asesinato de Brian Thompson sin agregar un "pero", periodistas que celebraron al asesino como un revolucionario, académicos que lo elevaron a ícono antes de retractarse bajo presión. Ninguno de ellos empuñó un encendedor. Pero todos contribuyeron a construir el mundo en el que Rinderknecht, según la acusación federal, decidió que quemar el barrio de los ricos era un acto de justicia.

Eso es exactamente lo que ocurre cuando un partido político pierde la capacidad de distinguir entre el bien y el mal en función de quién es la víctima. No es un debate filosófico abstracto. Es un expediente judicial con doce muertos.

tracking