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La mano dura de Trump contra los criminales ilegales está salvando vidas

El presidente Donald J. Trump está haciendo lo que la izquierda radical se niega a hacer: poner la seguridad de nuestras familias por encima de los supuestos “derechos” de los criminales ilegales violentos.

Agentes del ICE en un centro de detención/ Timothy A. Clary

Agentes del ICE en un centro de detención/ Timothy A. ClaryAFP

Mientras la administración de Joe Biden y Kamala Harris eligió el caos, la ilegalidad y las fronteras abiertas, el presidente Trump está restaurando el orden — y lo está haciendo con acciones concretas, no con discursos vacíos. Gracias a su liderazgo renovado y su presión implacable, ya estamos viendo resultados: los cruces ilegales en la frontera han disminuido más del 90 % en algunos sectores debido al regreso de políticas de seguridad fronteriza fuertes y a la amenaza de deportación inmediata.

Pero la seguridad fronteriza es solo una parte del problema. Igual de importante es lo que sucede con los criminales extranjeros que ya se encuentran dentro del país.

Desde MS-13 hasta Tren de Aragua, el presidente Trump ha lanzado una ofensiva agresiva y continua para identificar, detener y deportar a los criminales ilegales más peligrosos operando en los Estados Unidos. Estas pandillas trafican con drogas, personas y muerte. No vienen por el sueño americano—vienen a destruirlo.

Bajo la dirección del presidente Trump, miles de criminales ilegales ya han sido detenidos por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) o han sido deportados, incluyendo asesinos convictos, violadores, depredadores de menores y miembros de cárteles.

La ofensiva contra MS-13 ha logrado arrestos de alto perfil en estados como Nueva York, Texas y California, con fuerzas especiales incautando armas, drogas y desmantelando redes de tráfico humano.

El Tren de Aragua, una pandilla transnacional venezolana conocida por su violencia extrema ha sido oficialmente designada como amenaza prioritaria por agencias alineadas con el presidente Trump. Las detenciones han aumentado, las deportaciones se están acelerando y la cooperación entre ICE, el departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, y la policía local se ha reactivado con fuerza.

A diferencia de la administración Biden-Harris — que entregó brazaletes electrónicos y abogados a migrantes vinculados a cárteles de droga — el equipo del presidente Trump trata a los criminales ilegales por lo que son: amenazas a la seguridad nacional que no merecen indulgencia.

El presidente Trump no está esperando otra tragedia para actuar. Está exigiendo, y en muchos casos logrando, que ICE y la Patrulla Fronteriza regresen a un modo de cumplimiento total — arrestando y deportando criminales, eliminando los vacíos legales de las ciudades santuario, y respaldando a los oficiales con los recursos y la autoridad que necesitan.

Seamos claros: esta es una guerra contra el crimen, no contra los inmigrantes. Los inmigrantes legales —especialmente los hispanos — apoyan estos esfuerzos, porque sabemos que nuestras familias, nuestros vecindarios y nuestros hijos son los más expuestos cuando MS-13 o Tren de Aragua se infiltran bajo el pretexto de buscar asilo.

Esto se trata de proteger a nuestro país. Punto.

La izquierda puede llorar por el “debido proceso” para los criminales extranjeros todo lo que quiera. Pero el presidente Trump está del lado de las víctimas: de las mujeres agredidas en ciudades santuario, de los jóvenes apuñalados en parques, de las familias destrozadas por el fentanilo distribuido por pandillas ilegales.

Solo hay un hombre que se toma en serio limpiar este desastre — y ya lo está haciendo.

El presidente Trump no solo promete acabar con la violencia. Ya la está combatiendo. Cada criminal deportado, cada pandilla desmantelada, y cada cruce ilegal impedido es una vida salvada, una comunidad más segura.

El pueblo estadounidense merece vivir en paz. El presidente Trump está cumpliendo.

Bob Unanue sirve como asesor principal de America First Works y presidente del Hispanic Leadership Coalition (Coalición de Liderazgo Hispano). Él sirvió como presidente de Goya Foods y Goya Cares, y se desempeñó como productor ejecutivo de la película Sound of Freedom.

Jorge Martínez es asesor principal y director nacional de enlace hispano en America First Works. Anteriormente, se desempeñó como secretario de prensa en el Departamento de Justicia de los Estados Unidos.

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