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¿Cuál fue el costo total del 11-S? Estados Unidos lleva 25 años pagando la factura

En este nuevo aniversario del ataque terrorista que cambió la historia, un periodista y politólogo del Manhattan Institute intentó responder la siguiente pregunta: ¿Cuánto le costó realmente el 11-S a Estados Unidos?

Bomberos combaten un foco de incendio durante el 11-S/ Ann Ronan Picture Library

Bomberos combaten un foco de incendio durante el 11-S/ Ann Ronan Picture LibraryPhoto12 via AFP

Joaquín Núñez
Publicado por

Se cumplen 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001. En cuestión de horas, 19 terroristas de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones, estrellaron dos contra las Torres Gemelas de Nueva York y otro contra el Pentágono. Un cuarto avión cayó en Pensilvania después de que los pasajeros intentaran recuperar el control de la aeronave, logrando desviarlo de su objetivo inicial. En este nuevo aniversario del ataque terrorista que cambió la historia, un periodista y politólogo del Manhattan Institute intentó responder la siguiente pregunta: ¿Cuánto le costó realmente el 11-S a Estados Unidos? 

Robert VerBruggen es un periodista y politólogo que recientemente publicó en el City Journal un artículo titulado “The Staggering Financial Cost of 9/11”.

Para hacerlo, VerBruggen propone un cálculo dividido en cinco categorías: las vidas que se perdieron en los atentados, los problemas de salud que aparecieron con el tiempo, el golpe inmediato a la economía, el aumento del gasto en seguridad y las demoras en el transporte, y el costo de la política exterior que adoptó Estados Unidos después del 11-S.

El costo total de los atentados del 11 de septiembre

2.977 personas perdieron la vida como consecuencia directa de los ataques de Al- Qaeda. Los terroristas también destruyeron miles de millones de dólares en propiedades, paralizaron el transporte aéreo estadounidense y provocaron pérdidas económicas que se extendieron mucho más allá de la Ciudad de Nueva York.

No obstante, el costo del 11-S no terminó con los daños causados aquel día. La respuesta de la Administración Bush transformó el gasto en seguridad nacional, los controles aeroportuarios y la política exterior del país. La guerra de Afganistán, la invasión de Irak y la creación de nuevas agencias convirtieron un ataque terrorista de unas pocas horas en una factura económica que todavía se sigue pagando.

En diálogo con VOZ y a modo de resumen, VerBruggen afirmó que, si bien no existe un método “perfecto” para calcular los costos de los atentados, “las estimaciones conservadoras sitúan los costos a corto plazo por encima de los 100 mil millones de dólares en valores actuales, mientras que los costos a largo plazo incluyen un billón de dólares tanto para la seguridad nacional como para la guerra en Afganistán”.

“Si se quiere ampliar el alcance, por ejemplo, incluyendo los futuros costos de atención médica para los veteranos a los que un país se compromete cuando entra en guerra, los intereses de la deuda contraída, la guerra en Irak, etc., las estimaciones pueden alcanzar fácilmente billones más”, añadió.

En su artículo en el City Journal, VerBruggen separó las consecuencias del 11-S en cinco categorías. Algunas corresponden a los daños inmediatos de los atentados, mientras que otras reflejan los costos que Estados Unidos asumió durante los años posteriores.

Las vidas perdidas

La primera categoría del análisis es también la más difícil de traducir a términos económicos. Se trata de las vidas humanas.

Las agencias federales estadounidenses utilizan una medida conocida como Valor Estadístico de una Vida (VSL) para realizar análisis de costo-beneficio. No significa que exista un precio para una vida humana, sino que intenta calcular cuánto está dispuesta a pagar la sociedad para reducir pequeños riesgos de muerte.

Según detalla VerBruggen, el valor estimado de 2025 era de aproximadamente 5,5 millones de dólares por vida. Multiplicado por las 2.977 víctimas del 11-S, el resultado supera los 16.000 millones de dólares.

Las consecuencias sanitarias: unos $30.000 millones

Miles de personas que estuvieron expuestas a los ataques, así como quienes participaron en las tareas de rescate, recuperación y limpieza en Nueva York, sufrieron problemas de salud durante los años siguientes.

Un ejemplo es el exgobernador de Nueva York George Pataki, que recientemente reveló que hace cinco años fue diagnosticado con una enfermedad respiratoria relacionada con su exposición al polvo tóxico en la denominada 'Zona Cero' durante los ataques.

En respuesta, el Gobierno federal creó programas de compensación y atención médica para quienes sufrieron las consecuencias de los atentados. Entre ellos estuvieron el Fondo de Compensación para las Víctimas del 11-S, destinado a compensar a personas que sufrieron lesiones o enfermedades vinculadas a los atentados, y el Programa de Salud del World Trade Center, que brinda atención médica y seguimiento a socorristas, trabajadores de limpieza y otras personas expuestas.

Según el análisis de VerBruggen, el Fondo de Compensación para las Víctimas terminó otorgando cerca de 22.000 millones de dólares expresados en dólares de 2025, en compensaciones por lesiones. A esto se suman más de 8.000 millones destinados al World Trade Center Health Program y a la versión anterior del programa.

En conjunto, el autor estima en unos 30.000 millones de dólares el costo de las compensaciones y la atención médica vinculadas a las consecuencias sanitarias del 11-S.

Para evitar contar dos veces el mismo costo, el cálculo excluye las compensaciones correspondientes a las personas asesinadas durante los ataques, ya contabilizadas en la estimación del valor económico de las vidas perdidas.

El daño económico a corto plazo

Tras los ataques, el espacio aéreo del país quedó cerrado y los viajes en avión y el turismo se desplomaron. El impacto se sintió especialmente en las aerolíneas, los hoteles, los restaurantes y otros negocios vinculados al transporte y al turismo.

Distintos estudios analizaron el efecto de los atentados sobre el Producto Interno Bruto (PIB) estadounidense. Entre ellos, el 'Total Economic Consequences of Terrorist Attacks: Insights from 9/11' estimó pérdidas de entre $80.000 millones y $160.000 millones, expresadas en dólares de 2025, al considerar el impacto de los ataques y las interrupciones que provocaron en la actividad económica.

La mayor parte de ese impacto se concentró durante los dos años posteriores a los atentados y estuvo relacionada con la caída de los viajes aéreos y del turismo.

Esta estimación mide, por lo tanto, la actividad económica que se perdió como consecuencia de los atentados, y es diferente de los daños materiales provocados por la destrucción de las Torres Gemelas y otros edificios.

El gasto en seguridad nacional

Una de las consecuencias más duraderas del 11-S fue el fuerte aumento del gasto federal en seguridad nacional.

Después de los atentados, el Gobierno estadounidense creó el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA), entre otras instituciones, y destinó enormes recursos a prevenir nuevos ataques.

El Congreso votó en 2002 para crear el DHS y el primer secretario fue Tom Ridge, entonces gobernador de Pensilvania. En la Cámara, el proyecto avanzó con 295 votos a favor y 132 en contra, mientras que en el Senado lo hizo con 90 a favor, 9 en contra y una abstención.

Para este tópico, VerBruggen se planteó la siguiente pregunta: ¿cuánto habría gastado Estados Unidos en seguridad si los atentados nunca hubieran ocurrido?

Al tratarse de un escenario alternativo, el autor siguió las hipótesis de otros estudios como 'Homeland Security Spending since 9/11', de Anita Dancs, que supone una tasa de crecimiento anual del 3% para construir esa línea de base. Luego compara ese gasto hipotético con el gasto real y la diferencia representa el gasto adicional generado por la respuesta al 11-S.

El resultado fue de casi $1 billón de dólares entre 2001 y 2017, a valores de 2025

A su vez, el gasto público no fue la única consecuencia económica de la nueva arquitectura de seguridad. Después del 11-S, la seguridad aeroportuaria pasó a estar bajo responsabilidad federal a través de la TSA. El autor también señala que los controles más estrictos aumentaron los tiempos de espera de los pasajeros.

La factura de la guerra

La última categoría es también la más difícil de atribuir directamente al 11-S: la política exterior estadounidense.

La relación más clara está en Afganistán. Estados Unidos lanzó la guerra en octubre de 2001, pocas semanas después de los atentados, para combatir a Al Qaeda y al régimen talibán que había dado refugio a Osama bin Laden.

Según las estimaciones del Pentágono utilizadas por el autor, el costo directo para los contribuyentes de la guerra de Afganistán alcanzó 1,2 billones de dólares hasta el año fiscal 2024, ajustados por inflación.

El caso de Irak es más discutible. Aunque la invasión de 2003 formó parte de la política exterior estadounidense posterior al 11-S, no fue una represalia directa por los atentados. Por eso, VerBruggen considera más debatible atribuir ese gasto al ataque.

Aun así, las estimaciones del Pentágono sitúan el costo directo de las guerras de Irak y Siria en otros 1,2 billones hasta el año fiscal 2024.

“Lo hacemos bajo la sombra del 11-S”

La cuenta del 11-S no terminó con la caída de las Torres Gemelas ni con el fin de las operaciones de rescate. La respuesta de Estados Unidos transformó su política de seguridad y exterior durante las décadas siguientes, generando costos que todavía hoy siguen acumulándose.

Según resumió VerBruggen, desde aquel día todo pasa por el lente del 11-S: "Nos involucramos en guerras en las que, de otra manera, no habríamos participado, y gastamos sumas considerables en medidas de seguridad destinadas a prevenir ataques similares en el futuro". 

"Cada vez que pensamos en cómo manejar un conflicto en el extranjero, y cada vez que volamos de un lugar a otro aquí en Estados Unidos, lo hacemos bajo la sombra del 11 de septiembre", sentenció. 

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