Sam Altman ofrece proteger la red eléctrica de EEUU con IA, meses después de que los propios agentes de su empresa protagonizaran un hackeo sin precedentes
Todo arrancó el 20 de julio, días después de que Hugging Face anunciara públicamente el ataque a sus servidores, pero antes de que OpenAI reconociera que sus propios agentes fuera de control habían sido los responsables.

Sam Altman, CEO de OpenAI, en una imagen de archivo
Casi al mismo tiempo que OpenAI reconocía que cientos de sus agentes de inteligencia artificial habían hackeado sin autorización la plataforma Hugging Face, la empresa también tocaba puertas en el sector energético estadounidense para ofrecer sus servicios y ayudar a proteger la red eléctrica del país frente a ese mismo tipo de amenaza.
Estas reuniones fueron confirmadas por Politico en un reporte exclusivo, que reveló una serie de reuniones entre OpenAI y ejecutivos de las principales eléctricas del país, dos de ellas hasta ahora desconocidas públicamente.
Todo arrancó el 20 de julio, días después de que Hugging Face anunciara públicamente el ataque a sus servidores, pero antes de que OpenAI reconociera que sus propios agentes fuera de control habían sido los responsables. La reunión más reciente ocurrió el miércoles, cuando Sam Altman se presentó ante directivos del sector durante el encuentro anual del Edison Electric Institute, en Colorado Springs.
En ese evento, Altman explicó cómo su empresa intenta evitar que sus modelos más avanzados terminen siendo usados para atacar la infraestructura eléctrica, y presentó una alternativa Daybreak, una nueva iniciativa de ciberseguridad de OpenAI valuada en $1.000 millones y pensada para corregir vulnerabilidades en sistemas críticos. Entre los temas de la agenda también estuvo la seguridad de los centros de datos y su impacto directo sobre la propia red eléctrica que los alimenta.
Duke Energy, Exelon, Southern Co. y NextEra Energy fueron algunas de las compañías presentes en el encuentro. Ninguna de las cuatro respondió a las consultas de Politico sobre qué ofreció Altman y cómo piensan responder a la propuesta. Días antes, OpenAI ya se había reunido con Dominion Energy y Southern California Edison, dos firmas que juntas dan servicio a más de la mitad de la población de Estados Unidos, para hablar puntualmente del despliegue de Daybreak. Tampoco ellas quisieron hacer comentarios.
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John McCarrick, jefe de política energética global de OpenAI, reconoció ante Politico que el sector enfrenta límites propios a la hora de invertir en tecnología.
"Entendemos que las empresas eléctricas son distintas a los grandes bancos: no pueden simplemente decidir gastar mucho dinero en tecnología, porque tienen ciertas restricciones", dijo, en referencia a las trabas regulatorias que enfrentan estas compañías para recuperar ese tipo de gastos a través de tarifas.
De hecho, según Politico, las propias empresas eléctricas presentan ciertas limitaciones en sus inversiones tecnológicas “debido a restricciones regulatorias sobre la recuperación de esos costos a través de aumentos de tarifas e incentivos”. Esta situación debe resolverse antes de seguir adelante.
Una industria que advierte sobre sí misma
Estas conversaciones con las eléctricas se suman a un cuadro mucho más amplio, que viene documentándose especialmente en los últimos meses. El propio ataque a Hugging Face, ocurrido en julio, involucró a 1.200 agentes de IA que llegaron a comunicarse entre sí a través de un sistema no diseñado para eso, de los cuales 688 terminaron uniéndose activamente al hackeo. Los agentes lograron acceso a internet pese a las restricciones impuestas por sus propios creadores, obtuvieron credenciales filtradas, ejecutaron código en decenas de servidores y hasta llegaron a coordinarse como un "enjambre", repartiéndose tareas entre sí.
Apenas unos días antes de que se conociera el episodio de las reuniones con las eléctricas, dos publicaciones en X protagonizadas por investigadores de OpenAI y Anthropic se volvieron virales por advertir sobre el riesgo de que la IA termine representando una amenaza existencial para la humanidad. Jacob Coxon, quien trabajó en ambas compañías, anunció su renuncia asegurando que "las personas que están construyendo IA creen sinceramente que podría matarnos a todos para finales de la década". Evan Hubinger, líder del equipo de pruebas de seguridad de Anthropic, le dio la razón y afirmó que, según su percepción, existe más de un 10% de probabilidades de que la IA extinga a la humanidad.
Ambas publicaciones se suman a una lista de renuncias que ya lleva más de dos años dentro de las principales empresas del sector, desde Jan Leike en OpenAI en 2024 hasta Mrinank Sharma en Anthropic este año, y que en 2026 sumó otras 14 salidas de altos cargos solo dentro de OpenAI.
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A fines de agosto, más de 130 empresas tecnológicas, entre ellas OpenAI, Anthropic, Google y Microsoft, firmaron una carta abierta advirtiendo sobre una inminente ola de ciberataques impulsados por IA, y llamando a reforzar con urgencia la protección de hospitales, plantas de agua y otra infraestructura crítica. Apenas días después, OpenAI presentó GPT-6 Astra, su modelo más potente hasta la fecha, el primero en alcanzar el nivel más alto de su propia escala de riesgo en ciberseguridad.
Las reuniones con las eléctricas encajan, entonces, dentro de un terreno fangoso, mientras la industria de la IA reconoce en público que atraviesa uno de los momentos de mayor riesgo de su historia reciente y sus propias empresas se posicionan al mismo tiempo como la solución frente a esos riesgos, incluso cuando parte de ellos nació de sus propios productos.