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Justicia contra el terrorismo islámico: un comandante talibán que secuestró a un periodista estadounidense es condenado a 42 años de cárcel

Los hechos que sustentaron la acusación de la Fiscalía Federal se remontan al año 2008, cuando Najibullah coordinó la captura de David Rohde.

El periodista David Rhode abraza a su sobrino tras ser liberado en 1995.

El periodista David Rhode abraza a su sobrino tras ser liberado en 1995.STUART CAHILL / AFP.

Andrés Ignacio Henríquez

El sistema judicial de los Estados Unidos ratificó su firmeza en la persecución del extremismo islámico transnacional.

Un tribunal federal del distrito de Manhattan sentenció este martes a 42 años de cárcel al comandante talibán Haji Najibullah, tras haber admitido su culpabilidad en los cargos de toma de rehenes y suministro de apoyo material para la ejecución de actos terroristas contra objetivos occidentales.

La resolución judicial pone fin al proceso penal contra el líder insurgente, quien reconoció formalmente haber respaldado de manera logística y operativa a células yihadistas enfocadas en el exterminio de las tropas de los Estados Unidos en el extranjero.

Durante la lectura del fallo, la jueza de la Corte de Distrito, Katherine Polk Failla, enfatizó la severidad de las acciones del imputado, señalando que la conducta de Najibullah estuvo marcada por una "brutalidad casual" y el uso sistemático de la "tortura psicológica" contra ciudadanos indefensos.

Los hechos que sustentaron la acusación de la Fiscalía Federal se remontan al año 2008, cuando Najibullah coordinó la captura de David Rohde, entonces corresponsal del New York Times, quien realizaba labores de investigación en la región para la publicación de un libro.

Junto al reportero norteamericano, las fuerzas talibanes interceptaron a un periodista local, Tahir Ludin, y a su conductor, Asadullah Mangal, trasladándolos hacia zonas controladas por la insurgencia en territorio pakistaní.

De acuerdo con los expedientes presentados por el Ministerio Público, el comandante acusó falsamente a los civiles de realizar labores de espionaje, sometiéndolos a interrogatorios forzados sobre sus entornos familiares.

Para minar la resistencia de los cautivos, las facciones bajo su mando los obligaron a visualizar filmaciones propagandísticas de ejecuciones y decapitaciones.

Los captores intentaron instrumentalizar a los secuestrados con el fin de exigir el pago de rescates y forzar la liberación de prisioneros de guerra islámicos. El grado de hostigamiento quedó registrado en piezas audiovisuales de coacción donde se forzó a Rohde a suplicar por su vida mientras era encañonado con una ametralladora.

Tras siete meses de cautiverio, Rhode y Ludin lograron evadir la seguridad del recinto trepando los muros con cuerdas improvisadas, refugiándose luego en un puesto militar.

Responsabilidad en la muerte de soldados estadounidenses

A pesar de que la representación legal del acusado solicitó una pena reducida de 18 años argumentando supuestos remordimientos y un rango intermedio dentro de la estructura jerárquica del movimiento radical, la Fiscalía Federal abogó por la máxima severidad debido al amplio prontuario de sangre de la organización.

Las autoridades vincularon directamente a la facción de Najibullah con una emboscada perpetrada en 2008 en la que murieron tres efectivos de las Fuerzas Armadas estadounidenses y un intérprete afgano, cuyos cuerpos fueron posteriormente mutilados e incendiados por los milicianos.

El propio periodista víctima del secuestro compareció en la sala de audiencias para honrar la memoria de los soldados caídos en servicio, catalogando la privación de libertad de civiles como "un crimen cruel y cobarde".

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