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ANÁLISIS

El cardenal Cupich y dos órdenes de monjas demandan a Illinois a días de que una ley sobre muerte asistida entre en vigor

La ley EOLOA, firmada por el gobernador JB Pritzker en diciembre de 2025, permite a adultos con un pronóstico de seis meses o menos pedir medicación letal con el aval de dos médicos.

Una monja consulta el programa de las Vísperas solemnes-Imagen de Archivo

Una monja consulta el programa de las Vísperas solemnes-Imagen de ArchivoAFP.

Carlos Dominguez
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El cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago, dos congregaciones de monjas y un farmacéutico de Illinois han pedido a un tribunal federal que frene la End-of-Life Options for Terminally Ill Patients Act (EOLOA), la ley estatal de opciones al final de la vida, antes del 12 de septiembre, fecha en la que empieza a aplicarse. 

Según informó Life News, la demanda, Carmelite Sisters for the Aged and Infirm v. Prince, la presentó el 3 de septiembre la Fundación Becket en el Distrito Norte de Illinois. Junto a Cupich figuran las Carmelitas de Ancianos y Enfermos, las Hermanitas de los Pobres de la provincia de Chicago y Luke Vander Bleek, dueño de una farmacia en Morrison. Demandan a cargos del Departamento de Salud Pública, del de Regulación Profesional y del de Asuntos de Veteranos.

Qué exige la ley y por qué la impugnan

La ley EOLOA, firmada por el gobernador JB Pritzker en diciembre de 2025, permite a adultos con un pronóstico de seis meses o menos de vida pedir medicación letal, con el aval de dos médicos. 

Los demandantes no solo se niegan a recetar el fármaco letal. Dicen que la norma también les obliga a informar al paciente de ese derecho, a tramitar que reúna los requisitos y a derivarlo a quien sí lo dispense, y que a un farmacéutico objetor le exige servir la receta o enviarlo a otra botica. Quien se niegue se expone a multas. También alegan que la definición de coacción es tan ancha que podría castigar un mensaje pastoral contrario al suicidio.

Cuidar, no acelerar la muerte

Cupich sostuvo que el Evangelio pide acompañar al enfermo hasta la muerte natural y no empujarlo al suicidio. "El Evangelio nos llama a defender la dignidad y el valor inviolables de la persona humana, desde el primer instante de la vida hasta su fin natural". El cardenal también rechazó que el Estado les haga partícipes de la muerte asistida. "Como católicos, nos oponemos a los intentos de socavar esa dignidad empujando a nuestros hermanos y hermanas hacia el suicidio".

La priora de las Carmelitas, Mary Rose Heery, dijo que sus residentes "llegan en el momento más frágil de sus vidas" y que Illinois no puede sustituir esa promesa de acompañamiento por "ayuda para morir". Vander Bleek afirmó que se hizo farmacéutico para curar, no para adelantar la muerte.

Por su parte, la Fundación Becket escribió en X: "Primero Nueva York. Ahora Illinois. Otro Estado intenta forzar a monjas y a otros ministerios católicos de salud a traicionar su fe facilitando el suicidio asistido; y esta vez Illinois amenaza con castigarlos por proclamar su misión de afirmar la vida".

No es el único frente

El de Cupich es al menos el tercer recurso federal. En agosto, el obispo de Springfield, Thomas Paprocki, un centro luterano y varios médicos cristianos lograron una medida cautelar limitada: el Estado aceptó no forzar a esas partes a derivar pacientes hasta que el juez resuelva. Esa protección no se extiende automáticamente a las monjas de Chicago ni a Vander Bleek. Hay otra demanda previa de activistas de la discapacidad.

El 12 de septiembre la ley entra en vigor para el resto del sistema sanitario de Illinois salvo que un tribunal lo impida. El caso de Cupich pide precisamente esa pausa. Hasta ahora, el docket no muestra un fallo de fondo. Faltan pocos días y la objeción de conciencia católica sigue sin una red que cubra a todos los que han demandado.
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