ENTREVISTA
Bajo una fachada progresista, la mayoría de los estudiantes "ocultan sus verdaderos valores y creencias"
Un 73% de los más de 1.400 consultados por Forest Romm y Kevin Waldman fingieron, incluso frente a sus amigos cercanos, posturas más de izquierda que las que realmente profesan. Los investigadores conversan en exclusiva con VOZ.

Protesta en la Universidad de Michigan
"Los estudiantes están adaptando o modificando sus opiniones para complacer lo que creen que los profesores esperan de ellos", afirma Forest Romm, investigadora detrás de un estudio que reveló que un 88% de estudiantes universitarios alguna vez fingió posturas más progresistas para tener éxito académico y social.
Más "impactante", más "triste" le pareció descubrir que "la gente siente la misma presión incluso en sus relaciones más íntimas y de mayor confianza". Un 73% de los más de 1.400 consultados respondió sentir desconfianza en las conversaciones íntimas con amigos y cerca de la mitad aseguró ocultar habitualmente sus creencias en relaciones íntimas por miedo a reproches ideológicos.
"Resulta que muchos de los profesores expresan lo mismo a puerta cerrada", añade Kevin Waldman, coautor del estudio. Waldman comenzó a encuestar a alumnos en la Universidad de Michigan en 2023, tras notar, dice, "una gran desconexión" nacida de la performance de los alumnos en las aulas —para obtener mejores grados— y la supuesta ideología predominante en el campus a ojos de los medios y las propias universidades.
"Alrededor del 73% de los estudiantes consultados ocultaron sus verdaderos valores y creencias, incluso en sus amistades más cercanas"
Tres años y miles de consultados más tarde —primero solo en Michigan, luego en Northwestern—, Romm y Waldman publicaron sus hallazgos en una opinión en The Hill, titulada El postureo moral se ha convertido en una amenaza para la educación superior. "En los campus universitarios actuales, los estudiantes no están madurando, solo se están adaptando", escribieron. "Bajo una fachada de eslóganes progresistas y postureo moral se esconde una silenciosa crisis psicológica, impulsada por las exigencias de la conformidad ideológica".
Las reacciones comenzaron a llegar, con algo de "pushback" (de estudiantes, dice Waldman, "radicalizados"). "Mucha gente se ha puesto en contacto con nosotros para agradecernos lo que estamos haciendo", contrapone. Respuestas positivas sobre todo del profesorado, a quien, a veces, le resulta "difícil" expresar su apoyo públicamente. Lo muestran, dice Waldman, a puerta cerrada.
La honestidad como revolución
"Es triste ver que, cuando les dices a los estudiantes que pueden ser ellos mismos, que no vas a usar su nombre, que no vas a convertirlo en algo personal, que nadie sabrá qué te han contado… se nota en ellos un gran alivio y al final les gusta y quieren seguir hablando".
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Del miedo a perder amigos a la falta de pensamiento crítico
Ambos coinciden en que las consecuencias son múltiples. Por un lado, están las repercusiones personales: "Tienen mucho miedo de perder amistades por ser cancelados, y esto es algo que nos parece alarmante y que debería ser llevado a la atención de quienes dirigen el sistema".
"Los jóvenes realmente no están desarrollando habilidades de pensamiento crítico porque, en cierto modo, están siendo entrenados para interiorizar y luego repetir los argumentos progresistas", agrega Romm. "No están adquiriendo la experiencia de examinar pruebas, sopesar puntos de vista contradictorios, averiguar qué piensan por sí mismos, y eso crea, diría yo, una especie de indefensión aprendida".
Al no desarrollar pensamiento crítico, según la misma, se vuelven "extremadamente susceptibles" a ideologías radicales. A nivel grupal, asimismo, este comportamiento "está atrofiando la cohesión social y haciendo que las personas desconfíen realmente unas de otras, lo que las vuelve muy paranoicas y cada vez más aisladas".
Afinando el problema: las opiniones forzadas
¿Preguntaron si los alumnos fingían, también, a veces, posturas conservadoras? Dicen que no, porque "en nuestra experiencia no vimos ningún argumento conservador en ninguna clase de ninguna universidad".
"Preguntaríamos aquello si no fuese que en nuestra experiencia como estudiantes no hemos conocido a ningún profesor ni estudiante que en el campus defienda nada remotamente parecido a una visión conservadora, por lo que el interrogante nos parece irrelevante", asegura Romm. ¿Ni uno? "Ni uno".
Waldman afirma que el problema es que exista "una ideología que se impone en las aulas, lo cual nos parecería igual de grave si se tratara de un argumento o una ideología de derechas". "El problema es que se imponga, no qué lado del espectro político".
87% de los encuestados creía en un modelo binario de género
Una de las consecuencias del pensamiento impuesto, aseguran, es la brecha entre lo que se piensa y lo que se dice que se piensa. "La discrepancia entre las creencias privadas y públicas es realmente impactante", asegura la investigadora.
"Creo que otro dato realmente sorprendente para mí fue que el 87% de los encuestados creía en privado en un modelo binario de género", dice. "Porque el discurso sobre la ideología de género se ha vuelto extremadamente rampante y axiomático en los campus y en la política de los Estados Unidos... en todas nuestras instituciones, básicamente".
Según sus averiguaciones, aquel 87% citado por la investigadora también se identifica como heterosexual. Sólo un 9% expresó cierta apertura a la idea del género fluido. Un 7% aceptó la idea del género como un espectro amplio.
"Si miras al Partido Demócrata, parece que todo el mundo cree en la fluidez de género y piensa que el género es un espectro, pero en privado, nueve de cada diez expresarán lo contrario", afirma Romm.
'Paternalismo' con los hispanos
"No vamos a tomar partido en ese tema [partidista]", afirma la autora del estudio, realizado por el nuevo laboratorio de investigación psychFORM, "pero hay una tendencia en nuestro programa de educación superior en general a descartar esto". "Es una especie de actitud paternalista y condescendiente, como si dijeran: 'Bueno, ellos no saben realmente lo que es mejor para ellos'".
"Lo digo porque todo el mundo debe ser honesto, incluidas las personas inmigrantes que tienen opiniones más conservadoras, que quieren que se les tome en serio y se merecen que se les tome en serio", aconseja. Waldman aporta:
"Es injusto poner a un estudiante inmigrante en una posición en la que se ve obligado a asumir un papel acorde a una ideología impuesta. Esto les impide explicar su experiencia real. Por su parte, los estudiantes estadounidenses que están en clase con ellos no pueden aprender realmente de su experiencia, porque ni siquiera pueden oirla".