"Sin mi nombre, no hay renovación": la junta del Centro Kennedy vota su cierre inmediato mientras Trump condiciona su futuro
"Si el fallo es negativo, lo cual no debería ocurrir, y no es revertido por la Corte Suprema de Estados Unidos, la reconstrucción y la renovación del Centro Kennedy no se llevarán a cabo", afirmó el presidente.

El exterior del John F. Kennedy Center se ve desde el Georgetown Waterfront en Washington, D. C.
La junta directiva del Centro Kennedy, integrada casi en su totalidad por miembros designados por el presidente Donald Trump, votó para cerrar de inmediato el centro de artes escénicas más importante de Washington, citando su "grave" estado financiero y estructural. La decisión llegó apenas horas después de que un juez federal rechazara el último intento de la junta por agregar el nombre del presidente a la fachada del edificio.
El presidente Trump reaccionó rápidamente a través de una publicación en Truth Social, donde dejó en claro que la renovación del centro dependerá de que su nombre finalmente quede grabado en el edificio, una medida que rápidamente levantó críticas en la capital por parte de sus adversarios demócratas.
"El cierre se llevará a cabo de inmediato; sin embargo, la renovación y reconstrucción, que es un trabajo muy grande y complejo, no podrá comenzar hasta que la Corte de Apelaciones del Circuito de D.C. se pronuncie sobre el nombre aprobado por la Junta", dijo Trump. "Si el fallo es negativo, lo cual no debería ocurrir, y no es revertido por la Corte Suprema de Estados Unidos, la reconstrucción y la renovación del Centro Kennedy no se llevarán a cabo".
El mandatario recordó en el mismo mensaje que dio su propio aporte financiero al centro: "Mientras tanto, se depositaron $17 millones, recaudados por el presidente Trump, en la cuenta del Centro Kennedy para mantenerlo a flote".
El cierre se produjo tras un colapso parcial de una sección del techo en el Gran Vestíbulo del centro, ocurrido este mes, en una situación que dejó claro el deterioro estructural del centro.
Según un borrador de resolución de la junta, tanto un consultor de construcción como el director del recinto consideraron que el edificio principal es inseguro para seguir siendo ocupado en este momento, siendo potencialmente peligroso para el público o los propios empleados.
Sin embargo, no es la primera vez que pasa algo así. Desde febrero, esta es la tercera votación de la junta para cerrar el centro por dos años completos de obras, y en las tres ocasiones la representante Joyce Beatty, demócrata de Ohio e integrante de la junta por su cargo, salió a impugnar la decisión en tribunales, argumentando que nunca se hizo el estudio técnico necesario para respaldar semejante medida.
La disputa con Beatty superó hace rato el terreno legal. Según una fuente que participó de la última reunión virtual de la junta, Trump y Beatty terminaron discutiendo prácticamente a los gritos. Él la acusó de ser una "obstruccionista" incapaz de resolver nada, ella le respondió que su actitud era poco profesional, y ambos se cruzaron acusaciones de incompetencia. La misma fuente relató que Trump llegó a insinuar, sin ninguna evidencia, que el juez del caso, Christopher Cooper, estaba parcializado porque su esposa, abogada, había representado en el pasado al expresidente Joe Biden, y sugirió que resultaba sospechoso que ella no usara el apellido de su marido.
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Mientras tanto, el fallo de Cooper que desató el asunto fue bastante contundente. El juez sostuvo que la junta no tiene autoridad para instalar homenajes a Trump, ni a nadie más, sin el visto bueno del Congreso, y calificó el intento como una violación directa tanto de una orden judicial previa como de una ley federal vigente. También puso en duda el argumento financiero que venía usando la junta para presionar por el cambio de nombre.
Según escribió, nunca se presentó "ninguna prueba de que las donaciones actuales o futuras dependan de que el nombre del presidente Trump esté en el edificio", ni evidencia de que quitarlo afectaría la misión artística que el centro viene cumpliendo desde hace sesenta años. De hecho, planteó que la evidencia apunta en sentido opuesto, pues, mientras se intentó impulsar el cambio de nombre, varios artistas cancelaron presentaciones, la Ópera Nacional de Washington terminó una residencia de 50 años en el lugar, y tanto la venta de entradas como la audiencia de los Kennedy Center Honors cayeron.
Beatty celebró el fallo.
"La ley es sumamente clara: el Centro John F. Kennedy lleva el nombre del presidente Kennedy, y de nadie más. Pero el presidente Trump está teniendo como rehén al Centro Kennedy, a menos que pueda poner su nombre en este monumento sagrado", dijo.
Desde la propia institución, sin embargo, confirmaron que van a apelar mediante una declaración de la vicepresidenta de relaciones públicas del centro, Roma Daravi: "Tenemos la intención de apelar el fallo de la corte de hoy y avanzar con el reconocimiento de las contribuciones históricas del presidente Trump para la revitalización del Centro Cultural de Estados Unidos".