ANÁLISIS
El Pentágono admite escasez de municiones por la guerra de Irán y llama a acelerar la producción
El Informe del inspector general al Congreso apunta que, para hacer frente a las carencias y a los retrasos, el Departamento de Guerra está “trabajando para agilizar los procesos de adquisición y los plazos de producción, y para acumular reservas de materiales críticos, componentes y municiones seleccionadas”.

Panorámica del Pentágono-Imagen de Archivo
El Departamento de Guerra (DOW) reconoció este lunes, en un informe al Congreso, que aplastar la capacidad militar de Irán ha exigido un consumo masivo de munición y ha puesto al límite la velocidad a la que la industria de defensa puede reponer los arsenales.
El documento habla de “escasez estratégica” y subraya que sostener una guerra seria contra el régimen iraní exige fabricar más y más rápido: acelerar las líneas de producción ya activas, aliviar los cuellos de botella de la base industrial e integrar a aliados para compensar el desgaste de los inventarios estadounidenses.
El documento, el primero de su tipo sobre la Operación Furia Épica (OEF), estima el coste de la campaña en $33.400 millones a 29 de junio: 7.400 millones en obligaciones incrementales, 22.300 millones en munición gastada y 3.700 millones en pérdidas de equipo. No incluye la reparación de infraestructuras. El recuento operativo del informe cubre hasta el 30 de junio.
La magnitud del gasto en munición refleja la intensidad sin precedentes de la campaña. En las primeras 24 horas de la guerra, el 28 de febrero, EEUU atacó más de 1.000 objetivos en Irán, según ha detallado el Centcom.
"Cuellos de botella en la base industrial"
El informe identifica varios factores que explican la dificultad para reponer los arsenales. “El gasto en municiones de la OEF ha provocado escasez en los inventarios estratégicos y ha revelado cuellos de botella en la base industrial para la reposición de municiones”.
Los cuellos de botella persistentes, según Adquisiciones y Sostenimiento, están en motores de cohete sólido, explosivos y propelentes de alto grado y la falta de mano de obra industrial cualificada. Ampliar capacidad, según el informe, exige “un tiempo de preparación significativo”.
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La situación encaja con la petición de suplemento de emergencia que la Casa Blanca envió al Congreso el 24 de junio: $87.600 millones, de ellos $67.100 para el Departamento de Guerra, en buena parte para la OEF. El 21 de julio, el secretario Pete Hegseth advirtió en el Capitolio que, sin ese extra, podría haber "déficits críticos" para pagar a la tropa, reponer equipo y munición y sostener operaciones globales.
Para hacer frente a las carencias y a los retrasos, el Pentágono está “trabajando para agilizar los procesos de adquisición y los plazos de producción, y para acumular reservas de materiales críticos, componentes y municiones seleccionadas”, indicó el informe.
Trump: “Más armas sofisticadas y de élite
Este lunes, una vez dado a conocer el informe del inspector general, Trump escribió en Truth Social que Estados Unidos está produciendo “más armas sofisticadas y de élite que en ningún otro momento de nuestra historia”.
En el mismo mensaje sostuvo que esas armas “se entregan a diario a nuestras fuerzas en Oriente Medio y en otros teatros”, que las fábricas de defensa “trabajan 24 horas al día, 7 días a la semana” y que, al mismo tiempo, las compañías construyen de media “entre 4 y 5 plantas nuevas de gran escala cada una”.
El presidente situó el eje de esa producción en los Patriot, los sistemas THAAD, los Tomahawk y otros misiles Standard, “de los que ya tenemos grandes cantidades en inventario”.
Un alto coste material y logístico
En cuanto a la flota aérea, el balance es el siguiente: cuatro cazas F-15 destruidos, un F-35 dañado, siete aviones cisterna KC-135 dañados o destruidos y hasta 30 drones de ataque MQ-9 Reaper abatidos.
En términos humanos, el informe confirma que, hasta el 30 de junio, siete militares estadounidenses habían muerto en acción, otros siete en incidentes no hostiles y 417 habían resultado heridos en combate, cifras que, lejos de mostrar debilidad, reflejan una campaña sostenida en territorio hostil sin recurrir a una movilización masiva de tropas sobre el suelo iraní.
El balance, aunque limitado en el tiempo, refleja un conflicto de baja intensidad en términos de vidas estadounidenses, pero de alto coste material y logístico.