Engaños deliberados, mitos propagados y secretos enterrados: así el Pentágono fabricó la mitología OVNI en EEUU
Un pequeño grupo de investigadores del Pentágono encontró que el Gobierno federal realizó una campaña de desinformación masiva contra ciudadanos estadounidenses.

Vista aérea del Pentágono en Washington, DC
Durante décadas, la mitología en torno a los OVNIS despertó pasión tanto dentro como fuera de Estados Unidos. Muchos testimonios de militares retirados, vídeos de ciudadanos de objetos voladores peculiares y extraños; películas, shows de televisión y, especialmente, el secretismo del Gobierno de los Estados Unidos alimentó teorías sobre la tecnología alienígena, la famosa Área 51 o la creencia de que la humanidad no está sola.
El año pasado, durante el masivo “avistamiento” de OVNIS que se difundieron en redes sociales, muchos políticos republicanos denunciaron la poca transparencia demostrada por el Gobierrno federal, alimentando aún más la creencia de que las instituciones son poco honestas, opacas y que están, de hecho, ocultando lo que sabe sobre estos objetos voladores no identificados. De acuerdo con una investigación del Wall Street Journal, muchos de estos republicanos tenían razón, el engaño existió, aunque quizás no como muchos pensaban.
Así se fabricó la cultura pop sobre los OVNIS
Según el WSJ, el Gobierno de los Estados Unidos, específicamente el Pentágono, no solo encubrió información sobre fenómenos aéreos no identificados, sino que fabricó deliberadamente los mitos sobre vida extraterrestre que se empezaron a difundir ampliamente en la década de los ochenta. ¿El objetivo? Proteger programas ultrasecretos de desarrollo de armamento estratégico, especialmente de naves de primer nivel, durante la Guerra Fría y la etapa más tensa contra la Unión Soviética.
El reportaje, escrito por los periodistas Joel Schectman y Aruna Viswanatha, pone en evidencia una red de desinformación inédita que se remonta a la década de 1950 y que alcanzó niveles insólitos e insospechados en los años ochenta. Según el WSJ, uno de los casos más emblemáticos ocurrió en Nevada, cerca del Área 51, donde un coronel de la Fuerza Aérea entregó a un bar local fotografías supuestamente auténticas de platillos voladores.
Las imágenes, colgadas en las paredes del bar, alimentaron los mitos sobre OVNIS por varias generaciones. Por supuesto, lo que no sabían los lugareños, los clientes esporádicos y, ni siquiera, el dueño del bar era que aquellas fotos habían sido manipuladas digitalmente por el Gobierno federal y que aquella operación de desinformación tenía un simple objetivo por debajo de la mesa: distraer la atención del público de los ensayos con aeronaves furtivas como el F-117 Nighthawk, un avión que en aquel entonces parecía, sin exagerar, una máquina de otro mundo.
Ese episodio, confirmado por el propio oficial al Pentágono en 2023, fue apenas uno entre muchos, según pudo encontrar un pequeño equipo de investigadores del Departamento de Defensa: la Oficina de Resolución de Anomalías de Todos los Dominios (AARO, por sus siglas en inglés).
Esta oficina, creada por el Congreso y liderada por el científico Sean Kirkpatrick, descubrió que por años algunas unidades militares realizaban rituales de iniciación donde los nuevos oficiales eran “informados” sobre la existencia de algunos proyectos ultrasecretos de ingeniería inversa de tecnología alienígena. A estos oficiales, muy crédulos y propensos a impresionarse, se les entregaban imágenes de supuestas naves con sistemas antigravedad y les ordenaban no hablar, ni siquiera con sus familiares, del tema, debido a la alta confidencialidad del asunto. Muchos no solamente creyeron el relato, sino que algunos aún lo siguen creyendo.
Kirkpatrick, un físico especializado en vibraciones láser y exjefe científico del Centro de Inteligencia de Misiles y Espacio, fue reclutado por llamada en 2022 para liderar AARO. Su oficina, que contó con un acceso sin precedentes a programas clasificados, halló que muchos casos de desinformación eran deliberados y fabricados por el Pentágono: documentos falsificados, reportes ambiguos y, especialmente, una estructura burocrática enorme que escondía programas secretos dentro de otros programas secretos.
Uno de los hallazgos más importantes de AARO fue el caso del capitán Robert Salas, quien en 1967 estaba a cargo de un silo de misiles nucleares en Montana. Según el capitán, por aquellos años, un objeto volador brillante se posó sobre la base que cuidaba y, minutos después, todos los misiles quedaron desactivados. Si bien este caso fue interpretado en los informes durante años como una presunta intervención alienígena, la investigación de AARO encontró que se trató de una prueba secreta del Gobierno donde se usaron generadores de pulsos electromagnéticos diseñados para simular los efectos de un ataque nuclear sin detonar una bomba real.
Los impulsos electromagnéticos desactivaron los sistemas de guía y control, exponiendo las fallas de seguridad del sistema nuclear estadounidense, pero el personal nunca fue informado del asunto debido a lo delicado de los hallazgos. Sin embargo, este secreto trastocó la vida de Salas, quien hasta ahora sigue creyendo que fue testigo de una intervención extraterrestre.
En parte, el capitán no se equivoca: todo lo que vivió aquel día y en los años posteriores fue producto de un encubrimiento.
Según el Wall Street Journal, además de ocultar estos detalles por décadas, el Pentágono también omitió intencionalmente estos hallazgos en su informe público de 2024, luego de que la Fuerza Aérea solicitara no incluir esta información que pudiera comprometer programas activos, provocar escándalos internos o incluso trastocar la imagen de las instituciones.
Kirkpatrick se retiró antes de que ese informe fuera finalizado.
Sin embargo, consultada por el WSJ, la portavoz del Departamento de Defensa, Sue Gough, confirmó que se prevé un segundo volumen del informe histórico que incluirá muchos descubrimientos, incluyendo evidencia de materiales falsificados, encubrimientos y la revelación de estas presuntas bromas institucionalizadas que se salieron de control.
Mientras el informe, con más detalles, se sigue redactando, el escepticismo con respecto a las instituciones crece. Esta, es una batalla de confianza que parece perdida para el Gobierno federal, que ahora debe admitir que, durante años, realizó una campaña de desinformación masiva contra ciudadanos de su propio país para ocultarles programas secretos. Volver de eso, luce muy difícil.