Rubio en Manila con tres frentes abiertos
Rubio llega a Manila para participar en la 59ª Reunión de Ministros de Exteriores de la ASEAN.Es su primer viaje a Filipinas como secretario de Estado, y llega en un momento en el que Washington tiene múltiples intereses en la región.

Marco Rubio en la Base Conjunta Andrews, en Maryland/ Brendan Smialowski
Marco Rubio llega a Manila para participar en la 59ª Reunión de Ministros de Exteriores de la ASEAN y los foros conexos: la Conferencia Ministerial Posterior a la ASEAN, la reunión de cancilleres de la Cumbre de Asia Oriental y el Foro Regional de la ASEAN. Es su primer viaje a Filipinas como secretario de Estado, y llega en un momento en el que Washington tiene múltiples intereses en la región: al mismo tiempo que sostiene el conflicto con Irán, necesita convencer al Sudeste Asiático de que sigue siendo el socio de seguridad de referencia frente a una China que presiona cada vez más en el mar que considera su propio patio trasero. Además de sus encuentros con la ASEAN, Rubio tiene previsto reunirse con sus pares del Quad (Estados Unidos, India, Japón y Australia), el mecanismo pensado como contrapeso a la influencia china en la región.
El mar de China Meridional, el problema que no envejece
El tema de fondo de esta cumbre, que empuja a Rubio, a Wang Yi y a buena parte del bloque a Manila, es la disputa marítima entre China y varios países de la ASEAN, sobre todo Filipinas. La reunión llega apenas días después de que se cumplieran diez años del fallo de la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya que en 2016 rechazó de manera contundente la base legal de la "línea de nueve trazos" con la que Pekín reclama la soberanía sobre casi todo el mar de China Meridional. China nunca reconoció ese laudo, lo sigue calificando de "ilegal, nulo y sin fuerza vinculante", y acusó a Washington de usarlo como excusa para trabar las negociaciones sobre un código de conducta regional que lleva más de dos décadas sin cerrarse.
Un análisis reciente expone el problema estructural del bloque: de los catorce países que firmaron una declaración conjunta el 12 de julio para conmemorar el fallo, solo Filipinas es miembro de la ASEAN. Ni siquiera Vietnam, el país con más en juego frente al avance chino sobre nuevos arrecifes en las islas Paracelso, se sumó. La razón, según ese texto, es estructural: la ASEAN funciona por consenso, y como varios de sus miembros, Camboya y Laos en particular, dependen económicamente de Pekín, el bloque no logra desde 2012 una postura unificada frente a China.
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En ese marco tenso, el canciller chino Wang Yi llegará a Manila para la reunión de cancilleres China-ASEAN y se espera que se reúna al margen del encuentro con su par filipina, Theresa Lazaro. Sería el primer contacto de ese nivel entre ambos países desde 2024, en momentos en que Manila se ha vuelto cada vez más frontal en su rechazo a los reclamos chinos sobre las aguas en disputa.
Myanmar, la guerra civil que la ASEAN no logra frenar
El segundo conflicto que atraviesa la cumbre es la guerra civil en Myanmar, que desde el golpe militar de 2021 acumula más de 8.100 muertos y unos 22.500 detenidos, según la Asociación de Asistencia a los Presos Políticos. El plan de paz de cinco puntos que la propia ASEAN propuso en 2021 no logró detener la violencia, y el bloque mantiene excluidos de sus reuniones de más alto nivel a los líderes de la junta militar. Aun así, este mes los cancilleres de la ASEAN se reunieron en Bangkok con el ministro de Exteriores birmano, Tin Maung Swe, el primer contacto de ese tipo en cinco años, lo que generó críticas de organismos de derechos humanos por considerarlo una legitimación de las autoridades militares sin concesiones a cambio. La canciller filipina Theresa Lazaro salió a responder: "No fue, ni debe interpretarse erróneamente como, un abandono del consenso de cinco puntos", y agregó que "el camino hacia la paz solo puede lograrse mediante una diplomacia firme con todas las partes en conflicto".
La guerra en Irán llega hasta Manila
El tercer frente no pertenece a la región, pero la golpea de lleno: la guerra en Irán, recrudecida en la última semana, amenaza el estrecho de Ormuz. El Sudeste Asiático, con más de 680 millones de habitantes y fuerte dependencia energética de Oriente Medio, ya siente el impacto: el presidente filipino Ferdinand Marcos Jr. declaró en marzo la emergencia energética nacional para asegurar combustible, alimentos y otros bienes esenciales. Según distintas versiones periodísticas, los cancilleres de la ASEAN prevén emitir una declaración conjunta pidiendo la reapertura segura del estrecho.
Para el Departamento de Estado el desafío de esta cumbre no es solo diplomático sino de atención dividida. La guerra con Irán absorbe buena parte de la energía de la Casa Blanca, y eso alimenta dudas sobre cuánto puede realmente dedicarle Washington al Indo-Pacífico, aunque el mar de China Meridional y Taiwán sean, en el papel, prioridades declaradas de la Administración. Rubio llega con un mensaje sólido: definió a la ASEAN como la principal vía de interacción con la región y enmarcó el viaje como la demostración de "resultados tangibles" de la asociación con el bloque, además de una oportunidad para "profundizar la asociación integral" con Filipinas. El presidente filipino Ferdinand Marcos Jr. ya tiene agendado un encuentro bilateral con Rubio, aunque todavía no confirmó ni la fecha exacta ni los temas puntuales que se tratarán.
El Ministerio de Exteriores ruso no descartó el encuentro: "Se está estudiando una reunión entre Lavrov y Rubio en el marco de los eventos de la ASEAN en Manila", dijo la portavoz María Zajárova, y el Kremlin recibió con buenos ojos esa posibilidad. El último contacto directo entre ambos había sido en septiembre pasado, en los márgenes de la Asamblea General de la ONU. La última vez que los tres cancilleres coincidieron en el mismo evento fue en julio de 2025, en la reunión de la ASEAN en Kuala Lumpur.
Rubio no cerró la puerta a posibles encuentros con el canciller chino Wang Yi o con el ruso Serguéi Lavrov: "Estaríamos dispuestos a reunirnos con ellos", dijo, aunque evitó adelantar contenidos: "Jamás les diría en una rueda de prensa qué temas trataríamos en reuniones como esa. Son asuntos delicados". Sobre el vínculo con Pekín, eligió un tono conciliador pese a la tensión de fondo: reconoció que entre "dos países grandes y poderosos" siempre habrá "puntos de fricción" y "cosas en las que no estemos de acuerdo", pero remarcó que naciones con ese peso tienen la responsabilidad de sostener el diálogo, "se lo debemos mutuamente, a nuestros pueblos y al mundo". El comentario llega apenas días después de que el propio Donald Trump acusara a Beijing de injerencia en las elecciones estadounidenses. En ese contexto, la destreza diplomática de Rubio será puesta a prueba como nunca.
Qué es la ASEAN y por qué el consenso es, a la vez, su fortaleza y su límite
Cada año, el país que ejerce la presidencia rotativa organiza este encuentro ministerial ampliado, al que se suman como "socios de diálogo" Estados Unidos, China, Rusia, la Unión Europea y otros. Es, en los hechos, uno de los pocos foros del mundo donde las tres grandes potencias comparten agenda, aunque sea de manera informal.
Fuera de la diplomacia de conflicto, la cumbre también refleja por qué el Sudeste Asiático pesa cada vez más en el tablero tecnológico. La región vive una carrera de infraestructura de inteligencia artificial, donde Singapur, Malasia, Tailandia, Indonesia y Vietnam compiten por energía "firme" y agua para sostener centros de datos cada vez más grandes, en una disputa que ya generó protestas locales por el uso de recursos hídricos. Esa misma digitalización acelerada vuelve a la región un terreno fértil para ataques de IA generativa contra la confianza financiera frente a lo cual la ASEAN todavía no tiene un mecanismo regional unificado de respuesta.