La última artimaña de Hamás: abandonar el Gobierno, pero conservar las armas
Hamás no está desmantelando su ala militar. No está entregando sus armas. No está disolviendo su aparato de seguridad. No está poniendo fin a su estructura de mando. Miles de empleados y simpatizantes de Hamás seguirán además integrados en las instituciones de la Franja de Gaza

Los manifestantes enarbolan banderas del grupo militante palestino Hamás
Casi tres años después de la masacre del 7 de octubre de 2023 y más de seis meses después de que el plan de paz de 20 puntos del presidente Donald J. Trump exigiera la desmilitarización completa de la Franja de Gaza, Hamás ha anunciado que va a disolver su órgano de gobierno de facto y está dispuesto a ceder la autoridad a un comité de tecnócratas palestinos.
A primera vista, el anuncio parece representar una concesión importante. Pero no lo es. Se trata simplemente del último intento de Hamás de engañar a la comunidad internacional para que crea que está cumpliendo con los requisitos de la iniciativa de paz de Trump, al tiempo que conserva lo que más le importa a la organización terrorista: su poder militar.
La cuestión clave no es quién ocupa los cargos ministeriales en la Franja de Gaza. La cuestión clave es quién tiene las armas.
Según el propio admisión, sus departamentos y miles de empleados permanecen en su sitio. Y lo que es aún más importante, Hamás afirma que seguirá supervisando la seguridad y el orden público en las zonas que aún están bajo su control.
En otras palabras, Hamás abandona el Gobierno, pero no el poder. No ha cambiado nada esencial.
Hamás no está desmantelando su ala militar. No está entregando sus armas. No está disolviendo su aparato de seguridad. No está poniendo fin a su estructura de mando. Miles de empleados y partidarios de Hamás también seguirán integrados en las instituciones de la Franja de Gaza.
Sin estas medidas, disolver un comité de gobierno no es más que un gesto cosmético.
Mientras Hamás conserve sus fuerzas militares, cualquier futura administración civil en la Franja de Gaza operará bajo la sombra de las armas de Hamás.
Ningún gobierno tecnocrático puede funcionar de forma independiente mientras una organización terrorista armada siga siendo la fuerza más poderosa sobre el terreno.
El ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Gideon Sa'ar, reconoció el peligro."La estratagema de Hamás es sencilla", escribió. "La aparente disposición de Hamás a dar cabida a un Gobierno tecnocrático tiene como objetivo impedir su propio desarme".
Sa'aradvirtió que Hamás pretende replicar el modelo de Hezbolá en la Franja de Gaza: una administración civil se encargaría de la recogida de basuras, los servicios públicos, la reconstrucción y los salarios, mientras que Hamás seguiría siendo la fuerza militar dominante. Él señaló que "mientras Hamás conserve sus armas, cualquier Gobierno civil funcionará, por supuesto, según lo dicte Hamás".
Esa valoración va al corazón de la estrategia de Hamás.
El grupo terrorista está intentando replicar el modelo de "Estado dentro de un Estado" de Hezbolá en el Líbano. Según ese modelo, un gobierno civil gestiona los asuntos cotidianos del país, mientras que la organización terrorista conserva su ejército independiente, su aparato de inteligencia y el poder para decidir sobre cuestiones de guerra y paz.
Las consecuencias para el Líbano han sido catastróficas. Aunque los sucesivos gobiernos libaneses gobernaron formalmente el país, Hezbolá siguió siendo el verdadero poder, utilizando su vasto arsenal y el respaldo iraní para dominar la vida política y arrastrar repetidamente al Líbano a guerras destructivas con Israel.
Hamás parece estar aplicando ahora exactamente la misma fórmula en la Franja de Gaza. Quiere que sean otros quienes reconstruyan hospitales, colegios, carreteras y viviendas, restablezcan los servicios básicos y paguen los sueldos de los funcionarios, mientras Hamás reconstruye discretamente su capacidad militar, recluta combatientes, restaura su red de túneles, fabrica cohetes, y se prepara para otra masacre al estilo del 7 de octubre contra Israel.
Esto no es paz ni estabilidad. Se trata simplemente de externalizar las responsabilidades civiles mientras se preserva la maquinaria de la yihad (guerra santa).
Tampoco es la primera vez que Hamás recurre a este tipo de tácticas.
En 2014, tras firmar otro acuerdo de reconciliación con la facción de Fatah de Mahmud Abás, Hamás acordó de forma similar acordó ceder la administración de la Franja de Gaza a un gobierno de unidad palestino compuesto por tecnócratas. En aquel momento se creía que ese acuerdo reduciría el control de Hamás sobre Gaza. En cambio, Hamás mantuvo el control total sobre sus fuerzas militares y sus organismos de seguridad.
El gobierno de unidad nunca ejerció una autoridad real. El resultado era previsible. Hamás siguió siendo el principal gobernante de la Franja de Gaza, mientras que otros (la Autoridad Palestina y la comunidad internacional) asumían la responsabilidad de la administración y los servicios públicos.
Doce años después, Hamás está intentando repetir exactamente la misma fórmula. La historia debería servir de advertencia. La comunidad internacional ha aceptado repetidamente las promesas de Hamás al pie de la letra. Se ha convencido una y otra vez de que Hamás se estaba volviendo más pragmático, más responsable y más interesado en gobernar que en luchar. Muchos responsables políticos y analistas políticos israelíes y occidentales creían que Hamás buscaba principalmente la estabilidad económica, la reconstrucción y períodos de calma.
Esas suposiciones se derrumbaron el 7 de octubre de 2023, cuando Hamás llevó a cabo la masacre de judíos más mortífera desde el Holocausto.
La lección debería haber sido obvia. Hamás ha utilizado repetidamente los alto el fuego, los esfuerzos de reconstrucción y las iniciativas diplomáticas para reforzar sus capacidades militares.
El último comunicado de Hamás merece ser analizado desde la misma perspectiva.
Si Hamás deseaba de verdad renunciar al poder, ¿por qué esperar hasta ahora? ¿Por qué no disolverse antes de que la Franja de Gaza sufriera una destrucción catastrófica? ¿Por qué no apartarse hace años para ahorrar a los palestinos los enormes costes humanos y económicos de otra guerra?
La respuesta es sencilla.
Hamás está actuando porque se enfrenta a una presión internacional cada vez mayor para que cumpla el plan de paz de Trump, cuyo requisito fundamental es la desmilitarización completa de la Franja de Gaza.
Al anunciar la disolución de su comité de gobierno, Hamás espera dar la impresión de que está cumpliendo con sus obligaciones, al tiempo que traslada la presión diplomática a Israel.
El mensaje que Hamás quiere que el mundo escuche es sencillo: "Hemos cumplido con nuestra parte. Ahora Israel debe cumplir con la suya".
Se trata de una hábil estrategia de relaciones públicas. Sin embargo, no cumple el requisito fundamental del plan de Trump. La cuestión nunca ha sido quién ocupa los cargos de gobierno. La cuestión es si Hamás sigue existiendo como organización terrorista armada.
Mientras Hamás siga armado, ningún gobierno civil podrá funcionar de forma independiente. Mientras Hamás mantenga a miles de empleados leales integrados en todas las instituciones de Gaza, cualquier nueva administración corre el riesgo de convertirse en poco más que una fachada tras la cual Hamás siga gobernando desde las sombras.
El analista político palestino Ahmed Fouad Alkhatib escribió el 6 de julio:
"Los incesantes titulares sobre que Hamás "pone fin a su gobierno" en Gaza y "se prepara para ceder el control" no son más que otra artimaña y una cortina de humo disfrazada de concesión por parte del grupo terrorista, que no tiene la más mínima intención de renunciar al poder real ni de desarmarse. Anuncios similares a este se han producido con frecuencia en el pasado.
"La dimisión del jefe del llamado "Comité de Emergencia", o la fachada de gobierno de Hamás tras el 7 de octubre, no es más que la destitución de una figura decorativa. Sus funciones ya han sido asumidas discretamente por otro administrador "provisional" de Hamás, mientras todo el mundo finge esperar a que el NCAG, el Comité Tecnocrático entrante, tome el relevo. Hamás ya ha anunciado que su personal administrativo y técnico seguirá trabajando hasta la llegada del NCAG, plenamente consciente de que el nuevo órgano de gobierno de transición carecerá de la capacidad, el personal o la infraestructura necesarios para gestionar Gaza. Este es el plan de Hamás: reciclar su aparato actual y existente en la nueva administración que se espera que surja del proceso de transición de la Administración Trump, supervisado por la Junta de Paz.
"Lo que estamos viendo es la aplicación chapucera de una estrategia prevista desde hace tiempo: Hamás pasa del control directo a gobernar de forma indirecta, al estilo de Hezbolá. Es más barato, protege al grupo de tener que rendir cuentas y permite que nuevas caras civiles absorban la ira pública, mientras Hamás mantiene el control decisivo sobre todas las palancas de poder significativas en la Franja de Gaza.
"Nada de esto se parece al desarme. Las Brigadas Al-Qassam de Hamás trabajan sin descanso para reparar las redes de túneles y reconstruir los arsenales de municiones utilizando munición sin explotar y bombas israelíes de los dos años de guerra. Sin embargo, la cobertura mediática de este "no-acontecimiento" ya ha replanteado la imagen de Hamás como una organización cooperativa, razonable e incluso constructiva; un cambio de narrativa que oculta el papel de Hamás como principal obstáculo para la recuperación de Gaza. Y esto está surtiendo efecto y funcionando bien para Hamás; no solo en los medios, voces y plataformas que suelen mostrarse más indulgentes con el grupo terrorista, sino incluso en parte del discurso político dominante, donde algunos están tratando esto como si equivaliera al inicio del desarme o al comienzo de la Fase II del alto el fuego.
"El momento no es una coincidencia: esta medida de Hamás se produce una semana después de que la Junta de Paz se reuniera en Chipre y acordara poner en marcha el "Plan B", el enfoque que llevo defendiendo desde hace tiempo: trasladar a la población civil de Gaza al otro lado de la "línea amarilla" y privar a Hamás del acceso a los recursos y a los escudos humanos de los que depende.
"En última instancia, la "disolución de su gobierno" por parte de Hamás se juzgará según criterios sencillos, como si los habitantes de Gaza pueden compartir publicaciones en Facebook sin ser torturados, golpeados o arrastrados a las salas de interrogatorio de los hospitales, abusos que se prolongaron desde el 7 de octubre hasta la semana pasada. Hasta que eso cambie, los titulares no son más que teatro, y el control de Hamás en Gaza permanece intacto".
El objetivo principal de Hamás es la supervivencia. Es consciente de que pronto podrían llegar a la Franja de Gaza miles de millones de dólares en ayuda internacional para la reconstrucción.
Un gobierno tecnocrático financiado por donantes extranjeros aliviaría a Hamás de la carga financiera que supone gobernar, al tiempo que permitiría al grupo terrorista concentrarse en reconstruir su maquinaria militar.
La plena aplicación del plan de paz de Trump requiere el desmantelamiento de las capacidades militares de Hamás y la completa desmilitarización de la Franja de Gaza. Permitir que Hamás establezca un "Estado dentro del Estado" al estilo de Hezbolá garantizaría una inestabilidad continuada y aseguraría que cualquier futura administración palestina siguiera siendo rehén de una organización terrorista armada.
La única solución significativa es que Hamás se disuelva a sí mismo, y no solo uno de sus comités de gobierno. Esto implica desmantelar tanto sus estructuras políticas como militares, entregar todas sus armas, disolver su aparato de seguridad, renunciar a todo instrumento de coacción, y desaparecer como fuerza política armada.
Cualquier medida que no llegue a eso mantiene las condiciones que dieron lugar a la masacre del 7 de octubre.
Tanto los israelíes como los palestinos ya han pagado un precio insoportable por creer repetidamente en las promesas de Hamás. No pueden permitirse cometer el mismo error otra vez. La comunidad internacional no debe dejarse engañar por otra actuación de Hamás cuidadosamente orquestada.
Hasta que Hamás desaparezca tanto como movimiento político como organización terrorista, las declaraciones sobre la disolución de comités no son más que una farsa política diseñada para asegurar la legitimidad internacional de Hamás, desbloquear miles de millones de dólares en ayuda para la organización, y ganar tiempo para que prepare su próxima guerra.