La orden ejecutiva de Trump sobre la Hermandad Musulmana: un avance insuficiente
La decisión de implementar el proyecto centrándose en ramas específicas, en lugar de en todo el movimiento, deja resquicios legales para que otras filiales se renueven y evadan las sanciones. Pero más importante aún: Qatar no aparece como objetivo de la medida.

Banderas de la Hermandad Musulmana en Jordania
La decisión del presidente Donald Trump de designar ciertos capítulos de la Hermandad Musulmana como entidades terroristas representa un avance en el combate contra el extremismo islamista. Sin embargo, una falla crítica amenaza con convertir esta medida en poco más que un gesto político: la omisión del papel de los Estados facilitadores, especialmente Qatar.
La orden ejecutiva no adoptó medidas inmediatas, en cambio ordenó la elaboración de un informe destinado a tomar medidas contra sectores específicos de la Hermandad, incluyendo sus filiales en Egipto, Líbano y Jordania. Así, el presidente sentó las bases para las designaciones de terrorismo al señalar las declaraciones y acciones de determinados grupos contra Israel tras el pogromo del 7 de octubre de 2023 y los dos años siguientes.
Si la Administración Trump sigue adelante con las designaciones se podrían aplicar importantes sanciones financieras a los grupos y asociados de la Hermandad Musulmana, como congelar activos que pudieran tener en Estados Unidos y o considerar delito apoyarlos materialmente, lo que impediría a ciudadanos, empresas e instituciones estadounidenses hacer negocios con ellos.
Para entender la magnitud de esta orden, es necesario comprender qué es la Hermandad Musulmana. Fundada en Egipto a fines de la década de 1920 por Hassan al-Banna, un profesor y no un clérigo religioso, la organización propuso la visión de integrar la religión islámica en la vida pública a través de la educación, la caridad y las organizaciones de base. Con el paso de los años, se convirtió en una organización con sucursales y células locales que le proporcionaron una base amplia y una influencia significativa.
"La verdadera preocupación es que la orden ejecutiva sea principalmente un artilugio para apaciguar a los votantes".
La fuerza del movimiento reside en su llegada masiva que puede no estar mediada por clérigos religiosos. El propio Banna no lo era. La búsqueda de una gobernanza global basada en los valores islámicos lleva a su clasificación como movimiento islamista. A partir de la década de 1970, el movimiento comenzó a expandirse, especialmente en Europa y Estados Unidos, estableciendo mezquitas, asociaciones comunitarias, organizaciones benéficas y grupos estudiantiles. Los activistas del movimiento crearon infraestructuras institucionales en casi todo Occidente. La Hermandad Musulmana se convirtió en una fuente de inspiración para muchos movimientos políticos; en el contexto palestino, apoyó a Hamás para oponerse a Fatah.
Trump conoce muy bien a la Hermandad Musulmana, este no es su primer intento de designarlos como organización terrorista. En su primer mandato, muchas trabas surgieron debido a que los criterios legales para designar a una organización terrorista no se ajustaban bien a la Hermandad Musulmana. Pero esta vez las cosas son distintas y la orden actual parece tener como objetivo eludir esa preocupación al centrarse en delegaciones específicas con mayores vínculos con grupos militantes radicales.
Qatar, el elefante en la sala
Sin embargo, la decisión de Trump de implementar el proyecto centrándose en ramas específicas, en lugar de en todo el movimiento, deja resquicios legales para que otras filiales se renueven y evadan las sanciones. Pero más importante aún: Qatar, considerado facilitador clave de las actividades vinculadas a la Hermandad, no aparece como objetivo de la medida.
El Dr Sebastian Gorka, asesor de Trump, explicó que el decreto apunta a las organizaciones de la Hermandad Musulmana que operan dentro de los países, no a los países en sí. No obstante, esta explicación podría omitir el hecho de que Qatar, que ha estado forjando estrechas alianzas con Trump, apoya a la Hermandad Musulmana. Varias figuras influyentes cercanas al presidente expresaron su indignación por la falta de precisión en la orden ejecutiva, sugiriendo que el Gobierno se habría abstenido de atacar a toda la Hermandad Musulmana debido a la influencia de Qatar en la Administración Trump.
La verdadera preocupación es que la orden ejecutiva sea principalmente un artilugio para apaciguar a los votantes. El rol de Qatar como financista y protector de la Hermandad Musulmana viene de antiguo y está bien documentado. El patrón de financiación qatarí para impulsar y fortalecer las instituciones islamistas ha seguido influyendo en la opinión pública de los países occidentales en general y de Estados Unidos en particular.
Informes de los últimos meses han arrojado luz sobre la gran cantidad de centros islámicos con vínculos con la Hermandad Musulmana. Los Hermanos Musulmanes han aprendido a utilizar el sistema a su favor sin quedar expuestos o identificados, sobre todo el sistema académico e incluso el electoral, y lo más importante, a manipular el discurso mediático.
Luego del 7 de Octubre, esa red mostró su verdadera cara. La investigadora Dalia Ziada, del Instituto para el Estudio del Antisemitismo y la Política Global, plantea un problema fundamental con el enfoque por capítulos: si se designa solo a una organización de la red, las mismas personas que dirigen la red crearán una nueva organización con un nuevo nombre, que será perfectamente legal y funcionará dentro del sistema legal. Pero esta mutación o reencarnación sólo ocurre si se designan facciones. Si se designa a la Hermandad Musulmana, se está designando la ideología misma. Y si se prohíbe la ideología, es como cortar el oxígeno a todas las facciones que se alinean con esta ideología o que trabajan dentro de su ecosistema.
Aprovechar la ofensiva global
La Hermandad ha sufrido reveses significativos en los últimos años, y uno de los más reveladores fue la crisis del Golfo. En 2017, Arabia Saudita, Egipto, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos y el Gobierno yemení reconocido internacionalmente rompieron relaciones diplomáticas con Qatar, acusándolo de desestabilizar la región y de respaldar a organizaciones extremistas, entre ellas la Hermandad Musulmana. Aquella ruptura —que implicó el cierre de fronteras, la expulsión de diplomáticos y un bloqueo completo— expuso hasta qué punto los países árabes consideraban a la Hermandad un factor de injerencia y radicalización. Aunque parte de esas relaciones se restablecieron años después, la acusación original no fue retractada: la señal política quedó marcada y funciona hasta hoy como prueba del consenso regional sobre la naturaleza desestabilizadora de la Hermandad.
En ese contexto, la medida anunciada por la Casa Blanca no es en absoluto pionera. Numerosos países ya han prohibido o restringido la Hermandad Musulmana. En Siria, la Hermandad protagonizó una insurrección que derivó en una represión muy severa por parte del régimen. Rusia la declaró organización extremista en 2006, y Kazajistán la incluyó ese mismo año en su lista nacional de entidades prohibidas. Egipto proscribió oficialmente al movimiento tras el golpe de 2013, mientras que Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita la designaron como organización terrorista en 2014. Más recientemente, Paraguay adoptó una resolución parlamentaria en febrero de 2023 que la califica de grupo terrorista, y Jordania, en abril de 2025, aprobó una prohibición formal con confiscación de bienes y cierre de sus estructuras locales. Estas decisiones reflejan una ofensiva global contra la Hermandad en múltiples frentes.
Para los Emiratos Árabes Unidos y sus aliados, esta es una lucha global. Quieren expulsar del poder a la Hermandad Musulmana, y bloquearle el camino en lugares como Túnez. Los Emiratos Árabes Unidos han liderado durante mucho tiempo la lucha contra la Hermandad Musulmana en la región. Consideran esto como una lucha regional.
En este contexto, la orden de Trump establece que es política de los Estados Unidos cooperar con sus socios regionales para eliminar las capacidades y operaciones de los capítulos de la Hermandad Musulmana designados como organizaciones terroristas extranjeras y poner fin a cualquier amenaza que dichos capítulos representen para los ciudadanos estadounidenses o la seguridad nacional de los Estados Unidos.
Pero aquí reside la contradicción fundamental: ¿cómo cooperar con Qatar cuando es parte esencial del problema? La orden ejecutiva de Trump es, sin duda, un paso en la dirección correcta. Reconoce públicamente la amenaza que representa la Hermandad Musulmana y establece un marco legal para actuar contra sus ramas más violentas. Sin embargo, sin confrontar directamente el apoyo financiero, mediático e ideológico del movimiento, la estrategia corre el riesgo de ser ineficaz para frenar su influencia global.
Mientras Qatar permanezca fuera del alcance de esta orden, la Hermandad Musulmana simplemente mutará, se reinventará y continuará su expansión. Si el presidente realmente busca cortar el oxígeno a la Hermandad Musulmana, debe estar dispuesto a confrontar a sus facilitadores reales. De lo contrario, esta orden podría pasar a la historia como otra oportunidad perdida.