Cierre de cerco en La Habana: la CIA crea una unidad secreta para acelerar la presión sobre la cúpula castrista
El despliegue operativo coincide con una revisión profunda de las prioridades de seguridad de la Casa Blanca.

Una persona contemplando el atardecer en La Habana durante los cortes eléctricos del 4 de agosto de 2026.
La Agencia Central de Inteligencia (CIA) estableció de manera secreta un grupo de trabajo especializado en Cuba para ejecutar una campaña coordinada de presión sobre la estructura de poder de la isla.
Según un reporte publicado por el New York Times, la creación de esta unidad busca canalizar de forma rápida recursos financieros, analistas, especialistas en ciberoperaciones y oficiales de campo dedicados al reclutamiento de informantes y a la influencia encubierta.
La iniciativa responde a las exigencias planteadas por el presidente Donald Trump para forzar transformaciones estructurales en el ámbito económico y político del país caribeño.
A diferencia de la unidad conformada en 1960 —responsable de la operación de Bahía de Cochinos—, el mandato actual se enfoca en generar divisiones dentro de la élite política cubana para desplazar a los sectores intransigentes alineados con la doctrina antiestadounidense y facilitar el ascenso de figuras dispuestas a negociar.
Redireccionamiento de inteligencia y vigilancia satelital
El despliegue operativo coincide con una revisión profunda de las prioridades de seguridad de la Casa Blanca. La administración Trump modificó recientemente el Marco de Prioridades de Inteligencia Nacional (NIPF) para otorgar a Cuba el estatus de "Prioridad 1", una categoría compartida con potencias y adversarios estratégicos como China, Rusia e Irán.
Como resultado de este ajuste, agencias de inteligencia como la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial han reorientado recursos técnicos y satelitales hacia el territorio cubano.
La información recabada no solo permite monitorear activos militares y capacidades defensivas de la isla ante potenciales escenarios de acción militar, sino que faculta a la CIA para rastrear flujos financieros opacos y negocios de la élite actual.
Desde La Habana, la respuesta oficial fue tajante. "Las intenciones aquí no son una sorpresa, ya que Cuba ha sido durante mucho tiempo el objetivo de los esfuerzos de espionaje, subversión y desestabilización de la CIA, incluido el terrorismo", declaró el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, en un comunicado dirigido al New York Times.
"Y, sin embargo, el Departamento de Estado tiene la audacia de llamar a Cuba una amenaza por ejercer su derecho a la legítima defensa".
Un historial de tensión y la advertencia a la cúpula militar
La relación operativa de Washington con la isla ha atravesado marcadas fluctuaciones. Durante el tramo final del mandato de Barack Obama en 2015, el entonces director de la CIA, John Brennan, viajó a La Habana para explorar acuerdos en materia de narcotráfico y antiterrorismo con Alejandro Castro, hijo de Raúl Castro. Sin embargo, las gestiones se estancaron rápidamente.
Tras el cierre de la estación en La Habana durante el primer periodo de Trump —a raíz de los incidentes de salud conocidos como el "Síndrome de La Habana"— y su posterior reapertura bajo constante vigilancia en 2024, la administración actual adoptó una postura de confrontación directa.
El pasado mes de mayo, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a la isla para reunirse con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro.
Durante el encuentro, la inteligencia estadounidense advirtió a la cúpula gobernante que el tiempo para ejecutar cambios de fondo se estaba agotando, subrayando que la inacción podría derivar en un desenlace similar al registrado tras la salida de Nicolás Maduro en Venezuela.
La efectividad de la nueva estrategia dependerá de la capacidad de la agencia para penetrar un aparato de contrainteligencia históricamente hermético, en un momento en que el gobierno estadounidense busca consolidar un giro político definitivo en el hemisferio.
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Diane Hernández