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El Estado llegó tarde: saqueos, abusos militares y abandono marcan la respuesta del régimen de Delcy Rodríguez al terremoto en La Guaira y Caracas

El reclamo de fondo, no obstante, es el abandono del Estado. Testimonios recogidos por Voz coinciden en que, durante los primeros días, la respuesta oficial fue casi inexistente. Apenas algunos bomberos y ambulancias, casi ninguna policía y nadie al mando coordinando las labores.

Rescatistas y voluntarios buscan sobrevivientes en La Guaira, estado de La Guaira, Venezuela

Rescatistas y voluntarios buscan sobrevivientes en La Guaira, estado de La Guaira, VenezuelaAFP

De un pequeño comercio en La Guaira no quedó nada. Ni los cables. Los temblores no habían cesado cuando empezaron los robos y saqueos en la zona más devastada por el doble terremoto que sacudió Venezuela, una segunda tragedia montada sobre la primera: la de un Estado que no apareció a tiempo. Mientras los vecinos excavaban entre los escombros con sus propias manos para sacar a sus familiares —con o sin vida—, comercios, farmacias y viviendas eran lamentablemente desvalijados, y crecían las denuncias contra policías y militares acusados de sumarse a los ladrones.

El caos quedó documentado en decenas de videos en redes sociales y fue constatado sobre el terreno por una periodista de la agencia AFP desde el jueves, un día después del sismo. En las grabaciones se ve a grupos pasándose cajas de electrodomésticos desde tiendas colapsadas, sobre el techo de autos o en motos. Una sucursal de la cadena de farmacias Farmatodo fue desvalijada, lo mismo que supermercados y bodegas. Algunos lo atribuyen al “turismo de la desgracia”; otros, al hambre y la desesperación de quienes lo perdieron todo en un país sumido en una crisis crónica.

“¿Es justo que nuestro pueblo se coma al pueblo?”, se pregunta María Esther Bernal, de 71 años, que alquilaba locales a comerciantes chinos, todos saqueados. “No dejaron ni el papel de las paredes; se llevaron hasta los cables”, resume, antes de relatar una escena especialmente cruda: “Allí al lado un señor se murió, era un señor chino, y pasaban por encima del muerto para saquear”. Las casas tampoco se salvaron. “Nos robaron todo: la ropa, zapatos, corotos, ollas, tazas, vasos”, cuenta Zulay de Carvajal, de 72 años. Su hijo Gregory, de 37, sigue la historia: “Nosotros estábamos sacando personas que estaban muertas y, en ese momento, la gente estaba saqueando, llevándose todo”.

Buena parte de la furia de los venezolanos, sin embargo, apunta a los uniformados. En varios videos se observa a soldados de pie, indiferentes, mientras la población clama por ayuda; en uno de ellos, un ciudadano increpa a un grupo de militares y los reta a mostrar en La Guaira, con un pico y una pala, la misma “valentía” con que reprimen en la autopista Francisco Fajardo de Caracas. Otras grabaciones muestran a funcionarios sorprendidos saqueando un hotel en Catia La Mar, increpados a golpes por civiles que les exigieron quitarse el uniforme.

Esas son algunas historias, pero las denuncias contra los cuerpos de seguridad en realidad se multiplican: agentes que roban en viviendas e incluso despojan a los muertos, personas que se hacen pasar por bomberos, funcionarios hallados hurgando en casas. Un video muy compartido muestra a un hombre expulsando de su vivienda a un militar y a otro funcionario a los que encontró revisando sus pertenencias: “Fuera, fuera, que me han saqueado todo”, les grita. Marino Alvarado, excoordinador de la ONG de derechos humanos Provea, advierte que se repiten los patrones de la tragedia de Vargas de 1999: “La delincuencia; dos, el abuso policial que ya empieza a ser denunciado; y tres, funcionarios policiales o militares participando también del saqueo”.

Fuentes consultadas por Voz News en La Guaira confirmaron que la ola de saqueos obligó a policías y militares a intervenir para contenerla, en un clima de violencia creciente. Un integrante del Ejército, según relató una de esas fuentes, resumió el método así: “Ya estamos desapareciendo a bichos de esos”. La afirmación, aunque no fue verificada de forma independiente, coincide con las alertas de las organizaciones de derechos humanos sobre el riesgo de abusos cometidos al amparo del caos.

El reclamo de fondo, no obstante, es el abandono del Estado. Testimonios recogidos por Voz coinciden en que, durante los primeros días, la respuesta oficial fue casi inexistente. Apenas algunos bomberos y ambulancias, casi ninguna policía y nadie al mando coordinando las labores. Un funcionario del propio gobierno, que perdió a un familiar bajo los escombros, describió cómo los sobrevivientes entraron a edificios ya colapsados o a punto de caer para excavar con lo que tuvieran a mano; muchos quedaron atrapados y murieron allí. Los únicos que bajaron a ayudar en esas primeras horas fueron los motorizados, que llegaron al correrse la voz de que el Estado no estaba en el terreno. El Ejército, según esos relatos, no se desplegó con fuerza hasta el viernes, cuando la situación ya se había salido de control.

Por ello la gestión del interinato de Delcy Rodríguez está siendo duramente cuestionada. Tras días de descontrol, el régimen militarizó La Guaira y restringió el acceso mediante un salvoconducto que debe tramitarse con los militares en Caracas, una medida que los voluntarios denunciaron como un nuevo obstáculo para auxiliar a los damnificados. La infraestructura tampoco ayudó a acelerar la respuesta. El aeropuerto internacional Simón Bolívar, principal puerta de entrada de la ayuda, quedó gravemente dañado y sin equipos, al punto de que Estados Unidos envió un contingente de la Fuerza Aérea para repararlo y dejarlo operativo. Según fuentes en el terreno, el nivel de desidia sorprendió incluso al personal estadounidense desplegado.

En ese contexto delicado llegaron declaraciones del encargado de negocios de Estados Unidos en Venezuela, John Barrett, máximo representante diplomático de Washington en el país. En una entrevista con Univisión adelantada por el periodista Luis Carlos Vélez, Barrett describió el escenario como devastador y la respuesta estadounidense como masiva y sin precedentes, y sostuvo que el compromiso del gobierno interino “es total” y que “las Fuerzas Armadas de Venezuela están trabajando hombro a hombro con EEUU”. También aseguró que la gestión de Delcy Rodríguez ha sido “totalmente transparente” en la comunicación de cifras, justo cuando el número de desaparecidos es objeto de disputa: registros independientes hablan de más de 68.000 y Naciones Unidas, de más de 50.000.

Mientras tanto, el saldo oficial se elevó este domingo a al menos 1.450 muertos y 3.150 heridos, con 189 edificios colapsados y más de 12.000 desplazados, según el presidente de la Asamblea Nacional oficialista, Jorge Rodríguez, hermano de Delcy Rodríguez. En paralelo, la líder opositora María Corina Machado —cuyo intento de regresar al país esta semana generó fricciones con Washington— insistió este domingo que es hora de su retorno. “Ha llegado el momento de regresar; es mi deber acompañar a mi pueblo”, declaró en Fox News. “Muy pronto estaré de regreso en Venezuela”.

En medio del desastre también surgieron gestos de reconstrucción ciudadana. Tras el saqueo de la sucursal de Farmatodo en La Guaira, la propia comunidad ayudó a limpiar el local, donde ahora funciona una clínica de atención primaria. Además, la enorme mayoría de venezolanos se ha visto ayudando a labores de rescate, organización y de ayuda a los damnificados, muchos incluso dando lo que no tienen con tal de aportar un pequeño grano de arena.

Este reportaje contiene información de AFP a cargo de la periodista Margioni Bermúdez

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