Ucrania le da una lección de guerra moderna a EEUU: el Pentágono fue superado por los drones ucranianos en un ejercicio militar
Un ejercicio conjunto en Alemania evidenció que las fuerzas estadounidenses todavía no han asimilado las lecciones de la guerra entre Rusia y Ucrania, mientras Washington sigue sumando bajas por ataques con drones iraníes en Medio Oriente.

Pete Hegseth, durante una rueda de prensa en una imagen de archivo
Un contingente del Ejército de EEUU fue derrotado por operadores de drones ucranianos durante el ejercicio Combined Resolve, realizado entre abril y mayo en Hohenfels, Alemania.
Según un reporte exclusivo del Wall Street Journal, unos 3.500 efectivos estadounidenses, en su mayoría del 3er Equipo de Combate de la Brigada Blindada de la 1ª División de Caballería, tenían la tarea de atacar una posición defendida por tropas del 412º Regimiento de Fuerzas de Sistemas No Tripulados de Ucrania, conocido como 'Nemesis'.
El resultado fue claro, los drones ucranianos ubicaron y "eliminaron" con tal rapidez a los vehículos blindados y las tropas estadounidenses que las unidades debieron ser reincorporadas al simulacro como si fueran nuevas, para poder continuar con el ejercicio. Los vehículos blindados pesados, que levantaban polvo al desplazarse, resultaron blancos fáciles para los drones de reconocimiento ucranianos, que luego eran seguidos por drones cargados de explosivos y drones de primera persona (FPV) capaces de impactar directamente contra sus objetivos.
El golpe ucraniano no solo impactó a EEUU. Según el WSJ, durante ejercicios similares realizados el año pasado en la región báltica —con participación británica, de Estonia y de otros países de la OTAN— el resultado fue igual, con triunfos sencillos para los equipos de drones ucranianos.
El académico Eliot Cohen, del Center for Strategic and International Studies, explicó que la experiencia reciente en el campo de batalla demuestra que los drones, de todo tipo, son indispensables para la guerra moderna, y hasta ahora el Ejército estadounidense no parece haberlo dominado.
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El fracaso en Alemania incluso corresponde a un patrón más amplio para EEUU, que también ha sufrido bajas reales por ataques de drones iraníes desde que comenzó la guerra a fines de febrero. El episodio más letal ocurrió el 1 de marzo, cuando un dron iraní de ataque directo impactó un centro de operaciones tácticas improvisado en el puerto de Shuaiba, Kuwait, y mató a seis soldados de la Reserva del Ejército de EEUU, las primeras bajas estadounidenses de ese conflicto. Los sistemas de defensa aérea no lograron interceptar el dron y las sirenas de alerta no llegaron a activarse antes del impacto. Para julio, el recuento oficial de militares estadounidenses muertos en los distintos frentes de esa guerra —Kuwait, Jordania, Arabia Saudita e Irak, entre otros— ascendía a al menos 18, según el Pentágono.
La combinación de ambos episodios —un ejercicio de entrenamiento y bajas reales en combate— expone una brecha que el Pentágono no ha logrado cerrar pese a la inversión.
En los últimos años, según el WSJ, EEUU destinó miles de millones de dólares a nueva tecnología de drones y contradrones, y formó unidades especializadas para operarla. Aun así, las tropas rotativas enviadas a Alemania solo contaban con sistemas estándar de guerra electrónica y contradrones, mientras que los nuevos Equipos de Combate de Brigada Móvil, equipados con tecnología y tácticas más recientes, sí lograron mejores resultados en otros ejercicios.
Los avisos, sin embargo, han sido beneficiosos, pues la Administración Trump ha comenzado a tomar nota. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, informó en mayo a senadores que aumentó la cantidad de personal estadounidense enviado a Ucrania para estudiar la guerra de drones. Además, EEUU ya está probando drones ucranianos con miras a una eventual compra, y ha utilizado sistemas contradrones puestos a prueba en el frente ucraniano para reforzar la defensa de sus tropas en Medio Oriente.
Ucrania, que combate a Rusia desde hace casi cuatro años y medio, se ha convertido así en un formador inesperado para las fuerzas armadas de sus propios aliados, primero para Reino Unido, Estonia y Suecia, y ahora para el propio Ejército de EEUU.