Informes de la era Biden y un experto en genocidio confirman los temores de Trump por los granjeros sudafricanos
Las pruebas en video de Trump sobre el odio contra los afrikaners fueron respondidas con objeciones sobre el significado de genocidio.

Julius Malema, líder del Frente de Libertad Económica
La batalla ojo por ojo que los medios de comunicación masivos libran contra el presidente Donald Trump por la política de refugiados sudafricanos de su Administración está ocultando una dura realidad: los agricultores del país se enfrentan a una crisis de violencia.
Incluso informes gubernamentales de la era Biden y un grupo de vigilancia del genocidio han emitido advertencias, en su mayoría ignoradas hasta ahora. La única cuestión es si la raza o la codicia es el móvil de los crímenes.
"Tenemos mucha gente que siente que está siendo perseguida, y está viniendo a Estados Unidos", dijo Trump en la reunión en el Despacho Oval con el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa el miércoles. "La gente está huyendo de Sudáfrica por su propia seguridad. Sus tierras están siendo confiscadas y, en muchos casos, están siendo asesinados".
Los problemas que Trump identificó en su reunión con el presidente sudafricano, desde la violencia rural que afecta a los sudafricanos blancos -conocidos como afrikaners o bóers- hasta un régimen legal que promueve confiscaciones de propiedades basadas en la raza, son ciertamente reales, pero el debate sigue abierto sobre si se elevan al nivel de "genocidio".
Un trasfondo de violencia
Un informe del Departamento de Estado durante la Administración Biden sobre las condiciones de los derechos humanos en Sudáfrica citaba datos de una "organización de la sociedad civil" según los cuales en 2021 y 2022 se produjeron 748 ataques a granjas y más de 100 asesinatos contra sudafricanos blancos. El informe señalaba, sin embargo, que aunque algunos grupos activistas afirmaban que los granjeros blancos eran blanco de robos, allanamientos de morada y asesinatos debido a su raza, no quedaba claro si los ataques eran sólo parte de la exorbitante tasa de criminalidad de Sudáfrica.
El país es el más violento de África, con la tercera tasa de homicidios más alta del mundo (según datos de 2023), lo que lleva a muchos observadores a sugerir que la violencia sufrida por los granjeros blancos sudafricanos no se ajusta a las definiciones tradicionales de genocidio.
Además de definir el problema como asesinato cotidiano, "Sudáfrica tiene una de las tasas de criminalidad más altas del mundo. Su tasa de asesinatos de 34 por cada 100.000 habitantes, la décima del mundo, sólo es superada por los narcoestados de América Central y del Sur. Tiene, con diferencia, la tasa de asesinatos más alta de África", escribió en un informe sobre el país Genocide Watch, organización con sede en Washington fundada por Gregory Stanton, exempleado del Departamento de Estado.
"Si el primer deber del Estado es proporcionar seguridad a su pueblo, Sudáfrica es un Estado fallido", escribió el grupo.
Genocide Watch cita específicamente la falta de enjuiciamiento de los asesinos que atacaron a los granjeros blancos, lo que, según dice, contribuye a una cultura de impunidad, ya que la tasa general de asesinatos sigue siendo alta.
"Los videos de Trump están obligando a los políticos -y al público- a prestar atención a los asesinatos".
El presidente Trump sugirió el miércoles que los ataques formaban parte de un "genocidio" contra los sudafricanos blancos, obligando al desprevenido presidente sudafricano a ver videos que mostraban llamamientos del político comunista radical Julius Malema a "disparar a los bóers". Malema ya fue condenado en 2011 en virtud de las leyes locales de incitación al odio por cantar una canción con ese título.
Genocide Watch coincide en que Malema, junto con su partido marxista Luchadores por la Libertad Económica, alientan "estos asesinatos, que tienen como objetivo aterrorizar a los agricultores para que emigren de Sudáfrica". Señala, asimismo, que "los agricultores blancos son indefensos porque Sudáfrica ilegalizó la posesión privada de armas y disolvió las cooperativas de protección mutua."
Aunque los afrikaners representan aproximadamente el 8% de la población, sólo son víctimas del 2% de los asesinatos, informó en 2023 el veterano reportero sudafricano Geof Hill. Y el problema puede ser aún peor en las zonas urbanas: cuatro de las ciudades sudafricanas de más de 300.000 habitantes se encuentran entre las 50 más peligrosas del mundo.
Los medios masivos califican el reclamo de "inexacto"
Los adversarios de Trump reaccionaron en gran medida poniendo en duda la existencia de los ataques a pesar de los videos. En su lugar, los titulares proclamaron a bombo y platillo que Ramaphosa había sido "emboscado" por la exposición del material grabado, y luego pasaron a negar los hechos subyacentes.
Reuters ponía un titular que hacía coro con otros: "Trump se enfrenta al sudafricano Ramaphosa con falsas afirmaciones de genocidio blanco".
"Tenemos mucha gente que se siente perseguida y viene a Estados Unidos", dijo Trump, según Al-Jazeera. "La gente está huyendo de Sudáfrica por su propia seguridad. Sus tierras están siendo confiscadas y, en muchos casos, están siendo asesinados".
Según se informó, Ramaphosa negó las acusaciones de un "genocidio blanco" en Sudáfrica. "Si hubiera un genocidio de granjeros afrikaners, puedo apostarle que estos tres caballeros no estarían aquí", dijo el presidente sudafricano, refiriéndose a los golfistas blancos sudafricanos que lo acompañaron a visitar la Casa Blanca.
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Parte de la reacción de los críticos se debe a que se centran en la veracidad o falsedad del "genocidio", en contraposición a lo que podría catalogarse como delitos típicos. Determinar el número exacto de sudafricanos blancos asesinados es difícil porque las estadísticas oficiales de criminalidad de Sudáfrica no se desglosan por raza.
Antes de la visita, la PBS intentó contrastar las declaraciones anteriores de Trump sobre la situación en Sudáfrica, y verificó el núcleo de sus afirmaciones como verdadero. "Los granjeros blancos han sido asesinados en Sudáfrica. Pero esos asesinatos representan menos del 1% de los más de 27.000 asesinatos anuales en todo el país", escribió PBS .
Según el Servicio de Policía de Sudáfrica (SAPS), el número de asesinatos en Sudáfrica durante el periodo de abril a diciembre de 2024 fue de 19.696. Eso situaría la cifra estimada de blancos asesinados en Sudáfrica en 196 personas.
Ya se trate de asesinatos en masa o de genocidio, o simplemente de un dato aleatorio de las estadísticas criminales de una tierra violenta, los videos de Trump están obligando a los líderes políticos -y al público- a prestar atención a los asesinatos.
El legado del 'apartheid'
"El crimen afecta tanto a blancos como a negros... Es una cuestión de vulnerabilidad", dijo a Associated Press el granjero sudafricano Thobani Ntonga, de raza negra y víctima él mismo de un ataque en una granja.
"Los granjeros estamos separados del público en general. No estamos cerca de las ciudades, estamos en las zonas rurales. Así que los agresores se aprovechan de eso, del hecho de que las granjas están aisladas".
Los agricultores blancos tienden a estar de acuerdo con esta valoración. "La delincuencia afecta especialmente a los pequeños agricultores, porque no tienen recursos para seguridad privada", afirma el agricultor afrikáner Willem de Chavonnes Vrugt.
"No nos interesa ir a ninguna parte", añadió. "Lo que queremos es formar parte de este país".
Los ataques a granjas han sido endémicos en Sudáfrica, sobre todo desde el fin del apartheid a mediados de la década de 1990. Bajo ese sistema, los afrikaners gobernaban sobre la población negra mayoritaria, con desigualdad de representación y de derecho al voto, y una tradición de represión contra las voces que reclamaban una mayor participación de los negros en el gobierno y la sociedad.
Nueva ley de expropiación de tierras seguida de violencia
Debido a su estatus superior en la sociedad bajo el apartheid, los sudafricanos blancos poseían la gran mayoría de las tierras privadas, una situación que apenas ha cambiado desde el fin del sistema discriminatorio. Cerca de tres cuartas partes de todas las tierras de propiedad privada siguen siendo propiedad de los afrikaners, que son sólo el 8% de la población. Esta proporción ha cambiado poco desde el 87% original de tierras reservadas a los blancos por la Ley de Tierras de los Nativos de 1913.
En enero, el presidente Ramaphosa firmó una ley de expropiación de tierras que permite al Gobierno confiscar propiedades privadas para fines públicos sin indemnización si considera que es "justo y equitativo y de interés público".
La ley pretende abordar la disparidad en la propiedad entre ciudadanos blancos y negros, sustituyendo una ley de 1975 que exigía una compensación justa por la tierra bajo la regla de "un vendedor dispuesto, un comprador dispuesto", informó BBC News.
Este acto impulsó a la Administración Trump a confirmar que los afrikaners se han enfrentado a una creciente discriminación racial respaldada por el Estado, que en algunos casos justifica el asilo en Estados Unidos. Para ello, el presidente ordenó en febrero a las agencias federales detener la ayuda al país y promover el reasentamiento de refugiados.
"Esta ley sigue a innumerables políticas gubernamentales diseñadas para desmantelar la igualdad en oportunidades de empleo, educación y negocios, y a una retórica de odio y acciones gubernamentales que alimentan una violencia desproporcionada contra los terratenientes racialmente desfavorecidos", escribió el presidente Trump en una orden ejecutiva.
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Describía la nueva ley de expropiación de tierras como parte de un plan de "discriminación basada en la raza patrocinado por el Gobierno" y dirigido a la población blanca con el objetivo de corregir injusticias del pasado.
La orden ejecutiva fue criticada por el Gobierno sudafricano, que la calificó de "motivada políticamente" y que aseguró que las acusaciones se basaban en "alegaciones infundadas" sobre la persecución racial en el país.
"Las estadísticas de los servicios policiales sudafricanos sobre delitos relacionados con las granjas no respaldan las acusaciones de delitos violentos dirigidos contra los granjeros en general o contra alguna raza en particular", afirmó en un comunicado de febrero.
"Existen suficientes estructuras en Sudáfrica para abordar los problemas de discriminación. Por otra parte, incluso si hay alegaciones de discriminación, es nuestra opinión que no alcanzan el umbral de persecución requerido por la legislación nacional e internacional sobre refugiados."
Sudáfrica como actor global
El presidente Trump también planteó en la reciente cumbre bilateral la hostilidad de Sudáfrica hacia los intereses geopolíticos estadounidenses, citando sus posiciones agresivas hacia aliados como Israel. Tras el ataque del 7 de Octubre, Sudáfrica presentó un caso ante la Corte Internacional de Justicia -el tribunal mundial de las Naciones Unidas- alegando que Israel está cometiendo un genocidio en Gaza.
También ha profundizado su relación con China, organizado maniobras navales conjuntas con Rusia, mantenido lazos comerciales con Irán y apoyado políticamente tanto a Hamás como a Hezbolá, dos organizaciones designadas terroristas por Washington, cada una de las cuales ha presumido de su papel en miles de asesinatos basados en el terror.
La portavoz del Departamento de Estado, Tammy Bruce, dijo el jueves que "cuando se aprueban leyes como ésa, que se dirigen a un grupo enviando ostensiblemente un mensaje a la población de que estas personas tienen un precio que pagar... combinada con los cánticos para matar bóers... además de los vínculos que Sudáfrica y su presidente han decidido mantener, como con Irán... todo crea una imagen que merece ser discutida en el Salón Oval".