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Respiran los inversionistas: Bessent ordena eliminar el “impuesto de venganza” del megaproyecto de ley de Trump tras alcanzar un acuerdo global con el G7

La medida fue pensada para responder a los gravámenes internacionales que se empezaron a aplicar contra multinacionales estadounidenses.

Scott Bessent en Capitol Hill en una imagen de archivo

Scott Bessent en Capitol Hill en una imagen de archivoAFP

Emmanuel Alejandro Rondón

El controvertido y temido “impuesto de venganza”, que inquietaba a los inversores extranjeros y generaba incertidumbre en los mercados globales, será finalmente eliminado del ambicioso proyecto de ley del presidente Donald Trump conocido como One Big Beautiful Bill.

Así lo confirmó en ‘X’ el secretario del Tesoro, Scott Bessent, luego de anunciar un acuerdo con los países del G-7 que garantiza la exención de los también cuestionados impuestos mínimos globales que se empezaron a cobrar a las empresas estadounidenses en algunas jurisdicciones.

“Con base en este progreso y entendimiento, he solicitado al Senado y la Cámara de Representantes que retiren la medida de protección de la Sección 899 del proyecto de ley One Big Beautiful Bill”, dijo Bessent al anunciar la eliminación del impuesto. “Este entendimiento con nuestros socios del G7 brinda mayor certeza y estabilidad a la economía global y fomentará el crecimiento y la inversión en Estados Unidos y más allá”.

“Defenderemos nuestra soberanía fiscal y resistiremos cualquier intento de crear un terreno de juego desigual para nuestros ciudadanos y empresas”, añadió el secretario.

El “impuesto de venganza”, incluido en la Sección 899 del megaproyecto de ley republicano, es una medida que otorgaba al presidente Trump la facultad unilateral de aplicar obligaciones tributarias adicionales de hasta un 20% a empresas extranjeras provenientes de países que, a juicio de la Casa Blanca, aplican impuestos discriminatorios a compañías estadounidenses.

La medida fue impulsada en medio de negociaciones internacionales para proteger a las multinacionales estadounidenses de lo que se percibía como un trato fiscal injusto en el extranjero. No obstante, a pesar de que solo había sido incluida en una legislación que aún está negociándose, los mercados y los grupos empresariales reaccionaron negativamente, en su mayoría preocupados por los poderes de Trump para castigar a empresas extranjeras.

La Sección 899 fue pensada, de hecho, como una respuesta directa a la Regla de Beneficios Subgravados (UTPR, por sus siglas en inglés), un mecanismo también bastante unilateral que permitía a otros países imponer impuestos adicionales a multinacionales estadounidenses si consideraban que no pagaban lo suficiente en su país de origen.

Ahora, gracias al acuerdo alcanzado por EEUU, las compañías estadounidenses quedarán exentas de esos impuestos adicionales, lo que elimina automáticamente la necesidad de imponer una medida similar como represalia. El retiro del “impuesto de venganza”, sin embargo, representa un gran desafío fiscal para el megaproyecto de ley de Trump, ya que se esperaba que generara ingresos por $52.000 millones en la versión del Senado y hasta $116.000 millones en la de la Cámara Baja. De algún lado los republicanos tendrán que justificar una nueva recaudación. 

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