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Todos los detalles del controvertido plan de Gianni Infantino para vender una participación del Mundial a una subsidiaria con capital privado

Esos son los jugadores en este tablero geopolítico: la FIFA vs. la UEFA, cada uno con sus aliados y a la espera de que se definan otros actores clave, como las demás federaciones, incluyendo la influyente CONMEBOL, y la propia Casa Blanca, pues existe una relación directa entre Thrive Eternal y uno de los actores diplomáticos más cercanos al presidente Trump.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, durante el Mundial 2026

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, durante el Mundial 2026DPPI vía AFP

Emmanuel Alejandro Rondón

La geopolítica en el mundo del fútbol está a niveles inimaginables. Tras una Copa del Mundo llena de conflicto mediático, ruido, críticas y enormes controversias (muchas de ellas por denuncias reales y otras por desinformación), la FIFA anunció su enésimo plan para aumentar exponencialmente los ingresos, apostar por un deporte más comercial y cambiar el paradigma del deporte más popular del mundo en cuanto a gobernanza: vender una participación minoritaria del Mundial de Fútbol de selecciones y el Mundial de Clubes a una empresa subsidiaria ―FIFA Forward Enterprise (FFE)― con el objetivo principal, según el comunicado oficial, de triplicar el monto de los fondos de desarrollo que reparte entre sus 211 asociaciones miembro.

Tras un reportaje exclusivo del periódico británico The Times donde se expuso el plan de Gianni Infantino, la FIFA lanzó un comunicado apresurado para la opinión pública donde aclaró, parcialmente, la propuesta que será enviada a los 211 miembros asociados al ente.

Uno de los detalles más importantes es la promesa de dinero para el desarrollo del fútbol en el mundo, pues se prometen “20 millones de dólares opcionales por AM en fondos excepcionales e inmediatos para proyectos especiales, a través del nuevo FIFA Fast Forward Programme (FFFP)”, una cifra que iría en aumento, ya que ese dinero sería para el ciclo 2027-2030, donde el presupuesto asignado es de $8 millones, luego serían “22 millones de dólares por AM para el ciclo 2031-2034; y 24 millones de dólares por AM para el ciclo 2035-2038”.

“La FFE buscaría recaudar hasta 4.200 millones de dólares antes de que termine el año para financiar el FFFP, sobre la base de una valuación inicial de 20.000 millones de dólares, mediante la cuidadosa selección de inversores de largo plazo que adquirirían participaciones minoritarias y no controladoras en la FFE. Todos los beneficios netos de la FFE serían reinvertidos en el fútbol a nivel mundial”, se lee en el comunicado donde se detallan dos actores principales del proyecto: el banco global JPMorgan, contratado por la FIFA para asesorías, y la empresa Thrive Eternal, que debe liderar el “grupo de inversores propuesto para la FFE". Thrive Eternal es un vehículo de inversión de largo plazo creado por Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno y hombre de confianza diplomática del presidente Donald Trump, quien guarda una relación muy cercana a Infantino.

Pero el comunicado, lejos de despejar dudas, solo ha generado aún más tensión. Si bien la FIFA aclara en su versión oficial que seguirá teniendo “el control exclusivo de la FFE y la autoridad exclusiva sobre la gobernanza del fútbol, las competiciones, el calendario de partidos y todas las decisiones regulatorias y deportivas”; la UEFA ya encendió las alarmas y le ha declarado prácticamente la guerra a la propuesta.

"Esto cruza una línea que las instituciones rectoras del fútbol nunca deberían cruzar. La UEFA lo toma con extrema seriedad. Y así debería hacerlo cada federación nacional de fútbol. Así debería hacerlo cada actor interesado: ligas, clubes, jugadores, aficionados, gobiernos y todo aquel a quien le importe el futuro del juego”, se lee en la respuesta. “El alma y la gobernanza del fútbol no son activos para comerciar, especialmente sin ninguna transparencia sobre quién se beneficia económicamente. Ninguno de nosotros es dueño del fútbol. No le corresponde a la FIFA venderlo”.

Además de la postura oficial, en los medios trascendió, según fuentes conocedoras de la situación, que la UEFA estaría lista para aplicar un boicot contra los torneos internacionales de la FIFA en caso de que el plan de inversión funcione, una prueba de hasta donde estaría dispuesta llegar la asociación de fútbol europea en esta guerra de poder e influencia.

La situación incluso escaló hasta la política, con el primer ministro de Reino Unido, Andy Burnham, pronunciándose sobre el asunto, cuestionando duramente el plan de Infantino: “Déjame decirlo de manera muy directa. El fútbol no pertenece a los inversores. Pertenece a la gente que llena las gradas y que está al borde del campo semana tras semana, llueva o haga sol. La Copa del Mundo no es un producto. Es la mayor competición del deporte mundial, y nunca fue de nadie para venderla. Vístaselo como quieran. Una vez que han vendido una parte de ella, se han vendido. El fútbol pertenece a los aficionados. Siempre ha sido así, y siempre lo será”.

Esos son los jugadores en este tablero geopolítico: la FIFA vs. la UEFA, cada uno con sus aliados y a la espera de que se definan otros actores clave, como las demás federaciones, incluyendo la influyente CONMEBOL, y la propia Casa Blanca, pues existe una relación directa entre Thrive Eternal y uno de los actores diplomáticos más cercanos al presidente Trump. Sin embargo, según una fuente citada por Reuters, el yerno del líder estadounidense, Jared Kushner, no sería un inversionista potencial en el plan, por lo que el papel potencial de Washington, si es que lo tiene, aún está por verse.

¿Qué implicaría el rol de una empresa subsidiaria en el Mundial?

La clave de toda la controversia está en entender qué es exactamente la FIFA Forward Enterprise (FFE) y qué cambiaría, en la práctica, si termina viendo la luz. ¿Estamos, acaso, ante un Mundial de Fútbol privatizado y el fin del deporte tal y cómo lo conocemos? Pues, en el papel, realmente no se trata de vender el Mundial en sí, como afirman muchos críticos, sino de trasladar toda la operación comercial de la FIFA —derechos de transmisión, patrocinios, venta de entradas, licencias, y la ejecución operativa de los propios torneos— a una única entidad empresarial, también propiedad de la FIFA, pero con una porción minoritaria en manos de inversores privados que podrían mucho, muchísimo dinero. La FIFA insiste en que, a pesar de ese dinero recibido por capital privado, conservaría el control mayoritario y la autoridad exclusiva sobre calendario, competiciones y decisiones regulatorias.

Pero ahí es justamente donde arranca la discusión de fondo y entra la UEFA como punto de choque. Para la asociación de fútbol europeo, el "control formal" de la FIFA no es garantía de nada una vez que hay dinero privado buscando rentabilidad dentro de la estructura del ente rector del fútbol. Esto coincide con la visión de los críticos, que señalan el hecho que ningún inversor destina miles de millones de dólares sin esperar algo a cambio, y ese algo —que puede ser más partidos, calendarios más cargados, torneos más frecuentes— rara vez llega a través de un voto en un directorio o democratizando el fútbol, sino que se filtra de a poco, en la propia lógica de cómo se prioriza y qué se negocia puertas adentro.

En resumidas cuentas, para los críticos no es suficiente que la FIFA diga que mantiene la última palabra en el papel, pues eso no responde la pregunta que más preocupa: quién termina influyendo esa última palabra.

¿Por qué Infantino quiere vender su producto más valioso y por qué se opone la UEFA, más allá de "defender el fútbol"?

Si la FIFA ya es una de las organizaciones deportivas más rentables del planeta, ¿para qué necesita meter capital privado en la ecuación? La respuesta oficial de Infantino apunta a la lógica economicista y a la "democratización" del fútbol. Básicamente, según la FIFA, el objetivo prioritario es triplicar los fondos de desarrollo para las 211 asociaciones miembro y asegurar que ese crecimiento llegue "a cada rincón del mundo". No obstante, detrás de la lógica comercial, también hay política y lucha de poder. Con la FIFA cada vez más influyente y poderosa en términos económicos, con calendarios mucho más apretados, el ente rector del fútbol global podría desafiar y aislar a la propia UEFA, que ya el año pasado había plantado cara al nuevo Mundial de Clubes, un torneo que amplió cupos y que tuvo un relativo éxito a pesar de las críticas a la organización y la sede (EEUU).

Por ello no genera sorpresa la retórica de la UEFA apelando al "alma" del fútbol y de activos que "no se comercian", aunque, en el fondo, hay bastante más en juego que los principios que rigen al deporte más popular del mundo.

Las relaciones entre ambos organismos vienen, por ponerlo en contexto en palabras sutiles, bastante desgastadas desde hace un buen tiempo y no solo por esta propuesta. Apenas unas semanas atrás, durante el propio Mundial, la UEFA condenó la intervención directa de Donald Trump en un asunto disciplinario del torneo: tras una llamada del presidente estadounidense a Infantino, que ambos admitieron, se levantó la suspensión por tarjeta roja que debió haber dejado fuera de los octavos de final al delantero estadounidense Folarin Balogun. El episodio generó alarma y mucha molestia a varias federaciones europeas, que además cuestionan desde hace tiempo la ampliación a 48 selecciones de la Copa del Mundo y la propuesta de llevarla a 64 equipos para 2030. La polémica solo se enfrió porque Bélgica destrozó 4-1 al local EEUU.

Ese malestar acumulado se tradujo en que distintas federaciones de la UEFA están explorando la chance de desafiar a Infantino en las elecciones de la presidencia de la FIFA, previstas para marzo de 2027 en Rabat, Marruecos. Según distintos reportes, los posibles candidatos son el presidente de la UEFA Aleksander Ceferin, el qatarí Nasser Al-Khelaifi, presidente del PSG, y Dariusz Mioduski, dueño del Legia de Varsovia. Lo curioso es que Infantino llegó al poder en 2016 justamente con el respaldo de la UEFA, tras el escándalo del FIFA-Gate que derribó a Joseph Blatter y a Michel Platini.

En ese tablero, cada nueva controversia de Infantino —sea el caso Balogun o ahora la venta de la FFE— funciona también como munición política de cara a esa lucha electoral. Por supuesto, eso no invalida los argumentos de fondo que esgrime la UEFA sobre gobernanza y transparencia, pero sí obliga a leerlos con un lente inequívoco de un organismo que, además de defender principios, está peleando por sacar del poder al hombre declarado enemigo. 

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