El USS Gerald R. Ford regresa a casa tras 11 meses de despliegue: participó en la guerra contra Irán y en la captura de Maduro
El secretario de Guerra, Pete Hegseth, estuvo en el recibimiento y subió a cubierta para dirigirse a las tripulaciones.

El portaaviones de la Marina USS Gerald R. Ford sale de la bahía de Souda en la isla de Creta
Después de casi un año lejos de casa, el portaaviones USS Gerald R. Ford volvió este sábado a su base en Virginia. Sus 5.000 tripulantes pisaron tierra firme por primera vez desde junio del año pasado, al cierre de un despliegue de 11 meses que la Marina de Estados Unidos no veía desde los años setenta y que dejó al buque insignia en el centro de dos de las operaciones militares más significativas del último año: la guerra contra Irán y la captura del exdictador venezolano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, luego de varios meses de operaciones antinarcóticos en el mar Caribe.
El Ford, considerado el portaaviones más grande y más avanzado en términos tecnológicos del mundo, atracó en la Estación Naval de Norfolk acompañado por los destructores USS Bainbridge y USS Mahan. En el muelle esperaban cientos de familias, muchas con carteles y banderas, en una escena habitual de los regresos navales.
El secretario de Guerra, Pete Hegseth, estuvo en el recibimiento y subió a cubierta para dirigirse a las tripulaciones.
"No solo cumplieron una misión, hicieron historia", dijo el jefe del Pentágono. "Hicieron que una nación se sintiera orgullosa".
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Según U.S. Naval Institute News, los 326 días en el mar del Ford constituyen el despliegue más prolongado de un portaaviones estadounidense en los últimos 50 años, superado únicamente por dos misiones de la era de Vietnam: el USS Midway en 1973 (332 días) y el USS Coral Sea en 1965 (329 días). El caso del USS Nimitz, que sumó 341 días entre 2020 y 2021, suele excluirse de la comparación porque incluyó largos períodos de aislamiento en tierra por la pandemia de COVID-19.
El recorrido del Ford fue tan extenso como variado. Zarpó de Virginia en junio rumbo al Mediterráneo, pero en octubre fue redirigido al Caribe como parte del mayor despliegue naval estadounidense en la región en décadas. Desde allí participó en la operación militar de enero que terminó con la detención de Maduro y su esposa, Cilia Flores, y su traslado a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico y terrorismo. Pocas semanas después, el buque volvió a cambiar de rumbo, dirigiéndose al Canal de Suez, entrando al mar Rojo y, finalmente, sumándose a los primeros días de la guerra contra Irán.
La travesía no estuvo exenta de contratiempos. Un incendio originado en una de las áreas de lavandería —no relacionado con acción enemiga— dejó a cientos de tripulantes sin lugar para dormir y obligó a realizar reparaciones prolongadas en la isla griega de Creta. El episodio, sumado a la extensión inusual del despliegue, ha reabierto el debate dentro de la Marina sobre el desgaste físico y emocional que estas misiones imponen a las tripulaciones, así como sobre el deterioro acelerado de los buques y sus sistemas.