León XIV, un año de reconciliación, serenidad y prudencia... hasta que topó con Trump
El encontronazo con el presidente en los últimos tiempos deja en un segundo plano la silenciosa y productiva labor del primer pontífice estadounidense para volver a unir a la Iglesia Católica.

Papa León XIV
El primer año de pontificado de León XIV estaba respondiendo al carácter del propio Robert Prevost, a un trabajo callado y sistemático, intenso, pero también claro y contundente en la defensa de los valores del Evangelio. Algo que quedó ensombrecido y casi en un segundo plano por los ruidosos ataques de Donald Trump contra el pontífice por la guerra de Irán.
Aunque precisamente es lo que más ha quedado en el imaginario colectivo, gracias al poder mediático de ambos líderes, y la capacidad de Trump de hacer ruido, precisamente una de las cosas que peor lleva León XIV desde siempre.
Como cabeza de la Iglesia, León XIV volvió a hacer llamamientos al fin de las hostilidades en Irán. Trump, que ya había sufrido las críticas del pontífice por su dura política migratoria, y que convive con la oposición de los obispos estadounidenses por este tema, terminó explotando de manera contundente y en repetidas ocasiones tras un primer larguísimo y durísimo primer post en Truth Social, en el que acusaba a Prevost de ser "blando con el crimen" y reunirse con simpatizantes de izquierda:
"El Papa León XIV debería estar agradecido porque, como todos saben, fue una sorpresa impactante. No estaba en ninguna lista para ser Papa y solo fue colocado allí por la Iglesia porque era estadounidense, y pensaron que esa sería la mejor manera de tratar con el presidente Donald J. Trump. Si yo no estuviera en la Casa Blanca, el Papa León XIV no estaría en el Vaticano. Desafortunadamente, el Papa León XIV es débil contra el crimen, débil frente a las armas nucleares, lo cual no me sienta bien, ni tampoco el hecho de que se reúna con simpatizantes de Obama como David Axelrod, un PERDEDOR de la izquierda, uno de los que querían arrestar a feligreses y clérigos. El Papa León XIV debería ponerse en orden como Papa, usar el sentido común, dejar de complacer a la izquierda radical y centrarse en ser un gran Papa, no un político. ¡Le está perjudicando mucho y, más importante aún, está perjudicando a la Iglesia Católica!".
"No soy un político"
Una explosión coreada por el núcleo duro de la Administración, incluyendo al católico JD Vance, aunque en un tono más conciliador. El papa, sin buscar el choque, no se desdijo y mantuvo su posición, dejando claro que es la postura de la Iglesia.
"No soy un político", dijo el Papa a los periodistas a bordo del avión papal mientras se dirigían a Argelia para la primera visita del pontífice a África. "No tengo ninguna intención de debatir con (Trump). El mensaje es el mismo: promover la paz".
Un capítulo que la visita de Marco Rubio al Vaticano para reunirse con León XIV en un ambiente "cordial" parece haberse cerrado, también tras las declaraciones del propio papa aclarando su postura sobre la inmigración y las fronteras. No obstante, el daño para Trump entre los votantes católicos puede ser un obstáculo de cara a las midterms.
León XIV, claro sobre el movimiento LGBT y la inmigración
Precisamente uno de los puntos que ha contribuido a limar aristas es esa claridad con la que León aborda temas espinosos. Frente a la ambigüedad -polémica y calculada- de Francisco en temas como la propia inmigración y el movimiento LGBT, León XIV ha sido claro:
"La Santa Sede ya ha hablado con los obispos alemanes. La Santa Sede ha dejado claro que no estamos de acuerdo con la bendición formalizada de parejas —en este caso parejas homosexuales, como usted pregunta— o parejas en situaciones irregulares, más allá de lo que el papa Francisco permitió al decir que todas las personas reciben bendiciones”.
Sobre la inmigración:
"Yo personalmente creo que un estado tiene derecho a poner reglas para sus fronteras. Yo no digo que todos deben entrar como sea, sin orden, creando situaciones a veces más injustas en el lugar donde llegan de lo que han dejado.
Ante la comprensible tendencia a emigrar, que puede llevar a creer que en otro lugar un futuro mejor puede encontrarse más fácilmente, los invito, ante todo, a responder con un ardiente deseo de servir a su país", dijo entonces el sumo pontífice, reconociendo que los problemas estructurales de los países del sur —guerra, violencia, corrupción, pobreza— generan crisis migratorias".
Cambios importante en los obispos de EEUU con un giro hacia prelados "misioneros"
Respecto a su país nativo, León XIV también ha dado muestras de la diplomacia vaticana de manera discreta, admitiendo la renuncia de cardenales más alejados de sus postulados que, como Dolan, podrían haber continuado al frente de sus archidiócesis algo más de tiempo, y sustituyéndolos por perfiles más "misioneros".
En lo que compete a la propia Iglesia Católica, León XIV se ha caracterizado por una vuelta a los protocolos y los símbolos papales que Francisco siempre rechazó. Además, ha vuelto a normalizar la liturgia, y busca un acercamiento con los conservadores, a la vez que no cambia el rumbo hacia una iglesia más sinodal y centrada en los nuevos retos.
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Además, León XIV ha querido un mayor contacto con los cardenales, convocando un consistorio extraordinario de purpurados a los pocos meses del cónclave. Asistieron en torno a 170 y ellos fueron los que determinaron libremente los temas que quieren debatir para marcar el futuro de la Iglesia.
Tres viajes apostólicos en su primer año
En este periodo, León XIV ha realizado tres viajes oficiales fuera del vaticano. Abrieron la veda Turquía y Líbano con motivo del 1700º aniversario del Concilio de Nicea y en cumplimiento de un compromiso ya adquirido por Francisco.
El segundo fue una gran sorpresa, y mucho más cercano: el principado de Mónaco, que nunca había sido pisado por el calzado de un papa. El tercero y último fue a África, siguiendo las huellas de San Agustín -no hay que olvidar que Prevost es agustino-.
En resumen, un año de un papa prudente, conciliador, pero que cuando habla es claro y contundente, plenamente consciente de lo que dice. Por ello, siempre se le ve con papeles en la mano cuando se dirige al mundo, huyendo de las simpáticas improvisaciones de su predecesor.