De Robert Prevost a León XIV, un año del Sínodo que eligió al papa desconocido
Hace 12 meses, el cardenal agustino era un extraño incluso para los purpurados estadounidenses, que no lo incluían entre sus filas.

El papa Francisco crea cardenal a Robert Prevost, ahora León XIV
Con todo listo para el cónclave para elegir al sucesor de Francisco, Robert Prevost no figuraba en ninguna lista de papables hace un año. De hecho, muchos, incluso entre los encargados de votar, ni siquiera sabían quién era este prudente y silencioso agustino estadounidense con alma peruana.
Ni siquiera los prelados de su país pensaban en él, no ya como futuro papa, sino como compatriota. Sus muchos años de misión en Perú y su posterior periplo en Roma como responsable de los nombramientos de obispos lo hacían un extraño.
"Un constructor de puentes"
Sin embargo, a posteriori, Prevost reunía todas las cualidades que los prelados y la Iglesia católica buscaban y necesitaban tras el terremoto Francisco. En especial, la que todos destacaban de él, en palabras del cardenal Dolan: "Es un constructor de puentes".
"Lo que más preocupaba a los cardenales, al menos según mis conversaciones con ellos, era quién de nosotros puede unirnos, quién de nosotros puede fortalecer la fe y llevarla a lugares donde se ha debilitado", dijo, por su parte, el cardenal y arzobispo emérito de Washington, Wilton Gregory, quien subrayó que fue "el deseo de fortalecer la fe cristiana entre el pueblo de Dios", lo que llevó a elegir a Prevost como papa.
Ser estadounidense nunca pesó en la elección de Prevost
El hecho de ser estadounidense nunca estuvo sobre la mesa. Ni para restar ni para sumar -como apunta Donald Trump-. Simplemente, el objetivo era conseguir alguien capaz de cerrar las heridas entre los seguidores de la visión progresista de Bergoglio y los conservadores. Ninguno de los favoritos entre ambos bandos parecía cumplir con ese perfil.
Uno de los primeros en incluir al futuro León XIV entre los favoritos fue el vaticanista español Jesús Colina. Tal día como hoy ya lo señaló como un serio aspirante, y lo hizo desde los datos. Porque, a pesar de que su cautela, humildad y contención lo hacían alejarse de los focos mediáticos, Francisco había apostado con fuerza por Prevost.
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Su nombramiento como prefecto del Dicasterio de los Obispos -y miembro de casi todos los demás dicasterios-, con la función de estudiar y proponer los nombramientos de los prelados por todo el mundo, le daba además la oportunidad de despachar directamente y cada semana con el pontífice argentino.
Su perfil conciliador, alejado del histrionismo y el gusto por la provocación y polémica de Francisco le convertían en alguien muy a tener en cuenta para llevar el mando de la Iglesia católica en medio de las turbulencias actuales del mundo, especialmente tras la llegada de Trump a la Casa Blanca.