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Un estudio a largo plazo reveló que la salud mental empeora tras las transiciones de género medicalizadas

La investigación analizó a casi 2.100 jóvenes finlandeses menores de 23 años que fueron derivados a servicios especializados de identidad de género entre 1996 y 2019, comparándolos con un grupo de control de más de 16.000 personas.

Personas asisten a una manifestación por el Día de la Visibilidad Trans en Washington

Personas asisten a una manifestación por el Día de la Visibilidad Trans en WashingtonAFP

Diane Hernández
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Una investigación longitudinal realizada en Finlandia durante más de 30 años ha encendido un intenso debate internacional sobre los efectos de las intervenciones médicas en jóvenes con disforia de género. El estudio, publicado en la revista científica Acta Paediatrica, concluye que los adolescentes derivados a clínicas de identidad de género presentan altos niveles de morbilidad psiquiátrica que, lejos de disminuir, tienden a incrementarse tras las intervenciones.

Los hallazgos han sido respaldados por algunos sectores científicos como evidencia largamente esperada, mientras que activistas y defensores de la llamada 'atención de afirmación de género' cuestionan su metodología y advierten sobre posibles sesgos.

Un estudio sin precedentes por su alcance

La investigación analizó a casi 2.100 jóvenes finlandeses menores de 23 años que fueron derivados a servicios especializados de identidad de género entre 1996 y 2019, comparándolos con un grupo de control de más de 16.000 personas.

Los resultados muestran que, antes de cualquier intervención, el 45,7% de estos adolescentes ya presentaba trastornos psiquiátricos, frente al 15% en el grupo de control. Sin embargo, tras la derivación, la cifra aumentó al 61,7%, ampliando aún más la brecha (frente al 14,6% en los controles).

El estudio también identificó un agravamiento en cohortes más recientes, particularmente después de 2010. En ese periodo, los investigadores observaron mayores necesidades psiquiátricas tanto antes como después de la derivación, en un contexto que coincide con el deterioro general de la salud mental adolescente en la era de las redes sociales.

Impacto tras intervenciones médicas

Los datos resultan especialmente significativos en el caso de jóvenes que recibieron tratamientos hormonales o quirúrgicos. En varones que buscaban una transición feminizante, la morbilidad psiquiátrica pasó del 9,8% al 60,7%. En mujeres que buscaban una transición masculinizante, aumentó del 21,6% al 54,5%.

Los autores del estudio advierten:

"Estos adolescentes presentaban una morbilidad psiquiátrica notablemente mayor que los controles antes y después de la derivación, y las necesidades de tratamiento a menudo persistían e incluso se intensificaban después de las intervenciones médicas; en algunos casos, incluso podían tener un impacto negativo".

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Entre los investigadores figura Riittakerttu Kaltiala, psiquiatra jefe del Hospital Universitario de Tampere, quien ha sido una figura clave en el desarrollo de servicios de identidad de género para menores en Finlandia. 

En 2023, la propia psiquiatra afirmó en una entrevista: "La atención médica que afirma el género es peligrosa".

Fortalezas y limitaciones del estudio

Uno de los principales puntos fuertes señalados por los autores es el uso de registros nacionales completos, lo que permite un seguimiento exhaustivo de toda la población analizada. Esto lo diferencia de otros estudios internacionales basados en muestras voluntarias con altas tasas de abandono.

No obstante, los investigadores reconocen limitaciones relevantes, como la falta de datos detallados sobre las causas específicas de los tratamientos psiquiátricos o la imposibilidad de controlar variables como el nivel socioeconómico.

También advierten que algunos jóvenes con trastornos psiquiátricos graves podrían no haber accedido a intervenciones médicas, lo que podría influir en los resultados.

Apoyo científico y críticas metodológicas

Organizaciones como la Society for Evidence-Based Gender Medicine destacaron la importancia del estudio, señalando que es uno de los pocos basados en datos poblacionales completos.

​Desde el ámbito clínico, la psicóloga británica Dionne Joseph afirmó que se trata de "la evidencia que necesitábamos desde hace mucho tiempo", valorando especialmente la comparación con grupos de control equivalentes.

​Sin embargo, las críticas han sido contundentes. La académica de Harvard Alejandra Caraballo cuestionó los resultados y la credibilidad de los autores, mientras que la periodista Erin Reed calificó el estudio como metodológicamente defectuoso, argumentando que no mide adecuadamente los efectos que pretende analizar.

​Entre los cuestionamientos más repetidos figuran posibles sesgos de seguimiento, prácticas clínicas previas y la interpretación de los datos en contextos complejos.

Un debate cada vez más polarizado

La publicación del estudio ha reavivado un debate global profundamente dividido. Figuras como Greg Lukianoff, defensor de la libertad de expresión, señalaron que el tema se ha vuelto "extraordinariamente sensible", donde cuestionar ciertas posturas puede derivar en descalificaciones personales.

En esa línea, el politólogo Timur Kuran sostuvo que durante años se ha intentado presentar los beneficios de estas intervenciones como "ciencia establecida", lo que habría dificultado el debate abierto. La mayoría de los estudios que se vienen publicando en las últimas fechas han concluido en contra de la ideología trans y denunciando el daño que produce en los menores.

Contexto internacional y presión sobre la investigación

El impacto del estudio no se limita a Finlandia. En países como Australia, algunos profesionales que han planteado dudas sobre tratamientos similares han enfrentado presiones regulatorias, lo que refleja el clima de tensión en torno al tema.

Además, se han reportado cancelaciones de eventos académicos y campañas de presión contra investigadores, lo que, según diversos analistas, podría afectar la libertad científica en este campo.

Un tema abierto y en evolución

Más allá de las posiciones enfrentadas, el estudio finlandés introduce datos relevantes en una discusión compleja que combina ciencia, política sanitaria y derechos individuales.

La evolución de la evidencia científica, junto con el desarrollo de marcos regulatorios y éticos, será clave para determinar el futuro de los tratamientos relacionados con la identidad de género en menores, en un contexto donde las decisiones médicas tienen profundas implicancias a largo plazo.

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