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La estrategia de Cuomo tras la salida de Adams: forzar el “cara a cara” con Mamdani e ignorar al republicano Curtis Sliwa

A estas alturas, Cuomo no solo compite contra el favoritismo inmenso de su adversario socialista y la obstinación del candidato del GOP, sino también contra el reloj.

Andrew Cuomo y Zohran Mamdani

Andrew Cuomo y Zohran MamdaniAFP / Archivo

Emmanuel Alejandro Rondón

Con el alcalde Eric Adams fuera de la contienda, Andrew Cuomo oficialmente quedó como el único demócrata de centro en la carrera por la Alcaldía de Nueva York. Su apuesta, según especialistas en la política interna neoyorquina, es clara: reducir la elección a una disputa entre él y el candidato socialista Zohran Mamdani y sacar de foco al republicano Curtis Sliwa en las cinco semanas que quedan.

De acuerdo con un reporte de Politico, desde el entorno de Cuomo celebran que, tras la renuncia de Adams, comenzó a entrar más financiamiento y a reordenarse parte de los grupos electorales que ambos compartían —votantes moderados, sectores negros y judíos de barrios periféricos y donantes multimillonarios preocupados por un giro a la izquierda.

El exgobernador David Paterson lo sintetizó así: “El dinero lo seguirá. Es un organizador formidable y creo que puede lograr que muchos vuelvan”.

Para que esa narrativa funcione, explicaron diversos especialistas a Politico, el equipo de Cuomo necesita que el debate público no gire en torno a si el republicano Sliwa abandonará o no la contienda. “Cuomo necesita cada día posible para un cara a cara con Mamdani”, dijo el consultor Chris Coffey. Y añadió: “Cuanto más se concentre la atención en si Sliwa se retirará, más se congela la contienda, el financiamiento y el ciclo de noticias”.

Mientras esta estrategia fluye en el campo de Cuomo, la presión sobre Sliwa es cada vez mayor. Por ejemplo, el Daily News pidió que se baje de la carrera un día después del retiro de Adams y su aliado histórico, John Catsimatidis, sugirió que debería “reconsiderar” su continuidad.

No obstante, el equipo de Cuomo decidió dejar de insistir en ese frente y hablarle al votante como si la decisión ya fuera entre el extremista Mamdani y el exgobernador neoyorquino.

A la conversación sorprendentemente se sumó el presidente Donald Trump, quien definió a Sliwa como un candidato “no precisamente de horario estelar” y bromeó con que quería llevar “miles de gatos” a la residencia del alcalde. Luego, en Truth Social, advirtió que un triunfo de Mamdani perjudicaría a la ciudad y amenazó con retener fondos federales en caso de que suceda.

Para Cuomo, ese ruido respalda su argumento de que un Gobierno de Mamdani supondría un costo fiscal altísimo para Nueva York. No obstante, para otros electores, la injerencia presidencial resulta disuasoria.

Los datos, por ahora, no avalan un vuelco favorable para Cuomo. Un sondeo de Marist que ya medía el escenario sin Adams achicó la desventaja de Cuomo frente a Mamdani de 21 a 16 puntos, con Sliwa aun llevándose un 18% del electorado. Otra encuesta (Fox News/Beacon/Shaw) muestra a la mitad de los votantes probables con opinión favorable de Mamdani (solo 4% dice no conocerlo), mientras Cuomo registra 45% de aprobación y 1% de desconocimiento.

La energía del electorado también favorece al asambleísta socialista: más del 80% de quienes lo apoyan ya está decidido a votar, frente al 65% en el caso de Cuomo.

En el plano político, Al Sharpton, líder de derechos civiles y analista demócrata que conoce a Cuomo, se mostró escéptico en declaraciones a Politico: “No veo un gran vuelco hacia Andrew… pero le corresponde a Andrew demostrarnos que estamos equivocados”.

Mientras tanto, el estratega J. C. Polanco resumió el dilema de la siguiente manera: “La salida de Adams cambió la psicología de la contienda… pero el señor Sliwa sigue siendo el tema ineludible”.

Mientras tanto, Cuomo sigue fijando su contraste con Mamdani: lo presenta como un riesgo ideológico y financiero para la ciudad, y busca transformar ese choque en entusiasmo. Mamdani contraatacó volviendo a señalar recortes en un programa estatal de vivienda durante la gestión de Cuomo como gobernador, una acusación que el equipo del exgobernador niega.

En paralelo, Cuomo intenta atraer respaldos que flotaban en el espacio de Adams: líderes comunitarios (como un grupo de referentes judíos en Crown Heights) y sindicatos, en especial los policiales.

El éxito de la estrategia dependerá de si Cuomo consigue que la cobertura, el dinero y las conversaciones en la ciudad giren alrededor del “cara a cara” que propone con Mamdani y, a la vez, de si logra minimizar a Sliwa sin que el tema —su permanencia o no— vuelva a congelar la carrera. A estas alturas, Cuomo no solo compite contra el favoritismo inmenso de su adversario socialista y la obstinación del republicano Sliwa, sino también contra el reloj, que no para de avanzar mientras se acerca el día de ir a las urnas. 

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