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La propaganda de Irán y la extrema izquierda se activa para convencerte de que Trump se rindió en Irán

​El contorsionismo es notable: intentar perfilar como victorioso a un régimen cuyo líder supremo fue volado en mil pedazos, toda la jerarquía fue decapitada, la fuerza militar disminuida y la infraestructura nuclear en escombros.

Trump habla de Irán este primero de abril

Trump habla de Irán este primero de abrilAFP

Ayer el presidente Donald Trump anunció que había llegado a un acuerdo de alto al fuego con el régimen iraní, que implicaba la reapertura del Estrecho de Ormuz y el inicio de una ronda de negociaciones en torno a las demandas de ambos bandos. 

Inmediatamente, el régimen iraní activó todo su aparato de propaganda. También se alinearon los aliados globales, de la extrema izquierda y los enemigos de Occidente. Todos, al unísono, proclamaron lo mismo: el presidente Trump se rindió en Irán, se acobardó y han ganado los ayatolás. 

Paradójico, porque unas horas antes todo ese aparato de propaganda, luego de que Trump dijera que el martes en la noche moriría "una civilización", afirmaba que Estados Unidos estaba listo para cometer un genocidio en Irán. En la noche, los mismos dijeron que Trump se había asustado (porque, según ellos, no cometió el genocidio).

El contorsionismo es notable: intentar perfilar como victorioso a un régimen cuyo líder supremo fue volado en mil pedazos, toda la jerarquía fue decapitada, la fuerza militar disminuida y la infraestructura nuclear en escombros.

Es cierto que antes de la guerra el Estrecho de Ormuz estaba abierto. Pero, tras el bombardeo, el cierre del Estrecho se convirtió en el último y principal recurso del régimen iraní para dañar a Occidente.

Trump amenazó fuertemente. El mundo pegó el grito al cielo. Irán dijo que eso no lo doblegaría, pero terminó renunciando a la herramienta más poderosa para presionar a Estados Unidos: anunció, junto a Trump, que abriría el Estrecho. También se dispuso a empezar una negociación de acuerdo a los términos de Estados Unidos. Una negociación con los mismos que les mataron a su líder supremo y tienen a toda la cúpula teocrática, y sus hijos, con las no-sé-cuántas-vírgenes en el más allá.

Lo de destruir una civilización fue la última gran apuesta de Trump por una negociación y un acuerdo que le permitiera a Occidente recuperar el tránsito por el Estrecho de Ormuz, que era la urgencia particular de la Casa Blanca. 

La guerra no ha terminado. Aún no hay claridad sobre cómo quedó el régimen iraní y si, como anunció Trump, realmente ocurrió o vendrá el cambio de sistema. Pero no hay forma en la que los iraníes, venidos a menos, puedan afirmar que se impusieron sobre Trump. Así como tampoco se puede afirmar que ya la guerra fue un triunfo rotundo de Estados Unidos. Todavía es prematuro. 

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