Abdul El-Sayed: el candidato demócrata que llora al Ayatolá
El-Sayed, como ejemplo, es la clave de lo que ocurre en el seno de un Partido Demócrata que lleva años corriendo detrás del electorado islamista a cualquier costo.

El-Sayed durante su campaña a la gobernación de Michigan (2020)
Un audio filtrado de una reunión de la campaña electoral de Abdul El-Sayed al Senado de Michigan, ha desnudado, aún más, la catadura moral del hombre que pretende llegar al Senado. Un comentario que, no sólo por su contenido sino por la fría manipulación de sus votantes, lo muestra tal como es.
Según revela un informe de Free Beacon, el día siguiente al comienzo de la Operación Furia Épica en la que un ataque conjunto estadounidense-israelí acabó con la vida del tirano Alí Jamenei, El-Sayed reunió a su equipo de comunicaciones para decidir cómo manejar el asunto. Su conclusión fue simple: silencio total. Su razonamiento, revelador: no quería pronunciarse sobre la muerte de Jamenei porque, según sus propias palabras, "hay mucha gente en Dearborn que está triste hoy. Así que, simplemente no quiero comentar nada sobre Jamenei. No creo que valga la pena ni siquiera mencionarlo".
Abdul El-Sayed es, lamentablemente, un tipo de político que ya no es excepcional en las filas del Partido Demócrata. Sus credenciales son todo lo que la formación ansía: becario de Soros y apoyado por Bernie Sanders. Es el prototipo del político de la islamoizquierda de nueva generación.
Asumiendo que El-Sayed conozca cabalmente a sus votantes, cabe preguntarse cuántos ciudadanos en Michigan se entristecen por la desaparición de Jamenei: el hombre que durante más de tres décadas dirigió un régimen que torturó y ejecutó a sus ciudadanos dentro de Irán, incluyendo además la cárcel, tortura y muerte de mujeres privadas de todo derecho y dignidad, y que además financió a Hezbolá, Hamás y a las milicias que mataron a cientos de americanos en toda la región. No es exactamente una figura cuya desaparición amerita duelo en Estados Unidos.
Pero El-Sayed tenía su cálculo, y su maquiavélica maquinaria de comunicación iba más allá, si algún periodista se atrevía a preguntarle, ya tenía preparada su maniobra de distracción: cambiar el tema hacia Trump y Jeffrey Epstein. "Francamente, voy a ir directo al tema de la pedofilia. Simplemente diré: 'Un presidente pedófilo decide que no le gusta la noticia de primera plana, así que decide llevarnos a otra guerra'", fueron sus palabras. Un auténtico manual de evasión para quien no tiene nada honesto que decir.
"La estrategia electoral que El-Sayed ha construido depende de mantener electoralmente cautiva a una comunidad ideológicamente fanatizada y cuyos lazos con EEUU son cada vez más débiles".
Pero el audio de esta semana no es una anomalía. Es el capítulo más reciente de un historial alarmante. En 2020, El-Sayed relató con orgullo que durante la guerra de Irak, siendo atleta universitario, se negó a mirar hacia la bandera americana mientras sonaba el himno nacional antes de los partidos. El-Sayed eligió luego escribir un libro para contárselo a todos. No solo no se arrepiente: se adjudica haber sido precursor de Colin Kaepernick.
Entre 2019 y 2021, El-Sayed integró el consejo directivo del Sunrise Movement, un grupo ambientalista que durante ese período llamaba a desfinanciar a la policía, y que describía a los agentes como cerdos fascistas que solo existían para proteger la supremacía blanca. El-Sayed además lideró otro grupo antipolicial que en mayo de 2020 organizó una marcha en Detroit que terminó en disturbios: coches patrulla vandalizados, oficiales atacados con piedras y botellas, un capitán hospitalizado y decenas de detenidos. Años después, durante la campaña, borró los posteos en los que había apoyado el movimiento Defund The Police y declaró que en realidad nunca había pedido desfinanciar a la policía.
El-Sayed como síntoma del Partido Demócrata
Resulta clave entender el contexto de El-Sayed. Dearborn tiene la mayor concentración de población musulmana por habitante de cualquier ciudad del país. En 2023 se convirtió en la primera ciudad de mayoría árabe de los Estados Unidos, y alberga la mezquita más grande de Norteamérica. Es una de las pocas ciudades estadounidenses cuyo alcalde, Abdullah Hammoud, declaró el Eid día festivo remunerado para los empleados municipales y uno de los pocos lugares del país donde se permite la transmisión del adhan islámico (llamada a la oración) por los altavoces de la mezquita.
Y Dearborn no es solo un símbolo político. Es también un escenario que en los últimos meses ha concentrado una escalada de violencia islamista que resulta imposible ignorar. En octubre de 2025, el FBI desarticuló en la ciudad un complot inspirado en el ISIS que buscaba replicar los atentados de París de 2015, con arsenal acumulado, miles de cartuchos de munición y práctica en polígonos de tiro. Tres residentes de Dearborn fueron finalmente imputados por conspiración para apoyar a una organización terrorista extranjera. Tres semanas después, el alcalde Hammoud bromeó públicamente sobre la palabra "yihad" en un podcast. El timing fue notable.
Pocas semanas más tarde, el 12 de marzo de este año, Ayman Ghazali, un ciudadano naturalizado nacido en Líbano y residente de Dearborn Heights, embistió con su camioneta cargada de explosivos y bidones de gasolina contra la sinagoga Temple Israel en West Bloomfield. El-Sayed reaccionó al ataque con un comunicado que condenaba la agresión pero añadía una justificación apenas solapada, al sostener que Ghazali había perdido familiares en un bombardeo israelí en Líbano días antes. El FBI lo catalogó como un acto de violencia antisemita y se descubrió que sus familiares eran comandantes de Hezbolá.
El-Sayed, como ejemplo, es la clave de lo que ocurre en el seno de un Partido Demócrata que lleva años corriendo detrás del electorado islamista a cualquier costo. Más allá de los ejemplos concretos, que son abundantes, lo que el audio revela es algo más profundo: la estrategia electoral que El-Sayed ha construido depende de mantener electoralmente cautiva a una comunidad ideológicamente fanatizada y cuyos lazos con EEUU son cada vez más débiles. Fomenta, además, un antiamericanismo que es un riesgo real para la seguridad nacional.
Abdul El-Sayed no es un político menor ni un provocador de segunda fila. Es exactamente por eso que su postura resulta tan alarmante. Su calculada hipocresía revela que, en Michigan, guardar silencio ante la muerte del líder supremo de la República Islámica de Irán es una decisión racional de campaña.
Michigan vota en agosto. El audio ya está ahí.