El suicidio de la credibilidad: Somalia y los estándares éticos en la ONU
La ironía es trágica: el país que preside las acciones por la paz y la seguridad internacional no controla siquiera su propio territorio, gran parte del cual está bajo el yugo de la milicia islamista Al-Shabaab.

El presidente de Somalia, Hassan Sheij Mohamud, habla ante la Asamblea General
El 1 de enero de 2026 marcó un hito ominoso en la historia de las Naciones Unidas. Somalia, una nación que encabeza consistentemente los índices de estados fallidos, asumió la presidencia rotatoria del Consejo de Seguridad. La ironía es trágica: el país que preside las acciones por la paz y la seguridad internacional no controla siquiera su propio territorio, gran parte del cual está bajo el yugo de la milicia islamista Al-Shabaab.
La nueva presidencia rotatoria del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas plantea una pregunta incómoda: ¿deberían existir estándares mínimos de gobernanza, estabilidad y transparencia para ocupar posiciones de liderazgo en los organismos internacionales más importantes del mundo? El caso de Somalia cristaliza este dilema. El sistema de rotación presidencial del Consejo de Seguridad opera bajo un principio de igualdad formal: cada uno de los 15 Estados miembros asume el cargo durante 30 días, siguiendo un orden alfabético. Este mecanismo, diseñado para garantizar equidad procedimental, no contempla evaluaciones de capacidad institucional, estabilidad política o integridad gubernamental, evidentemente.
Somalia obtuvo su puesto no permanente en junio de 2024 con 179 de 193 votos en la Asamblea General, un respaldo abrumador que apuntaba al progreso del país desde el colapso del régimen de Siad Barre en 1991. Sin embargo, la distancia entre el reconocimiento diplomático y la realidad sobre el terreno es considerable.
El estado más vulnerable del planeta a conflictos o colapso
Los indicadores internacionales pintan un retrato preocupante de la capacidad institucional somalí. En el Índice de Estados Frágiles 2024, Somalia ocupa un lugar de privilegio mundial con un puntaje de 111.3 sobre 120, lo que lo posiciona como el estado más vulnerable del planeta a conflictos o colapso. Le siguen Sudán (109.3) y Sudán del Sur (109), en una región que concentra las mayores fragilidades institucionales globales.
En el Índice de Percepción de Corrupción 2024 de Transparencia Internacional, Somalia obtuvo una puntuación de 9 sobre 100, ubicándose en el puesto 179 de 180 países evaluados. Solo Sudán del Sur (8) registra peor desempeño. El puntaje somalí representa además una caída de 2 puntos respecto a 2023, indicando deterioro en lugar de mejora.
En términos de violencia y seguridad, el Índice de Paz Global 2024 muestra que Somalia permanece entre las naciones menos pacíficas del mundo. Amplias zonas del territorio nacional están bajo control de Al-Shabaab, organización afiliada a Al Qaeda que ha mantenido una insurgencia violenta durante casi dos décadas.
La capacidad del gobierno federal de ejercer soberanía efectiva sobre su territorio, una broma
Dos regiones federales, Puntlandia y Jubalandia, han suspendido sus relaciones con Mogadiscio, cuestionando la autoridad misma del gobierno central. Somalilandia, en el noroeste, mantiene su reclamo de independencia, reclamo que Israel reconoció el 26 de diciembre de 2025. La capacidad del gobierno federal de ejercer soberanía efectiva sobre su territorio es, en el mejor de los casos, una broma.
Pero las revelaciones recientes sobre funcionarios somalíes de alto nivel añaden una dimensión ética inquietante al debate. Justamente, Abukar Dahir Osman, aparece en documentos corporativos del estado de Ohio como agente legal de Progressive Health Care Services Inc., una empresa de atención médica domiciliaria, mientras simultáneamente servía como representante permanente ante la ONU desde 2017. Los registros muestran esta conexión hasta 2019. Progressive Health Care Services fue incluida en noviembre de 2025 en la lista de exclusión del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos ya que operaba en sectores financiados por Medicaid, programas gubernamentales estadounidenses que han sido objeto de investigaciones por fraude masivo. El patrón es consistente con esquemas documentados en Minnesota, donde se desarticuló uno de los mayores casos de fraude de asistencia pública, con conexiones a la diáspora somalí.
El ministro de Relaciones Exteriores de Somalia, Abdisalam Abdi Ali, enfrenta un escrutinio similar. Registros públicos indican que fundó Ritechoice Healthcare Services LLC en Toledo, Ohio, en 2009, y se desempeñó como director ejecutivo de MedExpress Transportation entre 2015 y 2019. Estos casos individuales señalan una cuestión estructural más profunda: la relación entre representación diplomática, integridad institucional y supervisión internacional.
Mike Waltz: el caso de Somalia representa una de las principales fallas de la ONU
El embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, expresó esta preocupación directamente: asignar altos cargos internacionales a países que enfrentan profundos desafíos de seguridad interna representa una de las principales fallas del organismo. Hillel Neuer, director ejecutivo de UN Watch, describió como absurdo entregar la presidencia del Consejo de Seguridad al país clasificado como el más frágil del mundo en múltiples índices internacionales.
Entregar autoridad sobre seguridad global a estados que no pueden garantizar seguridad básica en su propio territorio crea una contradicción institucional gravísima. Cuando un país ocupa simultáneamente el primer lugar en fragilidad estatal, el penúltimo en corrupción, y enfrenta cuestionamientos éticos sobre sus principales representantes diplomáticos, la tensión entre principio formal e implementación práctica se vuelve insostenible.
El Consejo de Seguridad está siendo un tablero donde los zorros cuidan el gallinero
La presidencia de Somalia terminará en 30 días. Pero el debate sobre qué significa realmente la participación igualitaria en el orden internacional permanecerá mucho más tiempo. ¿Puede un sistema basado en igualdad formal mantener credibilidad cuando los Estados miembros presentan capacidades institucionales radicalmente asimétricas? ¿Es sostenible un modelo de gobernanza global donde la fragilidad extrema y la corrupción sistémica no constituyen impedimentos para posiciones de liderazgo?
Un sistema que permite que un "Estado" que no puede proteger los derechos humanos en su país participe del dictado de la agenda de derechos humanos internacional está roto. La presidencia de Somalia en el Consejo de Seguridad no es un triunfo del multilateralismo ni una señal de "progreso"; es la validación de la corrupción y la inestabilidad. El Consejo de Seguridad está siendo un tablero donde los zorros cuidan el gallinero.