Estados Unidos dio un ultimátum a Maduro, pero podría no funcionar: hará falta algo más
Será necesario que Estados Unidos demuestre que, esta vez, no es un bluff, y que los ultimátums son eso realmente: ultimátums y no amenazas vacías. Si no es por las buenas, como dijo el mismo Trump, pues que termine siendo por las malas.

Nicolás Maduro en Miraflores, en el 2019.
Donald Trump, según recogen reportes del Wall Street Journal, el Miami Herald y el New York Post, le hizo un ultimátum a Maduro: o se va "inmediatamente" de Venezuela o Estados Unidos usaría su fuerza militar contra él y su familia. No es cualquier amenaza. Hoy en el Caribe está desplegada una fuerza naval sin precedentes, probablemente para ser usada contra el régimen venezolano, al que hoy Estados Unidos considera una Organización Terrorista Internacional.
Un ultimátum de esa naturaleza, sobre todo viniendo de alguien como Trump, asustaría a cualquiera y probablemente no hay dictador en el mundo que le resistiría. No obstante, las condiciones de Maduro son distintas, por lo que es posible que el ultimátum, esta vez, no tenga el efecto deseado.
El Estados Unidos de Trump entiende perfectamente la naturaleza y las características del régimen de Maduro: se comporta más como una organización criminal, un cártel, que como una dictadura convencional. Sus dinámicas son las del crimen organizado. No opera diferente a como operaba el Cártel de Medellín en los ochenta o como hoy opera el Cártel de Sinaloa.
Maduro es rehén de sus circunstancias. La mezcla de amenazas e incentivos (aniquilarte con la fuerza militar o amnistía para ti y tu familia) es una fórmula eficaz para presionar a tiranos en el mundo. Es la ecuación de la zanahoria y el garrote —a ella han cedido, con sus matices, dictadores como Charles Taylor, Idi Amin, Stroessner y, hasta cierto grado, el propio Pinochet. Pero con Maduro no es probable que funcione. El tirano venezolano, jefe de un cártel del narcotráfico, no es un líder autónomo y la estructura en la que manda no es vertical.
En una nota de Axios, hace poco, un funcionario de Estados Unidos asomó una consideración bastante cierta: si Maduro intenta huir de Venezuela, su propia guarda, repleta de cubanos, podría asesinarle. La congresista María Elvira Salazar, de origen cubano, piensa lo mismo. Y no se equivocan. Maduro es preso de los cubanos, pero también del resto del sistema.
Dentro del chavismo hay facciones. Una de ellas es la fundamentalista, más inmersa en el mundo del narcotráfico, que está en manos de Diosdado Cabello —quien hoy es realmente el hombre más poderoso de Venezuela. Cabello maneja el narcotráfico, pero también los grupos de represión, de contrainteligencia y de tortura. Es en esos grupos, sobre todo el llamado DGCIM (Dirección General de ContraInteligencia Militar) donde hoy reposa represivamente la tiranía. El DGCIM es el encargado de espiar a todos los funcionarios del mismo régimen, de neutralizar a la disidencia y de mantener a raya a los militares. Con el DGCIM, Cabello puede vigilar y controlar, incluso, al propio Maduro.
Los incentivos que hoy parecen estar sobre la mesa para Maduro jamás lo estarán para Diosdado. Y Diosdado lo sabe. Hoy puede que algunos en el régimen tengan puente de plata para salir al exilio y vivir una vida medianamente cómoda y con algunas garantías en algún país como Irán o Turquía, pero difícilmente aplique para Diosdado Cabello, quien está demasiado involucrado en el mundo criminal, en el narcotráfico y en la violación de derechos humanos.
Como los incentivos no funcionan para Diosdado, y Diosdado maneja el aparato represivo del que hoy depende el sistema, es él quien determina en gran medida el curso del régimen (y del propio Maduro), y es quien evita que el juego se pueda destrancar pese a esta dinámica de ultimátums, incentivos y disuasión —aunado, por supuesto, al factor de los cubanos.
Donald Trump, junto a su secretario de Guerra, Hegseth, y su secretario de Estado, Rubio, está diseñando la política más dura y efectiva que se haya armado hasta el momento para enfrentar al narcoterrorismo que tanto estragos provoca en Estados Unidos y en el continente. Sin embargo, para abordar y, finalmente, resolver el problema que representa el Cártel de los Soles, los ultimátums no bastarán.
Nada de esto implica que el régimen de Maduro resistirá una ofensiva militar de Estados Unidos. Eso es absolutamente imposible. Ni siquiera lo intentarán. Pero la apuesta del régimen es simple: mantenerse lo más firme y cohesionado posible antes de un golpe, con la esperanza de que la firmeza genere la sensación de que una incursión en Venezuela sería costosa para Estados Unidos y, al final, todo se limite a un bluff disuasivo. La tiranía cruza los dedos para que, todo este tiempo, Estados Unidos simplemente haya estado usando la fórmula desgastada de presionar para provocar un quiebre en las filas castrenses.
En ese sentido, no pienso que una intervención a gran escala y prolongada en el tiempo sea necesaria para acabar con el Cártel de los Soles. Nada que ver. Pero si será necesario que Estados Unidos demuestre que, esta vez, no es un bluff, y que los ultimátums son eso realmente: ultimátums y no amenazas vacías. Si no es por las buenas, como dijo el mismo Trump, pues que termine siendo por las malas.