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El parásito que ataca a la derecha

Al insistir en que "no hay enemigos a la derecha", la derecha repite el mayor error de la izquierda. Esta es siempre la razón por la que la política identitaria es exitosa y así es como se propagan los movimientos totalitarios.

Tucker Carlson en Arizona/ Patrick T. Fallon

Tucker Carlson en Arizona/ Patrick T. FallonAFP

Durante los últimos meses, las derechas emergentes vienen siendo atacadas por el mismo parásito que carcomió letalmente a los partidos socialdemócratas, laboristas y de centroizquierda tradicional. A modo de ejemplo, el movimiento MAGA está siendo usado como huésped por grupos identitarios supremacistas para obtener visibilidad y estructura. Pero no es el único: en todo el mundo, la derecha woke está parasitando, para sobrevivir, a los movimientos que puede terminar fracturando.

A grandes rasgos, las derechas alternativas son aquellas que surgieron como respuesta a la falta de conexión de las derechas tradicionales con demandas sociales que no podían ser canalizadas por ningún espectro de la política del establishment. Estas demandas tienen aspectos en común y otros específicos de su localidad, surgiendo tanto desde dentro de partidos tradicionales —como en el caso MAGA— como desde nuevos partidos —como en el caso de VOX, LLA, AfD, y tantos otros—. Estas derechas son las que están en peligro.

La guerra civil dentro de MAGA

Volviendo al parásito que tiene en la mira a estas derechas emergentes, se trata de un fenómeno tan grave que en este momento está desatando una lucha intestina dentro de las filas que llevaron a Donald Trump al poder, haciéndole perder foco y agenda, así como eventualmente apoyo electoral. Muchos políticos e influencers MAGA se han posicionado a uno y otro lado de esta guerra civil, y otros están haciendo tristes malabarismos para quedar bien con Dios y con el diablo, una estrategia que no viene dando resultados.

Las tensiones eclosionaron luego de que Tucker Carlson entrevistara cariñosamente a Nick Fuentes, podcaster que cuenta con millones de seguidores y confeso admirador de Stalin y Hitler, entre otros repugnantes detalles. Carlson consiguió lo que quería: estar en boca de todos, y despertó la necesidad de muchas personas de alejarse de su emponzoñada agenda que contaminaba, por ejemplo, el legado de la Fundación Heritage. Pero el director de la fundación, Kevin Roberts, publicó un desafortunado video con el que pretendió salvar del escarnio público a su amigo Carlson. Lejos de calmar las aguas, las partió aún más, desatando una ola de críticas y alejamientos. Roberts trató de ponerle un parche horas más tarde, pero ya el cataclismo había alcanzado a la legendaria fundación, que hasta ahora sigue padeciendo pérdida de donantes, renuncias y recomposiciones.

Este escándalo corre en paralelo con otros dos: uno de ellos es la filtración de un chat en el que figuras prominentes de la juventud del Partido Republicano se regocijaban replicando todas las taras ideológicas que tenían a la mano, desde violaciones a los que pensaban distinto hasta posturas de racismo y antisemitismo descomunales. No dejaron imbecilidad por alardear. Esto también desató críticas, denuncias y alarmas. Pero el más grave es el escándalo que se desató en el seno de la derecha luego del asesinato de Charlie Kirk.

Un personaje izquierdista woke de manual asesinó al fundador de Turning Point. Lo confesó y la familia lo entregó. Era el momento clave para denunciar cómo esa nefasta ideología se vuelve violenta, pero, en cambio, importantes miembros de MAGA usaron este atentado para viralizar teorías conspirativas que sostenían que a Kirk lo había asesinado el Mossad, o que su esposa tenía relación o beneficio con su muerte, y varios delirios derivados. El movimiento MAGA no fue capaz de sacudirse a estos oportunistas conspiranoicos por no querer apartar a los "viejos amigos de ruta" que se "estaban equivocando", así que dejaron correr estas voces que dominaron el debate.

El error de "no hay enemigos a la derecha"

En los tres casos —la entrevista a Fuentes, las teorías sobre el asesinato de Kirk y el chat del horror— el miedo a partir al movimiento MAGA impidió eliminar de raíz el problema. La consigna era "no hay enemigos a la derecha", posiblemente creyendo que, dado que la izquierda parece abroquelarse y sostener a los suyos hagan lo que hagan, la derecha sería exitosa haciendo lo mismo. Craso error: luego del video de Roberts, todo estalló por el aire.

Al insistir en que "no hay enemigos a la derecha", la derecha repite el mayor error de la izquierda: dejar crecer al parásito woke, esa idea victimista que transfiere sus frustraciones a la responsabilidad de algún tipo de opresor que atenta en las sombras contra su utopía. Pero la condescendencia con estos grupos no ha hecho más que alimentarlos, allanando el camino para que ingresen los fanáticos de los totalitarismos del siglo pasado que buscan a quién culpar de sus fracasos y odian la libre competencia, el capitalismo y la tolerancia.

No quieren combatir al wokismo: quieren simplemente cambiar de roles y conseguir la venganza. La respuesta más tonta a los años de la narrativa de género/feminista es procurar una revancha machista. La respuesta más estúpida a los años de políticas DEI y de acción afirmativa a favor de los "no blancos", es abonar a un identitarismo blanco. El mecanismo es el mismo, tan evidente que asusta. Ahora, el parasitario pensamiento identitarista que cree que el sistema está amañado en su contra, se está mudando a la derecha. Quienes crean que esto es exagerado, den un paseo por los postulados del ejército Groyper y entenderán la gravedad del asunto.

Los groypers son un grupo inorgánico de activistas que atacan a personas y grupos de derecha en EEUU a los que consideran como demasiado moderados y poco nacionalistas. Para ellos, Charlie Kirk era un falso conservador «antiblanco», y por esto solían atacarlo en línea o en sus presentaciones. Los groypers culpaban a Kirk por no acatar sus posturas virulentamente antisemitas, racistas y homófobas, disfrazadas de relatos sobre valores cristianos, tradicionales y familiares. El ícono groyper es una rana protagonista de millones de memes y su mayor exponente es, justamente, Nick Fuentes. Este hombre, en su búsqueda frenética de atención y escándalo, dice cosas que harían empalidecer a Mao, y ahora es el ídolo de gran parte de los jóvenes de EEUU y del mundo.

Fuentes resumió su plataforma así: "Jews are running society, women need to shut the fuck up, Blacks need to be imprisoned for the most part, and we would live in paradise ... White men need to run the household, they need to run the country, they need to run the companies. They just need to run everything, it's that simple. It's literally that simple." ("Los judíos dirigen la sociedad, las mujeres necesitan callarse la puta boca, los negros necesitan estar encarcelados en su mayoría, y viviríamos en el paraíso… Los hombres blancos necesitan dirigir el hogar, necesitan dirigir el país, necesitan dirigir las empresas. Sólo necesitan dirigir todo, es así de simple. Es literalmente así de simple").

Las raíces del problema: trauma social generacional

Entender el consumo de contenidos como el de Fuentes requiere analizar los muchos factores que están impulsando esta propensión de los jóvenes occidentales al identitarismo, el victimismo, la depresión y la falta de valores y conexiones positivas. Ríos de tinta describieron cómo estos factores permitieron el auge de la izquierda woke, y cada día surgen encuestas que muestran un panorama sombrío para un porcentaje significativo de las nuevas generaciones. Esto es un hecho que viene de largo, pero que el bienio covídico, especialmente cruel con jóvenes y niños, catalizó en proporciones alarmantes. Existe un grave problema de trauma social que no se restringe a la izquierda o a la derecha, y que, como aflige particularmente a quienes viven en democracias liberales, los enfrenta a la forma de vida en la que crecieron.

Aprovechándose de estas vulnerabilidades de su audiencia, personajes como Fuentes logran empatizar usando frustraciones e inseguridades preexistentes, sembrando mecanismos de defensa reaccionarios que funcionan como una cámara de eco, algo muy parecido a una secta. Fuentes en sí no es interesante: no tiene una retórica brillante ni nada que lo haga descollar. Pero lo que representa sí es interesante: el paradigma del triunfo de la provocación, el culto a la atención y la justificación victimista del terror.

El filósofo Rod Dreher escribió en estos días sobre el tema, diciendo que entre el 30 y el 40% de los jóvenes que trabajan en oficinas republicanas en Washington son seguidores de Fuentes. La derecha estadounidense parece estar radicalizándose y fragmentándose. Los groypers son una parte importante de su electorado y, sobre todo, de su estructura partidaria, y están presionando por cooptar MAGA.

Supuestamente, el sexismo, el antisemitismo y el racismo fueron desterrados del universo de la derecha. Durante mucho tiempo, la izquierda instituyó esa imagen de la derecha, pero por fortuna y gracias al surgimiento de los líderes de las derechas emergentes, eso no funcionó. Decenas de millones de nuevos votantes en todo el mundo ignoraron dichas difamaciones y votaron por estos nuevos movimientos. Sería un gran logro para la izquierda que ahora la derecha convalide sus mentiras, y que gracias a los groypers del mundo, la caricatura vil se vuelva una triste realidad. Eso a la derecha woke no le importa; por el contrario, en su infinito resentimiento lo estimula. 

El fenómeno no ataca sólo a MAGA. Días antes de que el Gobierno de Milei ganara la elección de medio término, un grupo de influencers del conservadurismo integrista hispanoamericano comenzó a atacarlo coordinadamente. Las críticas eran del mismo tono de los groypers contra Kirk: que no estaba suficientemente radicalizado, que apoyaba a Israel, que no había atacado a los homosexuales, etc. Sus ataques en plena campaña buscaron quitarle el voto del conservadurismo que lo apoyó en la presidencial. Milei ha sido muy inteligente en estos dos años al neutralizar a estos grupos, incluso dentro de su misma Administración, demostrando que son tan perniciosos como marginales. Por ahora se ha sacado al parásito de encima.

Pero no hay que subestimar las tensiones que se presentan en todas las derechas emergentes porque se trata de un conflicto potente. Curiosamente, los argumentos de todos estos grupos coinciden con los de la izquierda woke: la preeminencia del identitarismo, la etnicidad o el sexo como factor determinante en la personalidad o en el desempeño de las personas; la reescritura de la historia para que encaje en sus falacias narrativas; Israel como el chivo expiatorio de todos los males; el capitalismo como el culpable de la falta de oportunidades; el integrismo, el adanismo o el ludismo. En definitiva, quieren lo mismo que sus primos de izquierda: parasitar estructuras para favorecer a su bando de víctimas y fanáticos.

El dilema de la derecha emergente

El pensamiento totalitario es perjudicial, independientemente de su base ideológica. Si bien la izquierda woke ha perdido fuerza, las condiciones que dieron origen al movimiento están ahí, buscando gente vulnerable al canto de sirena del pensamiento binario, simplista, maniqueo y colectivista. Esta es siempre la razón por la que la política identitaria es exitosa y así es como se propagan los movimientos totalitarios.

El wokismo nos reveló hasta qué punto la izquierda política estaba dispuesta a tragar cualquier locura con tal de no criticar a sus facciones radicalizadas, aun cuando la radicalización las hacía contradictorias y destructivas para sus propios seguidores. En un momento quedaron atrapados y ya nunca más lograron salir de la pinza. También ocurrió que muchos progresistas que no coincidían con la radicalización woke tenían miedo de hablar. La derecha no es inmune a esto. Es fácil denunciar las mentiras de nuestros adversarios, pero es mucho más difícil hacerlo con los propios.

Si la derecha emergente ha conseguido triunfos, es gracias a decir verdades y a sostener principios, no a pesar de ellos. Abandonar todo eso para proteger al parásito no parece una estrategia ganadora, pero este es el dilema que conmueve hoy al partido político que gobierna al país más importante del mundo. Así de poderoso es el parásito que ataca a la derecha.

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