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Los venezolanos no podíamos estar en mejores manos

"Si hubiera una sola persona de todo el mundo que pudieras elegir para que dirigiera este proceso; una sola persona en todo el mundo que quisieras que estuviera en la habitación tomando decisiones, ¿a quién elegirías? Pues yo elegiría a Marco Rubio".

Marco Rubio durante su audiencia en el Senado.

Marco Rubio durante su audiencia en el Senado.AFP

La audiencia de hoy del secretario de Estado, Marco Rubio, ante el Comité de Exteriores del Senado despejó muchas dudas y confirmó que los venezolanos no podíamos estar en mejores manos.

Rubio abordó con elegancia los intentos demócratas de acorralarlo o, en casos como el de Tim Kaine o Brian Schatz, entramparlo. Lo hizo de forma impecable y se explayó en torno a su plan para Venezuela. 

De los intercambios, saqué varias conclusiones sobre el plan:

1. Delcy Rodríguez no es permanente.

2. Cooperar no es una opción para el régimen, sino que de eso depende su supervivencia.

3. Nunca habíamos estado en una mejor posición que hoy para una Venezuela libre.

4. El régimen va a recibir fondos que serán controlados minuciosamente por Estados Unidos. Serán destinados a ayudar a los venezolanos.

5. Las empresas de Estados Unidos quieren invertir, pero necesitan confianza y seguridad.

6. El régimen interino sí está cooperando y, por ahora, eso les funciona a los Estados Unidos.

7. La liberación de presos políticos seguirá. El ritmo no es el que quisiera Rubio. Estados Unidos está muy pendiente de cómo el régimen trata a los presos y a los liberados.

8. Habló de plazos trimestrales: a 3, 6 y 9 meses. Para cada trimestre debe haber mejoras sustanciales.

9. La amenaza militar sigue sobre la mesa, aunque Estados Unidos espera que no sea necesario utilizarla.

10. El fin es una Venezuela libre, próspera, donde la oposición participe y tome el poder.

11. María Corina goza del respeto y el apoyo de Estados Unidos y, particularmente, el presidente Trump.

12. Estados Unidos trabajará hasta que todos los sectores de Venezuela se vean representados, hasta que la diáspora regrese si lo considera y hasta que haya una "reconciliación".

Es claro que Rubio no se inventó su plan de la noche a la mañana. Él, que gran parte de su carrera congresional ha sido en torno a combatir a los regímenes comunistas del continente, lleva años preparándose para este momento. Y asumir este desafío parece un logro de vida.

Recuerdo, justo después de la operación de captura de Maduro y cuando reinaba la incertidumbre sobre qué pasaría, que un amigo, en medio de dudas y frustración, me preguntó: "Si hubiera una sola persona de todo el mundo que pudieras elegir para que dirigiera este proceso; una sola persona en todo el mundo que quisieras que estuviera en la habitación tomando decisiones, ¿a quién elegirías? Pues yo elegiría a Marco Rubio. Si él, que es el hispano más poderoso del mundo, no logra aterrizar este avión es porque es imposible".

Tiene razón. No podríamos estar en mejores manos. Hoy, en la audiencia ante los senadores, quedó claro. Gracias a Dios, el hombre a cargo, bajo instrucción del presidente Trump, es el secretario de Estado, Marco Rubio. Si, como hoy lo asomó, logra aterrizar el avión en menos de un año —en un período de, aproximadamente, nueve meses—, sería un milagro rotundo. Y sería su milagro. El milagro Marco Rubio.

El reto es tremendo, como lo dijo el mismo Rubio. Nadie es ingenuo. ¿Quién mejor que él conoce quiénes son las personas que, tras la captura de Maduro, quedaron a cargo de Venezuela? Pero el aterrizaje, se espera, debe ser suave. Como por ahora Estados Unidos no pretende comprometer tropas, pero sí mantiene atenta la amenaza militar, aspira a trabajar con los actores en tierra —cuya supervivencia depende de cuánto cooperen. Y, según ha dicho Rubio, la respuesta ha sido alentadora.

De hecho, lo señaló la misma María Corina Machado tras salir de su encuentro con el secretario: 

"Estamos empezando a ver cómo el aparato represivo se está debilitando. ¿Es suficiente? No. Pero las señales son extraordinarias: dirigentes políticos que han salido a las calles, los padres que se manifiestan afuera de las cárceles, los valientes estudiantes que encaran al régimen". Nada de eso, hace menos de cuatro semanas, antes del 3 de enero, era siquiera concebible. Venezuela estaba sometida, con Maduro, a un régimen policial implacable que había sumido a toda la sociedad en el terror. Hoy ese terror se está disipando.

No hay duda: Venezuela cambió. La transición avanza. Y estamos, afortunadamente, en las mejores manos posibles. Vendrán grandes retos, no todo saldrá como se esperaba, pero hoy, al menos, podemos tener estas discusiones.

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