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La apuesta más difícil de Israel: la esperanza en medio del terror

En su reunión con Trump, Netanyahu abrazó el compromiso no como debilidad sino como la virtud de los fuertes.

Benjamin Netanyahu en una imagen de archivo

Benjamin Netanyahu en una imagen de archivoAFP / Mata Alleruzzo

Ahora es el momento de la esperanza. Con el apoyo estadounidense,Israel ha aceptado la apuesta más difícil: arriesgar su seguridad, su actual Gobierno e incluso su propia identidad como el imbatible Estado judío, para poner a prueba la posibilidad de poner fin a la guerra de Gaza después de casi dos años.

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, con un coraje extraordinario, se ha jugado su lugar en la historia. Al igual que sus soldados, a los que elogió por su heroísmo, ahora lucha en otro campo de batalla: uno de diplomacia, compromiso y peligro implacable.

La prueba es inmediata y severa. En un plazo de 72 horas, Hamas debe devolver a todos los rehenes, vivos y muertos. Sólo entonces quedará claro si el grupo terrorista acepta realmente el plan de 21 puntos del presidente estadounidense Donald Trump. Si Hamás lo traiciona, Netanyahu ha prometido acabar el trabajo y destruir su poder de una vez por todas.

El plan es tan ambicioso como peligroso: Israel ha acordado una retirada en tres fases, para entregar Gaza a una autoridad internacional mixta liderada por Estados Unidos pero con las naciones árabes en el centro-una vez desmantelado Hamás.

Exige a Hamás que entregue sus armas estratégicas, los misiles y explosivos con los que ha atormentado a Israel durante años. Y obliga a hacer concesiones dolorosas, incluida la liberación de prisioneros que han cometido crímenes horribles.

En particular, la palabra "anexión" ha desaparecido de la mesa. Israel la ha dejado de lado, al menos por ahora. El foco está en otra parte: en salvar vidas, en asegurar sus comunidades del sur, en garantizar que nunca más Hamás aterrorizará a las familias israelíes que viven cerca de la frontera de Gaza.

Trump, mientras tanto, ha presionado duramente tanto a Hamás como al mundo árabe, ofreciendo ampliar los Acuerdos de Abraham y planteando de nuevo la perspectiva de un Estado palestino. En ese punto, Netanyahu es firme: sólo después de un largo y serio proceso de desradicalización puede siquiera considerarse esa idea.

Para Israel, se trata de un salto hacia lo desconocido. El reto es inmenso: llegar a un acuerdo con quienes aún predican la ideología yihadista, sin rendirse ni retroceder, pero manteniendo abierto un camino hacia la paz.

Las palabras han llenado el aire durante años. Ahora, lo que importan son los hechos: la liberación de los rehenes, una retirada verificable que deje fuertes zonas de seguridad, que Hamás entregue sus armas y la postura de los estados árabes.

Netanyahu ha abrazado el compromiso no como debilidad sino como la virtud del fuerte. Si los rehenes vuelven a casa, abrirán el camino a la historia. Si Hamás cede de verdad, supondrá una victoria sin precedentes no sólo para Israel, sino para el mundo libre.

La fuerza conjunta de Israel y Estados Unidos puede -sólo puede- hacer posible lo imposible.

©️JNS

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